La carretera hacia Gondar es un buen ejemplo de que el camino es parte del viaje. Disfrutamos de todo lo que vemos en la carretera donde los niños corren a saludarnos a nuestro paso. Vemos gente circulando todo el tiempo, muchos de ellos descalzos con pobres ropas o con una manta como toda vestimenta y con un palo de madera que les acompaña y les sirve para ayudarse en el campo o defenderse de los animales.
Pasamos por campos inundados y viviendas de madera aisladas por el agua donde nos estremecemos al pensar en las condiciones de vida de estas personas. Y conocemos por primera vez el encanto de sus populares mercados donde todos nos miran y donde parece que somos los únicos blancos.
Llegamos a Gondar donde después de reponer fuerzas en un agradable restaurante vamos a conocer esta ciudad que fue muy importante en su época y que es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Castillos y señores coexistían; en este Camelot africano que inspiró al escritor Tolkien para inventar Gondor, “la ciudad de piedra” en idioma élfico, para su conocida saga de El Señor de los anillos, basándose en el nombre y características de la Gondar original.
Además visitamos la iglesia de Debre Birham Selassie,uno de los clásicos de la iconografía etíope donde de nuevo nos sentimos observados desde el techo. ésta vez por decenas de rostros de ángeles negros de ojos grandes





Las primeras imágenes y sensaciones cuando uno llega a un país nuevo no tienen precio. La llegada al aeropuerto, el trayecto desde allí a la ciudad y la ciudad en sí te dicen mucho de ese país. Nuestro paso por Addis Abeba al comienzo del viaje es de unas horas y apreciamos una ciudad que está a medio construir. Habíamos leído esta misma observación de un escritor muy conocido que estuvo en 2002 y que a su vez había leído de escritores también conocidos muy anteriores. Addis es destartalada, fea estéticamente, caótica para el tráfico y reveladora. La arquitectura de los edificios, la calidad de los materiales, las grandes zonas con chabolas o con casas muy humildes, el estado de las aceras, la ausencia de parques o espacios para el ocio, el tipo de tiendas..etc. nos indica que es la capital de un país del tercer mundo a la cola en cuanto a nivel de desarrollo.





Nuestra visita comienza con las Fuentes del Nilo Azul. Vamos desde Bahar Dar descubriendo un paisaje que vemos por primera vez, muy verde con pequeños minifundios y donde empezamos a descubrir el modo de vida de los etíopes. Vamos por carreteras de tierra embarradas por el la copiosa lluvia que cayó el día anterior y vemos imágenes que se repetirán a lo largo del viaje como la gente transitando a pié por la carretera, con pequeños burritos cargados, pequeñas aldeas donde los jóvenes juegan al futbolín, madres con bebes cargados a la espalda, grupos de gente esperando a algún autobús local sin horario establecido con la esperanza de poder acomodarse apretadamente en el próximo, gente trabajando en el campo o pastoreando al ganado, etc. Todos los niños nos saludan a nuestro paso y nos llaman "youypouyouyou" "farangis" o blanquitos y nos piden "many" (money) abandonando momentáneamente su juego.
El camino hacia las cataratas va por senderos hasta llegar a un punto donde las vistas son asombrosas. Las cataratas son copiosas y de agua marrón al mezclarse con la tierra arcillosa de la zona que arrastra a su paso. El paisaje es de un exuberante verde y todo el conjunto muy africano, virgen y salvaje.
Por la tarde atravesamos el lago Tana y visitamos sus encantadores monasterios, joyas arquitectónicas, a las que hay que llegar en barco.





Etiopía es un país que ofrece experiencias ricas y variadas tanto culturalmente con el mayor número de monumentos declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO como en su naturaleza salvaje donde podemos encontrar algunas de las tribus más intactas de la tierra y una gran variedad de flora, fauna y paisajes puramente africanos.

Visitamos Etiopía en la Agosto que es en época de lluvias y el verdor y frondosidad que encontramos en gran parte del país es muy diferente a la imagen que esperamos y que nos hemos formado a consecuencia de aquellas imágenes de hambruna y sequía de los 80. El sur es más seco y aún así recibe más lluvia que muchos países del sur de Europa aunque la ausencia de infraestructuras hacen muy difícil el día a día de los Etíopes que en gran parte ocupado en traer agua a su vivienda desde los ríos turbios por el barro, pozos improvisados en agujeros a través de la arena de cauces secos o para los más afortunados de pozos que se ayudan de bombas para la extracción del agua.

Ha sido un viaje intenso donde hemos aprovechado para visitar dos misiones y una ONGs (la Misión de Angel Olaran en Wukro, Omochild en Jinka, y Comunidad de San Pablo en Meki) de las cientos y cientos que hay en el país y que suponen una gota en el desierto lleno de necesidades donde la máxima preocupación es sobrevivir al día, sin vistas a un futuro esperanzador para la mayoría.

A nuestro paso por la carretera, único camino para todos, hemos conocido gente respetuosa y educada, niños alegres que ríen alternando trabajo y juego, mayores con semblante más triste bajo la lluvia intensa con una manta tapándose la cabeza como máxima protección, tribus que bebían directamente del agua terrosa de algunos ríos, y muchas caravanas de gente con los populares bidones amarillos andando kilómetros para hacer cola y volver a casa con agua. Hemos sido observadores desde la comodidad de nuestros hoteles y nuestro 4x4, nosotros pasamos y ellos se han quedado allí, en esa vida sin futuro para la mayoría en la que la dureza del día a día se repite una y otra vez para casi todos.

Volvemos contentos, la experiencia ha sido maravillosa, Etiopía es un país increíble que recomendamos visitar. Conocemos ahora de primera mano sus necesidades y vemos como a la vuelta podemos ayudar desde aquí a ese lento progreso en un país tan rico en recursos naturales y a la vez a la cola del listado de países según el índice de desarrollo marcado por la ONU.





