AsiaIndiaLadakh

El remoto Monasterio Phuktal

En nuestro anterior reportaje, presentamos la ruta hacia el remoto valle de Zanskar en la India. Si pensabais que no podríamos llegar a un lugar más alejado y apartado de la civilización, ahora os presentamos la ruta al Monasterio de Phuktal. Este monasterio está rodeado de montañas y está situado a más de 3.000 metros de altitud, es tan inaccesible que solo se puede llegar a pie y todos los suministros y materiales deben ser transportados con animales de carga, como caballos o mulas. Al igual que en otras zonas del Zanskar, en invierno cuando el río se congela, esta vía natural se utiliza para acceder al monasterio. Lo muros del monasterio estan hechos con barro y piedras de la zona.

Phuktal, monasterio en la cueva

Llegar hasta Phuktal es una tarea ardua, pero el recorrido ofrece un paisaje incomparable. Sin embargo, la mayor sorpresa nos espera al final: el Monasterio de Phuktal está construido alrededor de una cueva natural que se alza en lo alto de un desfiladero a orillas del río Lingti-Tsarap. El nombre «Phuktal» proviene de las palabras tibetanas «phug,» que significa cueva, y «tal,» que significa liberación. Durante más de 2.500 años, este lugar ha sido un refugio para sabios, estudiosos, traductores y monjes que buscaban paz y soledad para meditar.

El monasterio actual data del siglo XV y fue fundado por Jangsem Sherap Zangpo, un maestro espiritual budista tibetano y seguidor de la escuela Gelug, una de las cuatro principales corrientes del budismo tibetano. Aunque el Monasterio de Phuktal era poco conocido en el resto de la India, fue el explorador, teólogo y lingüista húngaro Sándor Kőrösi Csoma quien lo dio a conocer en Occidente en el siglo XIX. Mientras preparaba el primer diccionario inglés-tibetano, se quedó en Phuktal desde agosto de 1825 hasta noviembre de 1826. Hoy en día, se conserva una tablilla de piedra que conmemora su visita a Phuktal.

El monasterio alberga entre 80 y 90 monjes que llevan una vida dedicada a la meditación, el estudio y la oración. La atmósfera espiritual es palpable, con el sonido de los cantos y el aroma del incienso impregnando el aire. Sin embargo, esta serenidad se vio interrumpida durante nuestra visita por una ruidosa excursión de 70 estudiantes adolescentes poco respetuosos que habían venido desde Leh. En Phuktal, se puede encontrar un templo principal, varias salas de oración, una biblioteca que guarda textos sagrados raros e invaluables, una cocina, una clínica tradicional tibetana y las habitaciones de los monjes.

En 1993 se estableció una escuela monástica en el Monasterio de Phuktal con el propósito de ofrecer educación gratuita a los estudiantes de las aldeas locales. Además, el monasterio cubre los costos de estancia, manutención y materiales escolares de los alumnos. Los habitantes de esta remota zona del Zanskar son extremadamente pobres, y sin la intervención de los monjes de Phuktal, muchos niños nunca habrían tenido acceso a una educación adecuada. Los lamas ingresan al monasterio a una edad muy temprana, algunos con tan solo 5 años, y reciben formación en budismo y filosofía, junto con otras materias como matemáticas, ciencias, inglés e historia. Actualmente hay unos 45 estudiantes en Phuktal.

Trekking a Phuktal

Hasta el año 2020, la única forma de llegar a Phuktal desde Padum era a través de un trekking de tres días. Los montañeros más osados completaban un largo recorrido de diez días partiendo de Lamayuru, pasando por Wanla, Photoksar, Lingshed, Zangla y Karsha, hasta llegar a Padum, un trayecto que nosotros realizamos en 4×4. Sin embargo, la construcción de la nueva carretera Nimmu-Padum-Darcha ha facilitado enormemente la aproximación a Phuktal. Ahora es posible llegar fácilmente a Purne y desde allí realizar un trekking sencillo de menos de dos horas hasta el monasterio. Aunque se está construyendo una carretera que podría llegar casi hasta Phuktal, las obras con las excavadoras debido a la caída de rocas y arena, han bloqueado momentáneamente parte del sendero que se situa más abajo, al lado del rio.

