AsiaCachemiraIndiaLadakh

Audiovisual Ladakh Cachemira: entre el Cielo y la Tierra

cartel del audiovisual

Como cada año, al llegar el mes de marzo estrenamos el audiovisual de nuestro viaje del año anterior. En esta ocasión viajamos a Ladakh y Cachemira, dos estados del norte de la India. El estreno tuvo lugar el 14 de marzo a las 19:00 horas en el cine Latxartegi Aretoa de Legazpi. La charla se dividió en dos partes,  en la primera profundizamos en los aspectos que descubrimos durante el viaje, y posteriormente proyectamos el audiovisual titulado Ladakh-Cachemira: entre el Cielo y la Tierra.

Conozcamos el norte de India

Para conocer el norte de India, al inicio de la charla se profundiza diferentes temas variados.

Localización e historia de Ladakh y Cachemira

En Legazpi, cuando se aproxima el verano la gente nos pregunta: «¿A dónde viajáis este año?» respondíamos «A Ladakh». Entonces casi siempre surgía otra pregunta: «¿Dónde está eso?» Explicábamos que se encuentra en el norte de la India, en pleno Himalaya, y que también se la conoce como el Pequeño Tíbet. Algunos asentían con curiosidad. «¿Has visto la película Valle de Sombras?» Y lo conocían algo más.

También mencionábamos que iríamos a Cachemira. A la mayoría les sonaba el nombre pero más allá de los famosos pañuelos de cachemira, poco sabían sobre esta región.

Primero en nuestra exposión ubicaremos Ladakh y Cachemira en el mapa y más adelante, contaremos una breve historia de ambos estados.

Ladakh

Ladakh se encuentra en pleno Himalaya a gran altitud, siempre por encima de los 3.300 metros. Está rodeado de montañas de tonos ocres, rojizos y dorados que cambian de color con la luz del día. Sus picos nevados superan los 7.000 metros. Debido a la altitud la mayor parte del terreno es árido, con un paisaje de apariencia casi lunar.

Para conectar los distintos valles es necesario atravesar innumerables puertos de montaña, algunos por encima de los 5.000 metros. En invierno muchas zonas quedan aisladas por la acumulación de nieve.

Durante siglos, Ladakh fue un punto clave en la Ruta de la Seda. Caravanas tibetanas transportaban lana y sal a cambio de especias y otros productos de la India.

Ladakh y el Tíbet han estado estrechamente vinculados a lo largo de la historia, compartiendo raíces culturales, religiosas y comerciales. Desde la antigüedad, Ladakh ha sido una extensión natural del mundo tibetano, influenciado por su idioma, su arte, su arquitectura y el budismo vajrayana.

Tras la independencia de la India en 1947, Ladakh quedó integrado en el estado de Jammu y Cachemira. Sin embargo su ubicación estratégica, en la frontera con China y Pakistán, lo convirtió en un punto de tensión geopolítica.

Desde la anexión del Tíbet por China en 1950, muchos refugiados tibetanos se establecieron en Ladakh, reforzando aún más su identidad tibetana. Mientras que en el Tíbet el control chino ha impuesto restricciones culturales y religiosas —vigilando monasterios y limitando la práctica del budismo—, en comunidades en el exilio como Ladakh y Dharamsala (sede del Gobierno tibetano en el exilio), las tradiciones han podido mantenerse con mayor libertad. Paradójicamente, la cultura tibetana se ha preservado de manera más auténtica fuera del Tíbet que dentro de él.

Durante la guerra entre India y China en 1962, China ocupó la región de Aksai Chin, al este de Ladakh, una zona aún en disputa. Hoy en día, las fronteras entre Ladakh y el Tíbet permanecen cerradas.

Cachemira

Cachemira es una región de extraordinaria belleza natural. Sus paisajes están cubiertos de prados verdes salpicados de flores y densos bosques de cedros y abetos que se extienden por las colinas. En el lago Dal, las shikaras se deslizan suavemente sobre aguas tranquilas, reflejando la silueta de las montañas y la arquitectura mogol de sus jardines flotantes.