La jornada de hoy es especial ya que tenemos la suerte de ¡ver el Monasterio de Rila nevando! Todo el camino resulta mágico; la carretera nos deja avanzar dejando vistas de lagos y arboles nevados, muchos de ellos floridos ya que este inesperado invierno ha llegado en plena primavera. Silencio, frío y nieve nos acompañan hasta llegar al Monasterio que resulta ser una preciosidad en un entorno ideal para su emplazamiento. Muchas de sus pinturas representan escenas bíblicas con alusiones al cielo y al infierno.

Más tarde visitamos unas curiosas pirámides de tierra, Bárdenas Reales en miniatura, curiosas e interesantes.





El Monasterio de Bachkovo y la Fortaleza Asenova se pueden visitar cómodamente en una escapada de mañana desde Plovdiv.

Están en un entorno natural privilegiado al que hoy en día se puede acceder cómodamente en coche. Nos preguntamos cómo llegaban en aquellos tiempos los monjes y viajeros que pasaba por allí, son lugares bastante alejados para ir a caballo y no digamos a pie. El Monasterio tiene un aire de seriedad, no parece que guste demasiado que los turistas interrumpamos la rutina de los monjes que habitan en el mismo. Visitamos un pequeño museo dentro del monasterio que tiene miniaturas de inspiración religiosa de gran valor artístico. Entre las pinturas del monasterio nos llaman la atención las escenas que advierten de castigos y de la necesidad de ir por el camino correcto en esta vida.

La visita a la Fortaleza es muy agradable, las vistas a montañas habitadas por árboles son visibles desde cualquier perspectiva.





Plovdiv es una de las ciudades más antiguas de Europa, su origen se remonta al siglo IV a.C. Se le llama también la ciudad de las siete colinas que recogen el testimonio de su historia por la que han dejado huella macedonios, tracios, persas, griegos, romanos, godos, bizantinos y otomanos que se sintieron atraídos por este entorno regado por el rio Maritsa.

Su patrimonio incluye uno de los anfiteatros romanos mejor conservados, las mejores vistas las ofrece un pequeño kiosko con terracita chill out. Este anfiteatro se encuentra en parte antigua de la ciudad que nos hace trasladarnos al pasado en un recorrido lleno de interés histórico y estético al atravesar sus calles adoquinadas donde podemos encontrar iglesias y casas delicadamente pintadas.

Plovdiv tiene una agradable parte moderna que se extiende hasta convertirla en la segunda ciudad más grande de Bulgaria, ciudad elegida como Capital Europea de la Cultura del año 2019.





Esta jornada transcurre en el corazón de Bulgaria donde podemos ver una valiosa representación de lo que se puede encontrar en este país. Así nos encontramos con tumbas y ruinas tracias, pasamos por el valle de las Rosas, visitamos una de las iglesias más bonitas y llamativas del país, la iglesia de Shipka, visitamos algunas de sus montañas en un día gélido y nevado en plena primavera y nos acercamos hasta lo que fue un edificio de encuentro de los comunistas tras la caída del régimen, tan secreto que no aparece en las guías convencionales aunque muchos ya sabemos de su existencia.





Nuestros próximos días tienen sabor a un mar muy especial, el Mar Negro búlgaro. Nos preguntamos que tendrá de especial este mar con ese mítico nombre cuando llegamos a Varna, nuestro primer destino. Varna es una ciudad muy agradable, con calles de bonitos edificios recién reformados en un entorno que se respira prospero. La ciudad tiene un gran parque y detrás numerosos locales de copas que dan al mar y que ahora en Semana Santa no tienen ambiente pero que nos pueden dar una idea de cómo deben llenarse de gente guapa durante la época estival. En estos días hay cierto movimiento, sobre todo en las calles peatonales más cercanas al centro de la ciudad donde restaurantes y bares se llenan de vida estos días de vacaciones. Aun nos espera una gran joya, uno de los mayores baños públicos de la época del Imperio Romano que nos sorprenden y que no podemos dejar de recomendar. Nuestro segundo destino en esta costa es Nassebar, con sus casas antiguas, iglesias y calles de gran belleza que nos parecen un poco preparadas para el turismo. Y finalmente Sozopol, que une encantadores rincones junto al mar con un bonito centro y algo más allá resorts con poca personalidad que atraen a ricos rusos y que crecen alargando la extensión de esta pequeña ciudad en el borde costero del Mar Negro.




Después de la visita del maravilloso Monasterio de la Transfiguración seguimos nuestra ruta de hoy que comienza con un día lluvioso. Nos dirigimos a la iglesia rupestre de Ivanovo, escavada en las rocas y con un acceso que ahora está preparado para el turismo pero nos preguntamos cómo accederían los feligreses en aquellos viejos tiempos; por lo que vemos el acceso no era apto para personas con vértigo. El caballero de Madara nos parece pequeñito, aun así el conjunto es magnífico y disfrutamos de la subida hasta lo más alto del cortado donde se encuentra una fortaleza. Hay cientos de escaleras, las vistas son muy bonitas y la soledad es total ya que nadie más se anima a hacer esta subida con paraguas. No es difícil, subimos por la roca con ayuda de unas escaleras pero indudablemente el tiempo no acompaña. Nos llenamos de energía según cuenta la leyenda del lugar. Más tarde y antes de nuestra llegada a Varna pasamos por el Bosque Petrificado que visitamos también en exclusiva y que produce inquietantes sensaciones. El lugar es asombroso, rocas erosionadas en caprichosas formas habitando este lugar desolado cuyo suelo está cubierto de arena. Extraño y enigmático lugar que recomendamos no perderse al igual que el resto de las visitas del día.

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