Nosotros optamos por tomar una ruta más desafiante, comenzando el trekking después del pequeño pueblo de Chah. Este sendero es más expuesto, estrecho y con una gran caída hacia el río Tsarap, lo que requiere mucha concentración, ya que un paso en falso podría tener consecuencias graves. El descenso incluye un desnivel negativo de más de 300 metros hasta llegar al puente que cruza el río y une los senderos que vienen de Purne y Chah. Creemos que la carretera en construcción hará que llegar a Phuktal sea demasiado fácil, lo que podría llevar a una masificación de las visitas al monasterio en el futuro.

Datos ruta realizada:
Distancia: 10 km
Desnivel positivo: 300 metros
Altura máxima: 4.092 metros

Trazado en verde la ruta realizada y en azul la teórica desde Purne

Marcado en verde el trazado teorico, más sencillo y con poco desnivel. En azul la bajada desde Chah, más expuesta

En coche hacia Chah

Partimos en coche desde Padum en dirección a Purne por una carretera bien asfaltada, que forma parte de la ruta hacia Darcha, actualmente en proceso de completa reforma. A unos 12 kilómetros de haber salido de Padum, divisamos el monasterio de Bardan, situado en lo alto de una roca que se asoma hacia el río Tsarap. Este monasterio que data del siglo XVII, destaca por su arquitectura tradicional tibetana, con paredes de adobe y techos de madera que encajan a la perfección con el entorno privilegiado en el que se encuentra. Desde su fundación, Bardan ha sido un importante centro de aprendizaje budista en la región.

Hemos llegado antes de las 9 de la mañana, pero la puerta principal del monasterio está cerrada. A pesar de insistir, no logramos que nadie nos abra. Decidimos desistir por el momento y continuar con nuestra ruta. A la vuelta del trekking haremos otra parada en Bardan.

Vistas matutinas del monasterio.

A última hora de la tarde podemos visitar el monasterio de Bardan.

Continuamos la ruta por carretera, ascendiendo paralelos al río Tsarap, pero pronto nos encontramos con una pista de tierra y varias obras para reformar la carretera. Pasamos cerca de un par de pueblos situados en un entorno muy remoto, donde a pesar de la altura, vemos extensos terrenos cultivados. Gracias al acceso constante al agua del río Tsarap, es posible mantener estos campos irrigados lo que permite la agricultura en estas condiciones tan duras. Se parece a un oasis, un terreno tan verde en un entorno tan árido.

En nuestra ruta veremos algunos puentes antiguos que cruzan el río Tsarap, puentes para cruzar caminando con animales, no encontramos puentes para cruzar en coche,

El camino en coche por la pista de tierra es realmente complicado. El terreno es sinuoso, con numerosas curvas y desniveles que debemos atravesar con precaución. Además, la pista es muy estrecha, y a un lado se abre un precipicio que cae directamente hacia el río Tsarap, lo que añade un factor de tensión al recorrido. Conducir por aquí requiere atención constante y gran habilidad.

Como no es posible descender hacia el río y llegar a Purne en coche, los vehículos deben dejarse al borde de la pista. Es sorprendente cómo, a pesar de lo estrecha que es la carretera, todos lograron dar la vuelta sin mayores problemas. La maniobra, en un espacio tan limitado y con el precipicio tan cerca, parece casi imposible, pero lo consiguieron con gran destreza.