Sin embargo, es también un territorio marcado por la tensión geopolítica. Desde la partición de la India en 1947, ha sido objeto de disputa entre India y Pakistán, mientras que China controla una parte del territorio. Esta división ha provocado numerosos conflictos y una fuerte presencia militar en la zona. La vigilancia no solo se centra en las fronteras con Pakistán, sino también en la población cachemir, cuyos deseos de independencia han llevado a un control constante. La cantidad de militares en las carreteras, especialmente en Srinagar, es tan abrumadora que resulta difícil de imaginar.

El paso de alta montaña de Zoji la separa estos dos mundos. Por un lado, la Cachemira fértil y por otro el desierto de altura de Ladakh. Cruzarlo fue todo un reto. Un gigantesco convoy militar bloqueó el camino en Zoji La y nos obligó a improvisar sobre la marcha… ¡Menudo plan Z tuvimos que hacer para atravesarlo!

Contrastes

Durante nuestro viaje a la India, nos encontraremos con una asombrosa diversidad de paisajes, culturas y tradiciones. Sin duda, uno de los contrastes más fascinantes será el que marcan las distintas religiones que conviven en el país: islam, hinduismo, sijismo, budismo y jainismo. Cada una de ellas se manifiesta en la vida diaria, en los templos, mezquitas y santuarios que visitaremos, donde lo espiritual y lo cotidiano van siempre de la mano.

A lo largo del recorrido escucharemos el canto del muecín llamando a la oración en las mezquitas, veremos templos hindúes llenos de incienso y peregrinos, sentiremos la paz de los monasterios budistas y descubriremos la increíble hospitalidad en los gurdwaras sij. Cada religión tiene su propia identidad, reflejada también en la vestimenta y las costumbres de sus comunidades.

La comunidad sij se distingue por sus turbantes y el espíritu de acogida en sus templos gurdwaras. En contraste, en zonas de mayoría musulmana como Cachemira es común ver mujeres con hijabs o burkas y mezquitas llenas de actividad. En los estados hindúes, la vestimenta tradicional como los saris y los salwar kameez, junto con los rituales en templos, marcan la diferencia cultural. Por otro lado, en las regiones budistas del Himalaya como Ladakh, la imagen de los monjes con sus túnicas color azafrán o granate evoca una vida de meditación y estudio.

En este viaje recorrimos muchos kilómetros por carretera y vimos paisajes muy distintos. La altitud y la forma del terreno cambiaban mucho de una región a otra, haciendo que cada lugar tuviera su propia belleza. Desde las colinas verdes con campos de té en Himachal Pradesh hasta las montañas áridas de Ladakh, el contraste era impresionante.

A lo largo del camino pasamos por planicies casi sin vegetación donde los nómadas cuidaban su ganado, subimos por carreteras que serpenteaban entre altas montañas y vimos enormes glaciares como el Drang-drung. También cruzamos la fértil Cachemira, con sus campos verdes, y llegamos a lagos rodeados de montañas que reflejaban el paisaje a su alrededor. Fue un viaje lleno de cambios y escenarios únicos.

Otro paisaje que nos sorprendió fue el de la zona de Manali. En un valle de unos 20 km de largo, nos descorcertó la vegetación que crecía en cada esquina. Como aquí nos salen ortigas, zarzas, malas hierbas y arbustos silvestres, allí crecían plantas de marihuana. Las encontrábamos en cada rincón, sorprendente. ¡Hasta las vacas se las comían! «Qué buenas estarán estas chuletas… ah no que son sagradas para los hindúes».

Gurdwaras Sijs

Aunque nuestro viaje estaba centrado en Ladakh y Cachemira, recorriendo comunidades budistas y musulmanas, en el camino visitamos el Templo Dorado de los sijes en Amritsar, una experiencia que nos marcó profundamente.

