INTRO



Essaouira es una deliciosa ciudad de la costa atlántica de Marruecos que nos invita a respirar la brisa del mar y el aire fresco a tan solo unas horas de Marrakech. Es un pueblo bonito, con un puerto encantador donde coincidimos con la venta directa del pescado de los pescadores en sus pequeños puestos. El paseo de la fortaleza nos lleva hasta la Medina que es interesante y arquitectónicamente atractiva, con un cierto aire decadente. La plaza de Moulay Hassan, arbolada y con cafeterías y teterías es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
A lo largo de toda la ciudad hay muchos restaurantes que preparan pescados a la brasa, muchos de ellos con la posibilidad de elegir el pescado que es fresquísimo, pesarlo y posteriormente prepararlo y ofrecerlo a los clientes en sus locales, muchos de ellos con opción a terraza. La temperatura es ideal y estamos a finales de diciembre. Después de comer nos perdemos en las calles comerciales, llenas de puestos de artesanos, con muchísimas opciones de piezas bonitas y de buena calidad a buen precio.
Es uno de los sitios de moda para iniciarse o practicar surf y al mismo tiempo uno de esos sitios que te llevan a otras épocas y en ciertos rincones a recuerdos de la niñez de esas ciudades portuarias visitadas entonces.


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La ciudad roja de Marruecos nos invita a visitar sus palacios, jardines, mezquitas y madrasas a las que llegamos a través de sus callejuelas medievales una vez atravesada la puerta de entrada a la Medina. Comenzando por la mezquita Koutoubia, adentrándonos en la Kasbah y siguiendo por la mezquita Moulay El Yazid llegamos a las impresionantes tumbas saadies. Seguimos hacia el Palacio Bahía y a la madrasa Ben Yousef y finalizamos en el palacio El Badi donde intentamos imaginar cómo fue en su época de mayor esplendor.
El Marruecos monumental y palaciego parecía haber estado esperándonos para sorprendernos en esta ciudad tan cercana en distancia y tan lejana en cultura.


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Nos perdemos deliciosamente en el exótico y laberíntico zoco de la Medina de Marrakech. Pasear por allí es un placer para los sentidos. Pasamos por las distintas zonas donde predomina un producto u oficio. Vemos a los herreros y sus tiendas, los vendedores de pieles, los artesanos de cuero, las especias, los tés, las plantas y remedios curativos, los plateros, los cacharreros, puestos de ropa, de telas, instrumentos musicales artesanía y muchos cachivaches.

Lo mejor es ir por la mañana y distanciarse un poco de la parte que se enseña a los turistas. KxK Wonderland es muy bueno con los mapas y se preparó un itinerario por callejuelas que pocos turistas visitan. Y también supimos llegar hasta la zona de los curtidores sin ayuda alguna de todos aquellos niños y mayores que se nos acercaron hasta aquella curtiduría que nadie sería capaz de encontrar. Una vez cerca de allí el olor comenzó a ser insoportable para MdM Wonderland que en esta ocasión decidió no entrar en esta mañana tan entretenida e interesante.

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