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El Parque del Capricho,nuestro jardín preferido de Madrid

El Parque del Capricho es uno de los rincones más especiales de Madrid, un jardín histórico lleno de sorpresas donde conviven laberintos, palacetes, estanques y rincones cargados de historia. Es, sin duda, nuestro parque preferido cuando buscamos tranquilidad: un lugar al que siempre llevamos a quienes nos visitan y que nunca deja indiferente. Todos acaban sorprendidos por su belleza, incluso con amigos de Madrid solemos quedar aquí, porque es un parque que muchos aún no conocían y que siempre conquista a quien lo descubre.

Si tuviéramos que elegir un lugar en Madrid al que volver una y otra vez, sería el Parque del Capricho.

Echamos mucho de menos los conciertos y espectáculos de música y danza, organizados por el Ayuntamiento de Madrid hace varios años. Era algo realmente genial. Un placer asistir a estos eventos y sentarse en el césped, escuchando la musica y admirando el espectáculo, la experiencia vale mucho la pena. Estamos deseando que vuelvan ese tipo de iniciativas.

Historia del Parque del Capricho

El Parque de El Capricho tiene su origen a finales del siglo XVIII, cuando los duques de Osuna decidieron levantar una finca de recreo en las afueras de Madrid. Fue en 1787 cuando comenzó a tomar forma este ambicioso proyecto, impulsado especialmente por María Josefa de la Soledad Alonso Pimentel (condesa-duquesa de Benavente y duquesa de Osuna por matrimonio), una mujer influyente y gran amante del arte. Su carácter inquieto y su apoyo a artistas, intelectuales e incluso figuras del mundo taurino hicieron de este lugar un punto de encuentro cultural. No es casualidad que el entorno del parque acabara atrayendo a destacadas personalidades de la época, convirtiéndose en un espacio donde naturaleza y pensamiento iban de la mano.

El diseño de los jardines contó con la colaboración de artistas y paisajistas de prestigio, y su construcción se prolongó durante más de medio siglo, dando lugar a un conjunto único. Tras pasar a manos de los descendientes de la familia, el recinto fue perdiendo protagonismo hasta quedar prácticamente en el olvido. No sería hasta 1974 cuando el Ayuntamiento de Madrid adquirió la finca y emprendió su recuperación. Gracias a ese proceso de restauración, hoy El Capricho se presenta como una joya histórica y artística abierta al público.

Información útil sobre El Capricho

Antes de planificar tu visita, conviene tener en cuenta algunos aspectos prácticos —horarios, accesos o normas— que te ayudarán a disfrutar al máximo de este rincón único, alejado del ajetreo madrileño.

     P.º de la Alameda de Osuna, 25, Barajas, 28042 Madrid  

     www.madrid.es    

     915880114

     parqueshistoricos@madrid.es

     1 OCT – 31 MAR S-D-F 9:00 -18:30  1 ABR – 30 SEP S-D-F  9:00 -21:00

    GRATIS

Es importante tener en cuenta que el parque cuenta con un límite de capacidad de 1.000 personas, y si se alcanza este límite, es necesario esperar a que algunas personas salgan antes de poder entrar. Además, se prohíbe la entrada con comida o bebida, no se admiten animales, incluso si están atados, en el Jardín no se puede jugar a la pelota y el acceso con bicicletas y patines no está permitido.

Como llegar

El Parque de El Capricho se encuentra en una zona bien comunicada de Madrid, lo que facilita su acceso tanto en transporte público como en vehículo privado. Situado en la Alameda de Osuna, llegar hasta aquí es rápido y cómodo desde distintos puntos de la ciudad. Aquí tienes las principales alternativas para hacerlo.

  • Metro: Puedes tomar la Línea 5 en dirección a Alameda de Osuna y bajarte en la parada «El Capricho.
  • Autobús: Las líneas de autobús 101, 105 y 155 tienen paradas cerca del Parque de El Capricho. Ten en cuenta que estas líneas no parten del centro de Madrid, por lo que es posible que debas combinarlas con otras para llegar al parque.
  • Coche: Existe un pequeño aparcamiento cerca del parque, pero su capacidad es limitada. Otra opción es aparcar en el Parque de Juan Carlos I y luego dirigirte a pie hacia El Capricho. Incluso puedes planificar una visita a ambos parques en el mismo día.
Entrada al parque del Capricho

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Visitando el Parque de El Capricho

Este tranquilo lugar invita a dar paseos relajantes, a sentarse en el césped o en un banco para leer un libro, escuchar música o simplemente descansar. Además, alberga una joya histórica menos conocida: un bunker de la Guerra Civil que también se puede visitar, previa inscripción.

El Parque del Capricho es un jardín histórico-artístico de estilo romántico que se extiende a lo largo de 14 hectáreas. En este rincón, la diversidad de plantas y árboles cambia de tonalidad y aspecto con las estaciones del año, lo que hace que valga la pena visitarlo en cada época y apreciar su belleza en constante transformación. Además de su entorno natural, cuenta con diversos elementos como edificios, un pequeño lago habitado por cisnes negros, un laberinto y mucho más. Todos estos detalles sorprendentes hacen que la visita sea aún más interesante.

Como en cada visita que realizamos, seguimos el recorrido por el parque según el orden recomendado en la página web de Madrid. Sin embargo, en nuestro caso lo hacemos en sentido contrario a las agujas del reloj.

A continuación, mostramos el plano del parque junto con sus puntos más interesantes.

La casa de la Vieja

La Casa de la Vieja es uno de los rincones a los que más cariño tenemos dentro del parque. Se trata de una construcción que rompe con la imagen clásica del jardín aristocrático. A primera vista, parece una humilde vivienda rural, levantada con piedra, madera y elementos rústicos, como si hubiera sido trasladada directamente desde un entorno campesino. Sin embargo, nada aquí es casual. Esta pequeña casa forma parte del concepto de “capricho” que da nombre al parque: espacios creados no para ser habitados, sino para evocar, jugar y sorprender, una idea ya presente desde las primeras fases de creación del jardín a finales del siglo XVIII.

Este espacio responde a la moda de idealizar la vida campesina. En su interior no había una vivienda real, sino una escenografía cuidadosamente diseñada: una cocina con alimentos y utensilios simulados, y figuras a tamaño real —algunas incluso con movimiento— que representaban a una familia rural. La escena más característica era la de una anciana hilando, origen de su nombre. Todo el conjunto tiene un marcado aire de cuento.

Nos encanta especialmente su pequeña huerta, donde en cada época del año se cultivan hortalizas de temporada.

Casino de Baile

Caminando un poco más adelante llegamos a uno de los lugares más vistosos del parque durante gran parte del año: el jardín situado junto al Casino de Baile. Suele estar repleto de flores de vivos colores que invitan a pasear por sus inmediaciones y, casi sin darnos cuenta, a sacar la cámara y no dejar de fotografiar cada rincón.

El Casino de Baile, construido hacia 1815, es un pequeño pabellón de planta cuadrada que destaca por su elegancia neoclásica y su privilegiada ubicación sobre una ría artificial. En su interior, los duques de Osuna organizaban veladas íntimas y bailes de sociedad, rodeados de una cuidada decoración con relieves de las estaciones y un pavimento de mármol. Uno de sus aspectos más llamativos es su perfecta integración con el entorno, ya que el edificio parece flotar sobre el agua, custodiado por la escultura de un jabalí.

Actualmente, en abril de 2026, el edificio ha sido restaurado y es posible visitar su interior, lo que permite apreciar de cerca todos estos detalles históricos y arquitectónicos.

Casa de Cañas y el Embarcadero

El estanque es uno de los lugares más llamativos y sorprendentes del parque, y siempre impacta al visitante la primera vez que lo contempla.

En él destacan los elegantes cisnes negros, que se han convertido en uno de los símbolos más reconocibles del lugar. Al pasear por sus orillas también se pueden ver patos nadando con calma, peces bajo la superficie y una vegetación formada por sauces y plantas acuáticas que se reflejan en el agua, creando una imagen muy pintoresca.

En uno de los extremos del estanque se encuentra la Casa de Cañas, una pequeña y encantadora construcción situada junto a la orilla. Recibe este nombre porque su exterior está decorado imitando cañas de bambú, lo que le da un aspecto sencillo y natural. Sin embargo, en su origen era un espacio de cierto lujo donde los duques de Osuna descansaban y guardaban sus botes, ya que funcionaba como el embarcadero principal del parque.

El estanque y la ría que lo rodea servían para realizar paseos en barca. Los invitados embarcaban desde esta casa y navegaban tranquilamente por el jardín hasta otras zonas, como el Casino de Baile. Era un rincón pensado para el disfrute y la contemplación, diseñado para que la nobleza se sintiera inmersa en la naturaleza, lejos del bullicio de la ciudad, una especie de “refugio de ocio” del siglo XVIII.

Hoy en día no está permitido navegar en el estanque.

El Fortín

Caminamos paralelos a un canal que parte desde el embarcadero hasta llegar al Fortín, uno de los rincones más curiosos del parque, concebido como una pequeña fortificación militar en miniatura. Rodeado por un foso con agua y dotado de su propio puente levadizo, este pequeño castillo no tenía una función defensiva real, sino un carácter puramente lúdico. Era el escenario ideal para que los niños de la familia de los duques de Osuna jugaran a batallas y simulacros militares.

En 2026 el fortín ha sido objeto de trabajos de limpieza, saneamiento y refuerzo estructural, siempre con el objetivo de respetar su aspecto original. Entre las actuaciones más relevantes destaca la reconstrucción de la garita que había desaparecido, realizada a partir de planos antiguos y modelos históricos .

Abejero

Continuamos nuestra ruta hasta la siguiente parada: el Abejero. Cuando traemos a familiares y amigos al parque, siempre les hacemos la misma pregunta en este punto: “¿Qué crees que es esto?”. Curiosamente, nadie se acerca a su verdadera función.

El Abejero es una construcción tan curiosa como ingeniosa, que funcionaba como un auténtico “observatorio de abejas”. Fue diseñado a finales del siglo XVIII para permitir observar de cerca cómo estos insectos trabajan y producen miel, a través de cristales, sin ningún riesgo.

El edificio presenta un estilo elegante, con columnas y una pequeña cúpula, y está rodeado de flores seleccionadas para favorecer la actividad de las abejas

Templo de Baco

El Templo de Baco es nuestro rincón favorito del parque, y también uno de los más populares entre quienes lo visitan. No es raro tener que esperar para encontrar un buen hueco desde el que poder fotografiarlo con tranquilidad.

Este templete se sitúa en una zona elevada del jardín, por lo que resulta fácilmente visible desde distintos puntos. Está dedicado simbólicamente a Baco, la divinidad asociada al vino, la fiesta y el placer. Su arquitectura es especialmente llamativa: de planta ovalada, cuenta con doce columnas que sostienen una estructura abierta y un elegante suelo de mármol. En el centro, sobre un pedestal, se alza la estatua de Baco que le da nombre.

Originalmente, el templete contaba con una cúpula y albergaba una escultura de Venus. Sin embargo, con el paso del tiempo sufrió diversas modificaciones, entre ellas la sustitución de la figura original por la actual de Baco y la desaparición de la cúpula.

Palacio de los duques de Osuna

Llegamos a la parte baja del jardín, donde se encuentra el edificio principal del parque: el Palacio de los duques de Osuna.

Fue la residencia principal de la IX duquesa de Osuna y el auténtico centro desde el que se concibió y vivió todo el proyecto del jardín. Diseñado a finales del siglo XVIII, el palacio funcionaba como espacio de representación y también como lugar de vida cultural de la aristocracia ilustrada. En él se organizaban tertulias, reuniones y actividades relacionadas con el arte, la literatura y el pensamiento de la época.

En la actualidad, el edificio ha sido completamente rehabilitado y se encuentra en proceso de musealización. Su objetivo es convertirse en un espacio cultural abierto al público, dedicado a explicar la historia de la finca, sus promotores y el contexto del Madrid ilustrado. Se espera que el 2027 se abra al público.

Bunker

El bunker data de la Guerra Civil, y tiene un magnífico estado de conservación.  Fue construido en 1937. Era un lugar idóneo ya que estaba lo suficientemente alejado del frente, con, con buenas comunicaciones y que se podía camuflar fácilmente gracias al arbolado. Tiene una superficie de 2000 metros cuadrados, está situado a 15 metros de profundidad y es capaz de resistir bombas hasta de 100 kilos. Tiene siete dependencias, cuatro salidas al exterior y una galería de escape a la calle, a través del Palacio de los duques.

Dentro del Programa Pasea Madrid, se puede realizar tanto visitas guiadas al bunker como a todo el parque. Las visitas son gratuitas, aunque las entradas vuelan.

Laberinto

A mano izquierda del palacio se encuentra el laberinto, formado por cerca de 1.500 laureles. Fue diseñado a finales del siglo XVIII por deseo de la duquesa de Osuna como un espacio de recreo romántico. Más que un simple elemento decorativo, formaba parte de la experiencia del parque, donde la sorpresa y la diversión eran fundamentales. La aristocracia lo utilizaba como entretenimiento, recorriendo sus caminos en busca de la salida en un ambiente íntimo.

El trazado original desapareció en 1946 tras el aterrizaje forzoso de un avión, pero fue reconstruido fielmente en 1987 a partir de planos de 1870. Más recientemente, el paso de la borrasca Filomena causó importantes daños en el laberinto: el peso de la nieve deformó los setos e incluso rompió muchas de sus ramas, afectando seriamente a su diseño.

Hoy en día, aunque el laberinto ha ido recuperando poco a poco su aspecto, el acceso sigue estando restringido, ya que los setos aún no han alcanzado la consistencia necesaria.

Exedra y la Plaza de los Emperadores

Ya nos queda poco para terminar nuestro paseo por el parque del Capricho, caminando por la avenida principal llegamos a la Plaza de los Emperadores y Exedra —y tenemos que reconocer que nosotros también tuvimos que buscar qué significaba exactamente el término—. Se trata de una estructura, generalmente al aire libre y de forma semicircular, con bancos integrados, heredada de la arquitectura de la Antigua Grecia y Roma y pensada como espacio de reunión y conversación.

Rodeada de bustos clásicos, esta plaza es el gran homenaje a la fundadora de El Capricho. En su origen albergaba un pequeño templo con una fuente, pero entre 1837 y 1839 el nieto de la duquesa decidió transformarla por completo. El arquitecto Martín López Aguado incorporó las escaleras, las esfinges y las esculturas laterales, otorgándole el aspecto monumental y elegante que conserva en la actualidad.

El corazón de la plaza lo ocupa el busto de bronce de la duquesa, María Josefa Pimentel, que sustituyó a la antigua fuente. La escultura se alza sobre un pedestal de mármol rosa con una inscripción en latín que la define como una mujer de gran ingenio y bondad.

El Parque de El Capricho es un lugar para descubrir sin prisas, donde cada rincón guarda una sorpresa; si tienes la oportunidad, acércate y déjate llevar por uno de los jardines más especiales de Madrid.

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