Los sijes se reúnen en las gurdwaras para llevar a cabo ceremonias religiosas, oraciones multitudinarias y difundir su fe. Una de sus tradiciones más emblemáticas es ofrecer comida gratuita a todo visitante, sin importar su origen, religión o condición social. El menú siempre vegano, incluye lentejas, garbanzos, arroz, verduras y pan chapati, que se come sentado en el suelo.

En Amritsar, donde se encuentra el Templo Dorado —epicentro espiritual del sijismo y destino de peregrinación imprescindible, al igual que La Meca para los musulmanes—, se sirven entre 50.000 y 100.000 comidas gratuitas al día. Miles de voluntarios tanto locales como peregrinos, participan en la preparación de los alimentos. Nosotros tuvimos la oportunidad de disfrutar de esta hospitalidad en la gurdwara de Nueva Delhi, mucho más tranquila, donde «solo» se sirven unas 10.000 comidas diarias. ¡Jajaja!

El Templo Dorado de Amritsar es una joya, la meca de los sijes, construido en mármol y decorado con casi una tonelada de oro. El templo está situado en la mitad de una gigantesca piscina, Amritsar significa «piscina de néctar». La gente se baña en las aguas sagradas de la piscina.

El templo acoge una copia del Adi Granth, el libro sagrado de los sijes. Los sijes no veneran a ningún dios ni deidad de forma física, siendo el libro sagrado su mayor icono. Cada día el libro es transportado y recogido desde un lugar santo, y se lee en las gurdwaras constantemente durante las visitas. En Amritsar, la cola para visitarlo era inmensa, varias horas de espera. Nosotros al final, conseguimos entrar tras mucho mucho insistir, justo después de «acostar» el libro.

Comunidad budista

Decir Ladakh es hablar de budismo en cada rincón. A lo largo del viaje, visitamos numerosos templos y monasterios, la mayoría escondidos en lugares remotos, encaramados en colinas o excavados en el corazón de las montañas. En cada uno de ellos fuimos recibidos con una hospitalidad, ofreciéndonos té de mantequilla y dulces locales.

En los monasterios conviven monjes de todas las edades: desde niños de apenas cinco años que correteaban con sus túnicas color granate, adultos dedicados al estudio y ancianos  que pasan allí sus últimos años. Nos sorprendió ver a los más jóvenes fuera del entorno monástico, vestidos con ropa moderna, jugando con teléfonos móviles o incluso luciendo gafas de sol y zapatillas deportivas, un contraste llamativo con la imagen  que proyectaban dentro de los templos. También nos llamó la atención la gran presencia de ancianos con signos de demencia senil en estos centros religiosos.

En cada paso de montaña, las coloridas banderas de oración budistas ondeaban al viento, esparciendo sus bendiciones de paz y compasión. Colocadas estratégicamente en las alturas, estas banderas llamadas lungta llevan inscritas oraciones y mantras que según la tradición, son transportados por el viento y repartidos por el mundo entero. Al verlas flamear bajo el cielo azul intenso de Ladakh, sentimos que formaban un puente invisible entre la tierra y el cielo, entre el presente y la eternidad. El murmullo del viento entre las montañas, el repiqueteo de los molinillos de oración girando incesantes y el lejano eco de los cánticos monásticos componían una sinfonía única, un recordatorio de la profunda conexión entre el paisaje y la espiritualidad que impregna cada rincón de este territorio.

Carreteras

Las carreteras de Ladakh son sorprendentes, conectando distintos valles a través de montañas aisladas y elevadas. A lo largo del recorrido cruzamos más de una docena de puertos a más de 4.000 metros de altitud, siendo el más alto de nuestro trayecto el Lachulung La, con 5.070 metros.

Todas las carreteras y pasos de montaña están en constante reparación y mejora. Para India, es vital mantener estas rutas en buen estado y construir nuevos túneles que faciliten la conexión entre los valles y las principales ciudades del norte. Este esfuerzo tiene un trasfondo político, ya que al otro lado de la frontera, China está reorganizando sus infraestructuras con carreteras estratégicas que permiten un acceso rápido.