Caminando hacia el Monasterio de Phuktal

KxK llevaba mucho rato mirando el Maps.me, y algo no cuadraba. Estábamos muy lejos del supuesto comienzo en Purne y no sabíamos nada sobre los desprendimientos que bloqueaban el camino que íbamos a recorrer. Tras ser informados, comenzamos la ruta un tanto sorprendidos, ya que no teníamos idea de lo que nos íbamos a encontrar. Solo veíamos que estábamos muy por encima del río Tsarap y el terreno parecía mucho más expuesto de lo esperado.

No dejábamos de mirar hacia el río, observando la senda que debíamos tomar y la nueva pista que están construyendo, lo que ha provocado el derrumbe de tierra en varias partes del camino.

Seguimos caminando por la pista donde hemos aparcado los coches durante unos 10 minutos y seguimos mirando constantemente hacia abajo, por un lado disfrutando del paisaje y por otro preocupados por el camino dificultoso que nos espera.

La pista llega a su fin y nos encontramos ante un terraplén muy inclinado por el cual debemos descender, compuesto de tierra suelta, con un precipicio considerable a nuestra derecha. KxK lo tiene claro: «De aquí no pasamos.» MdM parece incapaz de enfrentarse a la bajada; el terreno es demasiado expuesto, y los temores del pasado invaden su mente. Si MdM se queda, eso significaría muchas horas de espera sola con los conductores, lo que también hace que KxK decida quedarse tambien.

Sin embargo, debemos agradecer a Iván por su insistencia y ayuda. Gracias a él, MdM logra superar este tramo tan tenso , KxK está sorprendido, no puede evitar preguntarse cómo Iván consiguió que MdM superara este obstáculo.

No hay imágenes de la bajada por este maldito terraplén, ya que no era el momento para fotografías. Además, el estilo de bajada fue tan poco ortodoxo que es mejor dejarlo en nuestra memoria. Después de recuperar el aliento y calmar las pulsaciones —lo cual no es fácil a 4.000 metros de altura— comenzamos a caminar por el sendero, aún expuesto pero mucho más manejable. Nos aseguran que este era el peor tramo y que el resto del camino es más sencillo. Aunque sigue siendo complicado, con cuidado y paciencia es transitable, salvo por otro paso difícil que mencionaremos al final del reportaje.

Después de los momentos de tensión, finalmente comenzamos a relajarnos y disfrutar del espectacular paisaje que nos rodea. Habíamos visto algunas fotos y videos de la ruta, y lo que más nos había llamado la atención era el brillante color azul del río Tsarap. Sin embargo, nos encontramos con el agua de un tono gris, algo decepcionante, ya que el azul intenso habría hecho que la vista fuera de cuento. pesar de eso no podemos quejarnos. Aunque el río no tiene ese color que esperábamos, lo que nos rodea sigue siendo impresionante, con vistas que nos dejan sin aliento.

Mientras avanzamos, no podemos evitar comparar el camino paralelo al río con el nuestro, que sigue descendiendo por la ladera. El sendero junto al río parece mucho más sencillo, menos expuesto, mientras que nuestra ruta desciende de manera más pronunciada y técnica, requiriendo mucha más atención.

Mdm avanza con cautela  por el estrecho sendero, concentrada en cada paso mientras el río Tsarap se hace cada vez más cercano. El paisaje se abre más, y aunque aún queda trecho por recorrer, la cercanía del río nos indica que estamos cada vez más cerca de terminar el descenso.

Echamos la vista atrás y observamos el estrecho sendero que acabamos de descender, mostrando lo desafiante que fue el trayecto con sus bordes peligrosamente cercanos al precipicio. 

Comenzamos a disfrutar realmente del paisaje tras los momentos de tensión, y todo gracias a Iván, quien ha estado apoyando a MdM durante toda la bajada. Ahora, con los nervios calmados, podemos apreciar la majestuosidad del entorno que nos rodea: las montañas imponentes, el río fluyendo más cerca, y el silencio roto solo por el viento. La sensación de alivio y gratitud nos permite conectar mejor con la belleza del lugar y la experiencia se vuelve mucho más placentera.

Observamos cómo una ilusión óptica parece unir nuestra ruta con la que originalmente deberíamos haber tomado.  Esto significa que estamos a punto de completar el tramo de bajada.

Por fin divisamos el puente que cruza el río Tsarap, el punto donde las dos rutas se conectan. Este es un claro indicio de que hemos alcanzado la parte más baja de nuestro recorrido.

Comparamos los dos puentes que permiten cruzar el río Tsarap. Hasta hace muy pocos años, la única forma de atravesarlo era utilizando el antiguo puente tibetano, hecho de madera y cuerda. Sin duda, cruzar por esa estructura hubiera sido una experiencia llena de adrenalina y emoción, muy distinta a la seguridad que ofrece el nuevo puente moderno que ahora facilita el paso

Ya solo nos queda emprender el camino de subida hacia el monasterio. Pensábamos que no supondría mucho esfuerzo, pero el desnivel es significativo y la altitud añade un desafío adicional. Para prepararnos, nos detenemos en el pequeño albergue a los pies de Phuktal, donde nos reagrupamos y disfrutamos de una reconfortante infusión de jengibre y limón mientras comemos algo para recuperar fuerzas. Este descanso nos revitaliza y nos prepara para acometer la parte final del recorrido hasta Phuktal con renovada energía.

Visita al Monasterio de Phuktal

A los pocos metros de comenzar el ascenso, ya podemos vislumbrar el monasterio de Phuktal. La visión es sobrecogedora, un espectáculo que nunca habíamos visto antes. La majestuosidad del monasterio colgado en la ladera, combinada con el esfuerzo que nos ha costado llegar hasta aquí, convierte este momento en algo verdaderamente mágico. La belleza del lugar y la satisfacción de haber superado el camino nos envuelven en una profunda admiración.

Nos detenemos y comenzamos a observar con más detenimiento lo que estamos viendo. Lo primero que sorprende es el entorno: el río Tsarap serpentea por el fondo del cañón, rodeado de vegetación y montañas rocosas. El monasterio está situado en un acantilado escarpado, casi colgando sobre el cañón. Las habitaciones, capillas y otros espacios se amontonan unos sobre otros, siguiendo las curvas naturales de la roca, creando una estructura que se asemeja a un panal de abejas.

Las estupas que tenemos en primer plano nos sumergen en el mundo del budismo tibetano, transmitiéndonos una profunda sensación de paz y serenidad. Si existiese un botón para teletransportarnos, Phuktal sería uno de esos destinos ideales para escapar del estrés diario y encontrar un lugar de completa desconexión.

Después de pasar momentos de tensión, los Wonderland se encuentran ahora completamente felices de vivir esta experiencia en un lugar tan mágico como Phuktal. La dificultad del camino ha hecho que este momento sea aún más especial,hace que cada esfuerzo valga la pena. Estamos inmersos en un lugar que parece sacado de un sueño y la magia del momento es palpable en cada rincón.

Nos quedamos asombrados al contemplar la arquitectura del monasterio, es difícil comprender cómo han podido construir estos edificios en un entorno tan escarpado. Las estructuras parecen aferrarse a la roca como si desafiaran las leyes de la gravedad. Ahora nos queda muy poco para alcanzar nuestro destino. Solo debemos cruzar por debajo de la estupa y finalmente llegaremos al corazón del monasterio.

Por fin hemos llegado a Phuktal. Pensábamos que íbamos a encontrar la paz y el silencio típicos de un monasterio aislado, pero nos sorprendió coincidir con una excursión de adolescentes de un colegio de Leh. Algunos de estos jóvenes eran monjes, y lo más curioso era cómo combinaban su vestimenta tradicional de color azafrán con ropa occidental moderna, creando una mezcla única y llamativa.

Una nueva curiosidad: al entrar al monasterio, vemos cómo cuatro niños monjes bajan las escaleras a una velocidad endiablada. El primero de ellos lleva un balón de fútbol desinflado. Más adelante, los veremos jugar con el balón. Al principio del reportaje ya hemos mostrado una fotografía de ese momento.

El monasterio de Phuktal está construido aprovechando el hueco natural de una cueva en una enorme pared rocosa que se alza imponente sobre el río Tsarap. Este asombroso emplazamiento, colgando sobre el cañón, parece desafiar las leyes de la gravedad, con sus edificaciones encajadas en la roca.

Las vistas desde la parte alta del monasterio hacia el río Tsarap son verdaderamente asombrosas.

Después de recorrer las diferentes salas y estancias del monasterio, nos dirigimos a la terraza para descansar un rato. Allí, disfrutamos de un té tibetano y aprovechamos la oportunidad para conversar con los monjes del monasterio. Desde la terraza, las vistas continuaban siendo espectaculares. Aprovechando que los excurisonistas se habian ido, llego el momento unico y pudimos distrutar del silencio y la calma que reinaban en el monasterio

Pudimos observar en varios monasterios que algunos de los monjes más ancianos mostraban síntomas de demencia senil. La vida apartada en lugares tan remotos, donde las interacciones sociales suelen ser reducidas, podría ser una de las causas que contribuyen a este deterioro cognitivo.

Regreso desde el monasterio de Phuktal

Estamos viviendo un día único, pero llega el momento de partir y dirigirnos de nuevo hacia el coche. Todavía nos espera una subida considerable por un terreno muy expuesto. Antes de continuar, volvemos a parar en el pequeño albergue donde repetimos la deliciosa infusión de jengibre y limón, además de aprovechar para terminar la comida que nos queda. Tras este descanso revitalizador, nos sentimos más descansados y con las energías repuestas para afrontar la última parte de la ruta.

La subida la estamos afrontando con mejores sensaciones que la bajada. Con pasos cortos pero firmes, vamos ascendiendo poco a poco, manteniendo la concentración en cada movimiento. Eso sí, no nos permitimos ningún despiste, ya que un mal paso en este terreno podría tener consecuencias graves.

Llegamos al punto más complicado de la subida, un tramo que habíamos olvidado. El camino es muy estrecho, lleno de piedras sueltas, y la caída es bastante pronunciada. MdM se bloquea completamente, ahora sin la ayuda de Iván. Con mucha paciencia KxK logra que avance poco a poco. Cuando queda apenas un metro para superar este tramo expuesto, el guía local baja corriendo y nos advierte que nos apartemos del camino, ya que se acercan unas mulas de carga que no pueden detenerse. La tensión aumenta rápidamente; no sabemos qué hacer en medio de la estrecha senda.

Sin muchas opciones, tomamos la decisión de terminar el tramo lo más rápido posible. Al ver que las mulas ya están cerca, trepamos ligeramente y nos refugiamos bajo una piedra que nos da algo de protección. Las mulas, también con dificultad, logran cruzar el paso. Después de un largo minuto lleno de tensión, todo vuelve a la normalidad. Respiramos aliviados y finalmente alcanzamos el final del sendero, donde nos esperan los coches.

¡Qué experiencia tan intensa, pero lo hemos logrado!

Video de la ruta al monasterio de Phuktal

Mostramos un pequeño video de nuestra ruta hasta el remoto monasterio de Phuktal.

Nuestra excursión a Phuktal ha sido una experiencia única e inolvidable, llena de desafíos y maravillas. Desde el complicado descenso por terrenos expuestos hasta la impresionante llegada al monasterio colgado en el acantilado, cada momento ha sido un testimonio de la belleza y la dificultad del trekking en esta remota región. A pesar de las tensiones y obstáculos, como la intensa bajada y el inesperado encuentro con las mulas, la recompensa ha sido excepcional.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *