La aventura por el corazón del sur de Etiopía parece sacada del National Geographic o de aquellos documentales de La2 de RTVE de hace años. Quien iba a pensar que algún día visitaríamos la sabana y algunas de aquellas tribus africanas.

El paisaje es más seco y vemos a los etíopes ocupando las carreteras llevando a pie o en burritos los bidones amarillos para conseguir agua y llevarla a sus casas. Sentimos cierta inquietud ya que todo parece más hostil a nuestro alrededor y nos han dicho que algunas tribus, especialmente los Mursi, son agresivas. También que el sur se ha convertido en un parque temático para el turista. Tenemos que decir que a pesar de que hay pequeños poblados que reciben a los turistas a cambio de dinero, la manera en la que viven es auténtica. Les vemos a decenas de kilómetros de sus poblados con los mismos vestidos y haciendo las tareas que las que nos enseñan en los poblados. Su modo de vida no ha variado en siglos y sigue siendo muy primitivo. Nosotros recomendamos la visita a esas dos partes tan distinguidas en Etiopia, norte y sur.

Nuestra base es la ciudad de Jinka y nuestra primera visita al poblado Ari. Les vemos en sus ocupaciones tradicionales que son la cerámica, apicultura, herrería, haciendo la injera, ect., resulta una visita muy relajada y agradable.

A la mañana siguiente atravesamos el espectacular Valle de Mago y después de dos horas de caminos solo transitables en 4x4 donde solo vemos algunos mursi en medio de ningún sitio llegamos al poblado. Nuestro guía local mursi, obligatorio en la visita, los maneja y negocia con ellos. Tienen cara de pocos amigos, son muy altos y grandes, nos alegramos de ir con este guía. Alrededor de muchos kilómetros a la redonda solo estamos nuestro conductor Yusuf, nuestro guía local, los mursi y nosotros….




El bosque milenario de Arba Minch recuerda al Amazonas, con sus milenarios arboles tupidos, altos y esbeltos. Es un bosque oscuro que transmite una sensación extraña, demasiado silencioso. Seguro que hay muchos pares de ojos observando nuestros pasos. Después de la visita nos aguarda una de las vistas más impresionantes desde la terraza de nuestro hotel. Tomamos un gustoso y vitamínico zumo natural por unos pocos birrs mientras vemos el manto de bosque que deja difícilmente adivinar como es en su interior, y los dos lagos separados por el metafórica y acertadamente llamado Puente de Dios.

A la mañana siguiente paseamos por el mercado de la ciudad, somos los únicos blancos. Nuestro conductor nos vigila y nos pide que tengamos cuidado. La gente nos mira muchísimo, destacamos demasiado y aun así nos metemos por las callejuelas escondidas del mercado.

En Arba Minch también podemos visitar un par de iglesias de interés y en las montañas el poblado Dorze, con sus curiosas casas en forma de elefante. Las casas que visitamos son de una familia que parece bien posicionada económicamente. Tomamos unas bebidas con ellos, son muy simpáticos, algunos estudian en Addis pero lo que les gusta es la tranquilidad de su poblado perdido en las verdes montañas. Hay muchos vendedores que se disputan nuestras elecciones, algo compramos aunque no a todos, son muy insistentes. En el camino algunos chicos se colocan delante del coche peligrosamente haciendo acrobacias y esperando algún birr por ello. Uno de los niños baja cortando las curvas y nos aparece en varias ocasiones; no nos podemos resistir, este niño merece una pequeña recompensa




Dentro de la magia y diversidad de Etiopía encontramos grandes espacios naturales protegidos y escasamente visitados por aquellos que van a África en búsqueda de aventura de naturaleza y fauna. Nuestra intención no era esta y sin embargo nos encontramos con maravillosas zonas de naturaleza salvaje inexploradas, lagos, bosques milenarios que recuerdan al Amazonas, flora y fauna típicos africana con especial mención de los exóticos pájaros que se ven en todo el país; Etiopía es un paraíso para el bird watching o avistamiento de pájaros. Todo eso pasando de pies juntillas y sigilosamente por las orillas de aquello que se adentra en lo más salvaje y desconocido. Hay parques que a nosotros nos quedan lejos y fuera de nuestra ruta y que son muy poco visitados donde tienen su hábitat leones, jirafas, cebras, elefantes, hienas y demás fauna típica africana.

Nosotros pasamos por lagos maravillosos, con aguas prohibidas naturalmente para los occidentales ya que todos ellos a excepción del Langano tienen la bacteria bilarzia, que afecta a los occidentales. Vemos infinidad de aves, inmensos hipopótamos que parece piedras móviles y que se esconden de nosotros en la lejanía con este juego de confusión, cocodrilos, serpientes y otras grandes y microscópicas criaturas que parecen decirnos que este lugar es demasiado peligroso para nosotros y que nuestra estancia debe ser breve. También vemos gacelas, flamencos, avestruces muy poco acostumbradas a la presencia del hombre que se ven amenazadas ante nosotros, facóqueros, búhos, etc.

Es zona de malaria, afortunadamente vamos en época de lluvias con lo que el peligro es menor pero todo parece indicar que este continente no es el hábitat natural del blanco occidental.

Jugamos a disfrutar del África profunda y nos alojamos por sorpresa en grandes hoteles con vistas a los bosques y a los lagos, no lo esperábamos pero agradecemos estos paraísos a las puertas de lo más salvaje.





Lalibela es una pequeña ciudad situada en el corazón verde de las montañas de Etiopía, a 2600 metros de altura. La ciudad es otra más, fea, formada por humildes construcciones como las que hemos visto hasta ahora. Sin embargo sus iglesias rupestres excavadas en piedra son Patrimonio de la Humanidad de la Unesco y conocidas por los etíopes como la octava maravilla del mundo con mucho acierto. Arquitectónicamente son templos imponentes excavados de arriba abajo en la roca sin respuestas a las preguntas sobre su construcción. El ambiente es toda una experiencia: encontramos a cientos de fieles vestidos con los típicos mantos blancos de algodón formando lo que parece una escena bíblica. Debe impresionar aún más el día de la Epifanía en enero, cuando celebran el bautizo de Jesucristo y los miles de visitantes que vienen en peregrinación cantan, rezan y bailan.

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