Nos sobrecoge ver a miles de trabajadores en lugares extremadamente remotos, arreglando las carreteras y viviendo en campamentos improvisados. Muchas de estas personas son familias enteras, incluidas mujeres y niños, pertenecientes a castas bajas provenientes de las comunidades más desfavorecidas del sur de India.

Resulta impactante ver camiones atravesando puertos de más de 5.000 metros por carreteras sin asfaltar, pero esto es India. Nuestro primer gran paso de montaña fue el mítico Rohtang La, la puerta de entrada al Himalaya. Hoy en día se puede evitar gracias a un túnel de 9 kilómetros de reciente construcción, que permite cruzarlo en menos de 10 minutos. Sin embargo, nosotros optamos por ascender el puerto para vivir la experiencia en primera persona.

Lo que encontramos fue una auténtica aventura ya que tardamos más de cinco horas y media en cruzarlo debido al estado de la carretera llena de barro, derrumbes y constantes reparaciones. En dos ocasiones quedamos atrapados en el lodo, y por momentos llegamos a pensar que no lograríamos pasar. Además, avanzábamos al ritmo de cinco camiones cisterna con gasolina que seguían nuestra misma ruta, probablemente porque al transportar material inflamable no tenían permitido atravesar el túnel.

Seguros IATI

No dejes que un imprevisto arruine tu aventura – Viaja con la tranquilidad de un seguro IATI y consigue un 5% de descuento clicando en el banner

Rio Zanskar

Allá por 2006, un tal Calleja –con menos cuento que hoy en día en– realizó una travesía por un río helado. Aquel programa me impactó y a Calleja también, tanto que su productora acabó llamándose Zanskar.

En una de las regiones más remotas de la India, la única forma de salir en invierno era caminar sobre el río Zanskar cuando se congelaba, una travesía peligrosa en la que el hielo no siempre era firme. Hasta el mismísimo Calleja tuvo que desistir en su intento. En la película Valle de Sombras, el protagonista abandona el monasterio y viaja hasta Leh acompañado de niños monjes, siguiendo este mismo camino sobre el río helado.

Zanskar ha sido un destino que ha fascinado a montañeros y viajeros intrépidos. En verano, muchos recorrían la zona en largas travesías de una semana o diez días para alcanzar Padum, la capital de la región. Para ello, debían superar numerosos collados y montañas en un desafío físico.

Sin embargo, desde 2022, se ha iniciado la construcción de una carretera para conectar Darcha –en el otro lado del paso de Rohtang– con Leh, pasando por Padum. Para ello se está excavando una vía a lo largo del desfiladero del río Zanskar. Es un paso tan estrecho que solo cabe un vehículo y poco a poco se va ampliando a golpe de dinamita. Esta carretera recuerda a la Ruta del Cares, pero aquí pueden circular coches.

Aún falta mucho para que la carretera llegue hasta la confluencia del río Zanskar con el Indo, donde se encuentra la vía principal. Actualmente en verano (en invierno todo está bloqueado por la nieve), para alcanzar esa zona es necesario cruzar cuatro pasos de montaña colosales, con interminables subidas, bajadas, curvas y contracurvas, casi siempre en carreteras sin asfaltar.

Un viaje en coche por aquí es en sí mismo, toda una aventura.

Trek al Monasterio Phuktal

Aguas arriba del Zanskar, en un territorio aún más remoto, se encuentra el monasterio de Phuktal, incrustado en la pared de un acantilado que cuelga sobre un río. Un paraje sin igual.

Teníamos la intención de hacer un trekking para alcanzar el monasterio aunque nos inquietaba la ruta en un lugar tan aislado. Poco antes de llegar al punto de inicio los chóferes detuvieron los vehículos. Tras diez minutos de deliberaciones, dieron marcha atrás y cambiaron completamente de dirección. Finalmente, llegamos a una pista que se cortaba abruptamente. El camino era extremadamente estrecho, apenas un poco más ancho que un coche y medio. Nos preguntábamos ¿cómo daremos la vuelta aquí? Resultó que debíamos comenzar a caminar desde ese punto. Al regresar, los coches ya estaban orientados en sentido contrario. Nadie supo explicarnos cómo lograron maniobrar en un espacio tan reducido.

Sin saber exactamente por dónde debíamos continuar, nos señalaron un sendero que según nos dijeron, conducía a Phuktal. El primer obstáculo fue un largo terraplén de tierra y piedras sueltas que debíamos descender. Mar dudó mucho y decidió no hacer el trekking. Aitor se quedó con ella y los chóferes, pero tras la insistencia del guía y su inestimable ayuda, logró superar el terraplén. Una vez abajo, pudimos intuir por dónde discurriría la ruta.

El sendero era extremadamente estrecho y descendía vertiginosamnete hacia el río, con piedras sueltas y arena resbaladiza. Cada paso debía darse con máxima precaución, ya que un simple traspié podía ser fatal y recordemos que la altura era de más de 4000 m. Enseguida distinguimos nuestro Plan A, un camino más abajo, casi a la altura del agua del río Tsarap e infinitamente más sencillo. Al observarlo mejor, entendimos lo que había ocurrido. Una excavadora que trabajaba en la construcción de una nueva pista, había provocado un derrumbe que bloqueaba el paso.

Están construyendo una nueva carretera al estilo Zanskar para acercar el monasterio de Phuktal a los visitantes. En pocos años este lugar, que hasta hace poco era casi inalcanzable, se llenará de turistas.

Casas flotantes del lago Dal

Para terminar un viaje tan intenso, ¿qué mejor que tres días de tranquilidad en el lago Dal, en Cachemira. También conocido como la joya de la corona de Cachemira o el lago de las flores, este enclave rodeado de montañas ofrece un paisaje único y sereno.

En el lago nos desplazamos en shikaras, las tradicionales embarcaciones de madera que solo se encuentran aquí. Con su elegante silueta similar a una góndola, son uno de los grandes símbolos de Cachemira.

Pero lo que realmente nos llamó la atención fueron las casas flotantes. Estas singulares viviendas surgieron en el siglo XIX, cuando los británicos que gobernaban la India buscaban refugio en Cachemira durante los meses de verano para escapar del calor y el polvo de las llanuras. Fascinados por la belleza del valle, intentaron comprar tierras para construir sus residencias, pero el maharajá hindú local a quien los británicos habían cedido el control de Cachemira tras las guerras con los sijs, les negó el permiso para edificar.

Como dice el refrán, hecha la ley, hecha la trampa. Los británicos amarraron barcazas a las orillas del lago Dal y las convirtieron en sus hogares. Tras la independencia de la India, abandonaron estas embarcaciones, los habitantes locales las recuperaron, reformaron y transformaron en lujosos hoteles flotantes.

Construidas generalmente con madera de cedro, estas casas flotantes suelen medir unos 35 metros de largo por 6 de ancho. Aunque permanecen ancladas en el lago, su interior ofrece todas las comodidades. Tienen varias habitaciones, una sala de estar y un comedor decorado al más puro estilo colonial. Además, cuentan con cocina propia y un mayordomo-cocinero que atiende con gran esmero a los viajeros. Normalmente, el alojamiento incluye media pensión, y debemos decir que disfrutamos de desayunos y cenas increíblemente ricos y abundantes.

Ruta

Antes de dar paso al audiovisual mostraremos la ruta realizada.

Llegamos en avión a Nueva Delhi y, al día siguiente, tomamos un tren rumbo a Amritsar. Desde allí, iniciamos nuestro recorrido en coches de tracción delantera.

Cruzaremos el estado de Himachal Pradesh, visitando Dharamsala, el lugar donde el Dalái Lama se refugió tras la ocupación china del Tíbet. Continuamos hasta Manali, donde nos internamos en el Himalaya para entrar en Ladakh. Primero exploramos la zona de los lagos y luego nos dirigimos a Leh, la capital, para visitar sus templos.

Más tarde, nos adentramos en el remoto valle de Zanskar hasta llegar a Padum, antes de emprender el regreso a Kargil. Desde allí, cruzamos a Cachemira, donde en Srinagar descansamos antes de regresar a casa.

Audiovisual: Ladakh-Cachemira: Entre el Cielo y la Tierra

En la segunda parte de la charla proyectaremos el audiovisual Ladakh-Cachemira: Entre el Cielo y la Tierra, basado en una infinidad de fotografías y en esta ocasión, enriquecido con numerosas escenas de video. Todo ello acompañado de una cuidada selección musical que representa a cada región, con canciones interpretadas en diferentes idiomas locales. La duración total es de 51 minutos.

El audiovisual está dividido en cinco partes, cada una dedicada a una de las regiones que visitamos en este viaje: Nueva Delhi, Punjab (Amritsar), Himachal Pradesh, Ladakh y Cachemira.

Este audiovisual es más extenso que los que solemos realizar en otras ocasiones, pero creemos que su riqueza visual lo hace especialmente cautivador. La gran variedad de paisajes y ambientes, desde las bulliciosas calles de Nueva Delhi hasta la serenidad de los monasterios de Ladakh,  o los valles verdes de Cachemira, se complementa con una cuidada selección de imágenes en video que aportan dinamismo y profundidad al relato. A todo esto le añadimos las imagenes desde el coche donde se muestran las vertiginosas y desafiantes carreteras. Estamos convencidos de que esta combinación atrapará a la audiencia desde el primer minuto.

A continuación mostramos el video promocional sobre de este trabajo audiovisual Ladakh-Cachemira: entre el Cielo y la Tierra

Estreno en Legazpi

Como anticipábamos en nuestro anterior reportaje, el estreno del audiovisual tuvo lugar el 14 de marzo en Legazpi. Fue un éxito rotundo, tanto en afluencia como en críticas. En los últimos años, el aula de la Kultur Etxea de Legazpi (con un aforo de 95 personas) se quedaba pequeña; de hecho, en el 2024 diez minutos antes del inicio ya no quedaban plazas y tuvimos que repetir función y esto ya pasó otras veces. Este año, en el cine Latxartegi y con el triple de aforo, no hubo problemas de acceso, y la sala se llenó en dos de sus terceras partes. Saludamos con un Namasté, juntando las manos a la altura del pecho, cerramos los ojos e inclinamos la cabeza. Así dimos comienzo a la charla.

Decoracion del minitemplo en el escenario – Entrada d KxK – Maribel gandora del Kahoot @agustintxo

La entrada estaba decorada con banderas de oración tibetanas e inciensos distribuidos en distintos puntos de la sala. En el centro del escenario, en las escaleras de acceso, creamos una ambientación inspirada en un altar, con una fusión de elementos hindúes y budistas: un Happy Buda y una figura de Ganesha, cuencos tibetanos, una rueda de oración, flores, más incienso y pequeñas banderas de oración.

Minutos antes de comenzar la función, KxK hizo su entrada por el pasillo central, ataviado con un gorro ladakhí y una khata tibetana al cuello. Caminando despacio y haciendo sonar un cuenco tibetano, logró silenciar al público, que lo observaba con asombro. Ya a pie de escenario, y aún con el cuenco en la mano, comenzó a cantar el mantra Om Mani Padme Hum, que sonaba de fondo en la sala.

MdM apareció entonces en el escenario, y KxK la recibió colocándole otra khata al cuello. Saludamos con un Namasté, juntando las manos a la altura del pecho, cerramos los ojos e inclinamos la cabeza. Así dimos comienzo a la charla.

Para cerrar la sesión, realizamos un juego interactivo en Kahoot. Aunque la cobertura era deficiente, 18 personas lograron participar. La más rápida y acertada fue Maribel, quien se llevó un bonito regalo exclusivo de Wonderland.

Dos momentos de la presentación @agustintxo

El estreno en prensa

Varios medios de comuicacion como Goierriko Hitza y Diario Vasco hicieron mencion al autiovisual. En la sección de hemeroteca de blog podreis encontrar diferentes apariciones en prensa escrita y radio

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *