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Qué ver en Dakar: lugares imprescindibles y nuestra experiencia

 La capital senegalesa es una ciudad de contrastes, donde el Atlántico se mezcla con mercados llenos de vida, mezquitas, monumentos, barrios históricos y una intensa actividad cotidiana. Sin embargo, conviene llegar con las expectativas adecuadas: desde que empezamos a preparar nuestro viaje a Senegal, nos habían advertido de que no encontraríamos demasiada historia monumental ni grandes edificios o monumentos espectaculares como los que solemos visitar en otros destinos. Dakar es un buen ejemplo de ello. No cuenta con un casco histórico claramente definido ni concentra sus principales atractivos en una zona que podamos recorrer tranquilamente a pie. Aun así, durante nuestra visita descubrimos una ciudad mucho más interesante cuando dejamos de buscar grandes monumentos y empezamos a fijarnos en sus mercados, sus barrios, sus mezquitas y, sobre todo, en la vida que transcurre en sus calles. En esta guía te contamos qué visitar en Dakar y cómo fue nuestra experiencia recorriendo la capital de Senegal.

Presentación de Dakar

A falta de atractivos turistico lo que tiene Dakar es mucha vida. Muchísima vida en sus calles. El ruido constante de los taxis y de los autobuses car rapide, los vendedores que aparecen por cualquier esquina, el olor del carbón, las pirogas varadas en las playas de Soumbédioune, las mujeres caminando con sus vestidos impecables, el tráfico que parece no terminar nunca o los carros tirados por burros circulando incluso por algunas de las principales avenidas.

Y también está la basura, presente en demasiados rincones y formando parte, muy a nuestro pesar, del paisaje urbano que encontramos durante nuestro recorrido.

Todo esto nos sorprende continuamente. No debemos olvidar que Dakar es nuestro primer contacto real con Senegal y que, para nosotros, todo resulta nuevo. Quizá por eso, durante este primer día, nos llama mucho más la atención lo que ocurre en las calles que los lugares concretos que vamos visitando. Dakar no es una ciudad que nos vaya a conquistar por sus monumentos o por una arquitectura especialmente espectacular. Es una ciudad que se descubre observando lo que sucede a nuestro alrededor.

Localización y demografía de Dakar

Dakar está situada en el extremo occidental de Senegal, en la península de Cabo Verde, la posición más occidental de todo el continente africano. La ciudad se proyecta hacia el océano Atlántico y ocupa la punta de esta península.

La región administrativa de Dakar es diminuta si la comparamos con el conjunto de Senegal: apenas 547 km², lo que representa solo el 0,28 % del territorio nacional. Sin embargo, en este pequeño espacio se concentra una parte extraordinariamente importante de la población del país. El censo de 2023 registró más de 4 habitantes en la región de Dakar, aproximadamente el 22 % de toda la población de Senegal. 

Para hacerse una idea de lo que significa esta concentración, la región de Dakar tiene una densidad de población cercana a los 7.500 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras que la media de Senegal ronda los 92. La diferencia es enorme.

Administrativamente, la región está dividida en cinco departamentos: Dakar, Pikine, Guédiawaye, Rufisque y Keur Massar. Y buena parte de lo que entendemos como Dakar hoy va mucho más allá de la ciudad propiamente dicha. El crecimiento urbano se ha extendido progresivamente por toda la península y ha terminado formando una enorme área metropolitana.

Este crecimiento tiene mucho que ver con la migración interna. Dakar concentra buena parte de las oportunidades económicas, educativas y laborales del país, por lo que continúa atrayendo población procedente de otras regiones, especialmente de las zonas rurales. El resultado es una expansión urbana constante que genera también problemas de vivienda, tráfico, transporte y servicios públicos.

El crecimiento ha obligado incluso a buscar nuevos espacios para descongestionar la capital. Uno de los proyectos más importantes es Diamniadio, una nueva ciudad situada a unos treinta kilómetros de Dakar, concebida como un nuevo polo administrativo y económico. Allí se han trasladado ya algunas instituciones y organismos públicos y se han desarrollado nuevas zonas empresariales y residenciales.

A este proceso se suma el TER, el nuevo tren exprés regional, que conecta Dakar con el área de Diamniadio y pretende mejorar las comunicaciones de esta enorme área metropolitana. El proyecto contempla además su prolongación hacia el aeropuerto internacional Blaise Diagne, situado a más de 50 kilómetros del centro de Dakar.

Pero hay otro dato que resulta especialmente llamativo cuando hablamos de la población de Dakar y, en general, de Senegal: es una población extraordinariamente joven. Senegal mantiene una estructura demográfica marcada por una elevada proporción de niños y jóvenes, consecuencia de décadas de crecimiento natural y de una fecundidad todavía elevada.

La edad mediana de la población senegalesa ronda los 19 años, una cifra que contrasta enormemente con la de países europeos como España, donde supera ampliamente los 40 años. Esto significa que Senegal afronta el reto de incorporar cada año a una enorme cantidad de jóvenes a la educación, al mercado laboral y a una economía capaz de ofrecerles oportunidades.

Dakar es, en cierto modo, el reflejo de una de las grandes transformaciones que está viviendo África: una población muy joven, un fuerte crecimiento urbano, millones de personas buscando mejores oportunidades y una modernización acelerada que convive con formas de vida y tradiciones mucho más antiguas.

Playa de la isla de Gorée frente a Dakar

Historia de Dakar

La península de Cabo Verde, donde se encuentra Dakar, estuvo habitada desde tiempos prehistóricos. Antes de la llegada de los europeos estaba poblada por comunidades mandingas y, entre los siglos XVI y XVII, llegaron los lebú, procedentes del norte, que terminaron estableciéndose en diferentes puntos de la península y desarrollando una importante tradición pesquera.

Durante mucho tiempo, sin embargo, el protagonismo de esta parte de la costa estuvo en la cercana isla de Gorée, mucho más importante para las potencias europeas. El cambio comenzó a producirse durante el siglo XIX, cuando Dakar empezó a ganar importancia frente a la isla. El 25 de mayo de 1857, el gobernador francés Pinet-Laprade fundó oficialmente la ciudad y comenzó su transformación en un asentamiento urbano organizado.

El crecimiento fue progresivo. En 1875, Dakar pasó a convertirse en centro de admisnistrativo en sustitución de Gorée y, el 17 de junio de 1887, obtuvo el rango de comuna independiente. A partir de entonces comenzó a adquirir una importancia cada vez mayor como puerto y centro comercial.

El verdadero despegue llegó a finales del siglo XIX y principios del XX gracias al puerto y al ferrocarril. En 1902, Dakar sustituyó a Saint Louis como capital del África Occidental Francesa y se convirtió en el principal centro político, comercial y portuario de la región. La ciudad creció rápidamente y atrajo a comerciantes procedentes de diferentes lugares, entre ellos una importante comunidad libanesa.

En las décadas siguientes destacó especialmente Blaise Diagne, elegido alcalde de Dakar en 1920 y figura fundamental de la política colonial francesa. Fue además el primer africano elegido diputado por Senegal en la Asamblea Nacional francesa y posteriormente ocupó un cargo ministerial en Francia. El aeropuerto internacional de Dakar lleva hoy su nombre: Aeropuerto Internacional Blaise Diagne.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Dakar volvió a ocupar un lugar estratégico. En septiembre de 1940 fue escenario de la batalla de Dakar, cuando las fuerzas de la Francia Libre y los británicos intentaron hacerse con el control de la ciudad, que permanecía bajo la administración del régimen de Vichy, alineado con la Alemania nazi. El intento fracasó y Dakar continuó bajo control de Vichy hasta que la evolución de la guerra modificó posteriormente la situación.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Dakar experimentó un fuerte crecimiento y consolidó su posición como uno de los principales centros políticos y económicos del África Occidental. En 1958, durante la visita del general Charles de Gaulle, se produjeron en la ciudad manifestaciones reclamando la independencia. Ese mismo año, Dakar sustituyó oficialmente a Saint-Louis como capital del Senegal. Dos años después, el 4 de abril de 1960, Senegal alcanzó la independencia y Dakar pasó a ser la capital del nuevo Estado.

Mapa de Dakar

Las localizaciones que visitamosen nuestra visita a Dakar

Recorriendo Dakar

Nosotros decidimos dedicarle solamente un día a Dakar, ya que nuestro principal interés estaba puesto en conocer el resto del país. Además, más de la mitad de esa jornada la dedicamos a visitar la isla de Gorée, por lo que el tiempo que realmente tuvimos para recorrer la capital fue bastante limitado. Aun así, creemos que fue suficiente para hacernos una primera idea de cómo es Dakar y de su particular forma de vivir la ciudad.

Para conocer Dakar necesitamos movernos en vehículo privado. Las distancias no son especialmente grandes sobre el mapa, pero recorrer la ciudad puede llevar bastante tiempo. El tráfico es intenso, la circulación resulta bastante caótica en algunos momentos y algunas calles presentan un estado de conservación mejorable. Todo ello hace que desplazarse durante las horas punta pueda convertirse en una experiencia bastante agotadora.

Los lugares que vamos a mostrar a continuación no están ordenados por importancia ni pretenden ser una clasificación de lo que hay que visitar en Dakar. Simplemente seguimos el orden cronológico de nuestra visita, tal y como fuimos recorriendo la ciudad durante ese día.

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Estación de trenes de Dakar

La estación de ferrocarril de Dakar se encuentra en el barrio de Plateau, el centro histórico y administrativo de la capital, muy cerca del embarcadero desde donde parten los ferris hacia la isla de Gorée.

La primera estación de Dakar fue inaugurada en 1885, como parte de la línea ferroviaria Dakar-Saint-Louis, considerada una de las primeras líneas ferroviarias de África Occidental. El edificio que vemos actualmente, de estilo colonial, fue construido en 1914.

Durante buena parte del siglo XX, la estación desempeñó un papel fundamental en las comunicaciones ferroviarias de África Occidental. Desde aquí partía el famoso ferrocarril Dakar-Níger, que conectaba Dakar con Bamako, en Mali. El trayecto podía durar alrededor de 36 horas y llegó a contar con un servicio semanal. También existía la conexión histórica con Saint-Louis, aunque esta llevaba años fuera de servicio.

La estación cerró en 2009, coincidiendo con el deterioro y la posterior interrupción de la línea Dakar-Níger. Durante aquellos años incluso llegó a plantearse su demolición para construir en su lugar un parque cultural, pero el proyecto finalmente se canceló y se decidió conservar el edificio por su valor histórico.

Tras una importante rehabilitación, la estación volvió a abrir sus puertas en 2019, coincidiendo con la puesta en marcha del nuevo TER, Train Express Régional. Desde diciembre de 2021 forma parte del servicio comercial del TER, que conecta Dakar con Diamniadio y cuya red se ha proyectado hasta el aeropuerto internacional Blaise Diagne.

Muy cerca de la estación se encuentra el Museo de las Civilizaciones Negras de Dakar, otro de los lugares que se pueden incluir en una visita a la capital si se dispone de más tiempo. Nosotros no llegamos a visitarlo, pero su espectacular arquitectura ya llama la atención desde el exterior. En su interior, el museo reúne una amplia variedad de contenidos relacionados con la historia, las culturas y las aportaciones de las civilizaciones africanas y de su diáspora.

Desd aqui fuimos caminando al muello donde tomamos el ferry a a Gorée.

Gorée, la isla de los esclavos

A primera hora del día comenzamos la que será una de las visitas principales de nuestra estancia en Dakar: la isla de Gorée, situada frente a la capital senegalesa y separada de ella por apenas unos kilómetros de océano. Ya hemos hablado ampliamente de esta pequeña isla en nuestro reportaje anterior, pero volver a ella durante este viaje nos permite acercarnos de nuevo a uno de los lugares más cargados de historia de Senegal. Hoy, sus calles empedradas, sus casas coloniales de colores y sus fachadas cubiertas de buganvillas transmiten una tranquilidad casi irreal, difícil de relacionar con el papel que desempeñó durante siglos en la historia del comercio atlántico de esclavos.

Gorée fue uno de los enclaves vinculados al comercio de personas esclavizadas en la costa occidental africana y se ha convertido en uno de los lugares de memoria más conocidos de Senegal. Su símbolo más reconocible es la Casa de los Esclavos, donde conoceremos las condiciones en las que eran retenidas las personas antes de ser embarcadas hacia América. Durante nuestra visita recorreremos también sus estrechas calles, veremos las antiguas casas de comerciantes, las fortificaciones y los restos de su pasado colonial, mientras descubrimos cómo una isla tan pequeña llegó a adquirir una importancia histórica tan enorme. Más que una simple excursión desde Dakar, Gorée es una visita que obliga a detenerse y mirar el pasado de frente, aunque hoy el ambiente apacible de la isla haga difícil imaginar todo lo que ocurrió entre estas mismas paredes.

Mercado de Kermel

Después de comer regresamos a Dakar y nos desplazamos rápidamente hasta el cercano Mercado de Kermel, situado en pleno barrio del Plateau. Es uno de los mercados históricos de la capital senegalesa y, además de su actividad comercial, destaca por el singular edificio que lo alberga. Sus orígenes se remontan al siglo XIX, aunque el edificio actual fue levantado a comienzos del siglo XX. Su estructura metálica y su decoración de inspiración neomorisca, con arcos, ladrillo y elementos ornamentales, le dan un aspecto muy diferente al de otros mercados de Senegal.

En el interior se concentran principalmente puestos de productos frescos: frutas, verduras, carne y pescado. Alrededor del mercado también encontramos pequeños puestos de flores, artesanía, cestería, tejidos y recuerdos. Es un mercado de dimensiones relativamente reducidas y de ambiente más tranquilo que el enorme Sandaga.

Llegamos a primera hora de la tarde y pronto comprobamos que, si lo que buscábamos era contemplar el mercado en plena efervescencia, probablemente no habíamos elegido el mejor momento. A esas horas buena parte de la actividad de la mañana ya había terminado. Como dice el refrán, todo el pescado está vendido. Había poco movimiento por los estrechos callejones que rodean el mercado, pero las huellas de lo ocurrido durante las primeras horas del día eran más que evidentes. En el suelo se acumulaban restos de verduras y otros desperdicios, mientras algunos puestos todavía mantenían expuestos sus productos.

Y, por supuesto, estaban los olores. Muchos olores.

Recorriendo de pasada el Plateau de Dakar

Salimos del mercado de Kermel y nos dirigimos hacia nuestro siguiente destino. Estamos ya en pleno Plateau de Dakar, el corazón administrativo y financiero de la capital. Desde aquí comenzamos un pequeño recorrido para conocer algunos de los edificios y lugares más representativos de la ciudad.

Nuestra primera parada es la plaza de la Independencia, auténtico centro del Plateau y uno de los principales espacios urbanos de Dakar. A su alrededor se concentran edificios administrativos, bancos y diferentes construcciones de época colonial. Entre los edificios más singulares encontramos el Ayuntamiento de Dakar y la Cámara de Comercio, aunque lo interesante de esta zona no está únicamente en su arquitectura. También encontramos mercados, restaurantes, comercios y calles llenas de movimiento, con ese tráfico constante que forma parte inseparable del paisaje dakarés. 

Continuamos nuestro recorrido hacia la península de la Médina, donde iremos encontrando edificios de muy diferente naturaleza: centros penitenciarios, instalaciones militares, embajadas y otros edificios administrativos. Entre ellos destaca también la catedral de Notre-Dame des Victoires, uno de los principales templos católicos de Dakar.

Desde aquí seguimos nuestro recorrido por la Corniche, la carretera que bordea la costa atlántica, disfrutando de las vistas del océano y de algunos de los contrastes que ofrece esta parte de la ciudad. Nuestro siguiente destino será Soumbédioune, uno de los lugares donde mejor podremos acercarnos a la vida cotidiana de Dakar y a su tradición pesquera.

Mercados de artesiania y pescado de Soumbédioune

La siguiente parada fue el Village Artisanal de Soumbédioune, situado en este barrio costero, prácticamente a mitad de la Corniche y pegado al mar. Se trata de un gran espacio dedicado a la artesanía tradicional senegalesa, donde se concentran numerosos puestos y pequeños talleres en los que se producen y comercializan diferentes tipos de productos.

El recinto nació en 1962 con la idea de reunir a los artesanos en un mismo lugar para que pudieran trabajar, exponer y vender directamente sus creaciones. Por eso, más que un simple mercado de recuerdos, el Village Artisanal está concebido como un conjunto de pequeños talleres y puestos donde se pueden encontrar diferentes oficios y productos tradicionales.

Nada más entrar nos encontramos con un puesto detrás de otro. Madera, telas, pulseras, collares, máscaras, esculturas, figuras de animales y recuerdos de todo tipo aparecen por todas partes. Hay tanto que mirar que resulta difícil saber dónde detenerse. Los colores llaman nuestra atención desde lejos y, en cuanto nos acercamos a un puesto, comienzan las explicaciones, las propuestas y, cómo no, el inevitable regateo.

Una de las cosas que más nos llama la atención es que, aunque el lugar se presenta como un espacio de artesanos y talleres, nuestra sensación es que no todos los vendedores parecen estar allí para elaborar sus propias piezas. Algunos sí trabajan o muestran parte del proceso, pero en muchos otros puestos tenemos más la impresión de encontrarnos ante vendedores dedicados principalmente a comercializar productos ya terminados.

Después de las compras, salimos hacia la costa. Y el escenario cambia por completo.

A pocos metros encontramos otra de las imágenes más características de la costa senegalesa: las pirogas. Decenas de embarcaciones de madera descansan junto a la orilla, muchas de ellas pintadas con colores vivos y decoradas con dibujos y nombres propios. Algunas permanecen tranquilamente varadas sobre la arena; otras muestran las huellas evidentes de su trabajo diario.

A estas horas de la tarde, prácticamente todas las pirogas ya están fuera del agua y colocadas en la orilla, preparadas para volver a salir al mar al día siguiente. Nos quedamos observando cómo un grupo de hombres empuja una de ellas con todas sus fuerzas hasta conseguir dejarla completamente varada sobre la arena. No parece precisamente una tarea sencilla, teniendo en cuenta el tamaño y el peso de estas embarcaciones.

Nos acercamos a contemplarlas , es imposible no fijarse en los detalles: la pintura gastada por el sol y el agua, las redes, la madera, los restos de actividad pesquera y ese contraste entre las pequeñas embarcaciones y la inmensidad del Atlántico que tenemos delante.

Junto a las pirogas encontramos también los puestos de pescado fresco. Allí ya no hay manera de hacerse el distraído. Cajas, cubos, redes y pescado recién llegado del mar ocupan buena parte de la escena. Los pescadores y vendedores se mueven con rapidez, acostumbrados a una actividad que para nosotros resulta completamente diferente de lo que estamos acostumbrados a ver.

Y, una vez más, el olor es imposible de ignorar. Es una mezcla intensa de pescado fresco, mar, humedad, madera y calor. Un olor que se queda prácticamente pegado a nosotros y que hace imposible olvidar dónde estamos.

Aquella visita a Soumbédioune termina siendo mucho más que una parada para comprar recuerdos. En apenas unos metros hemos pasado del bullicio de los puestos artesanales, las conversaciones y el regateo a la tranquilidad relativa de las pirogas y, finalmente, al intenso ambiente de los pescadores. Por primera vez durante nuestro recorrido por Dakar sentimos de cerca la importancia que tiene el mar en la vida cotidiana de la ciudad.

Mezquita de la Divinidad

Continuamos nuestro recorrido por la Corniche y llegamos al barrio de Ouakam, donde, frente al océano Atlántico, aparece una de las imágenes más espectaculares de Dakar: la Mezquita de la Divinidad.

Construida a finales del siglo XX, destaca por su gran fachada blanca, sus dos esbeltos minaretes y, sobre todo, por su privilegiada ubicación junto al mar. Al acercarnos, la imagen nos llama inmediatamente la atención: el blanco de la mezquita y la parte alta de sus esbeltos minaretes destacan sobre el intenso azul del Atlántico.

Durante nuestra visita nos acercamos hasta sus alrededores para contemplarla desde el exterior. No entramos en el interior, pero la imagen del templo frente al océano hace que merezca la pena detenerse unos minutos antes de continuar nuestro recorrido por la Corniche.

Monumento al Renacimiento Africano

Tras la breve parara pusimos rumbo a una de las imágenes más reconocibles de Dakar: el Monumento al Renacimiento Africano. A medida que nos acercábamos, empezamos a distinguir aquella enorme silueta recortándose sobre la ciudad. Y cuando finalmente lo tuvimos delante, hubo que levantar bastante la cabeza para abarcarlo entero.

Inaugurado en 2010, coincidiendo con el 50º aniversario de la independencia de Senegal, el monumento alcanza unos 52 metros de altura y representa a una familia formada por un hombre, una mujer y un niño que avanzan juntos hacia el cielo. El gesto pretende representar el renacimiento de África, dejando atrás la esclavitud y el pasado colonial para mirar hacia un futuro de libertad, dignidad y progreso. Un mensaje ambicioso, tan grande como las propias dimensiones de la escultura.

La obra fue impulsada por el entonces presidente Abdoulaye Wade y construida por la empresa norcoreana Mansudae Overseas Projects. Y, como suele ocurrir cuando alguien decide levantar una escultura de semejante tamaño, la historia del monumento no estuvo precisamente libre de polémica. Su coste, estimado en unos 27 millones de dólares, provocó críticas en un país que todavía afrontaba importantes necesidades sociales. También generó controversia la intención de Wade de recibir una parte de los ingresos derivados de los derechos de propiedad intelectual de la obra.

Su estética monumental tampoco convenció a todo el mundo y algunos críticos señalaron su parecido con las grandes esculturas propagandísticas características de los antiguos regímenes comunistas. Desde determinados sectores musulmanes también surgieron críticas por la representación de la mujer, considerada demasiado descubierta, así como por la utilización de figuras humanas de semejante monumentalidad.

Para llegar hasta los pies de la estatua todavía nos quedaba un pequeño esfuerzo. Bueno, pequeño quizá no sea la palabra más adecuada. Tuvimos que subir una buena colección de escaleras hasta alcanzar la enorme plataforma sobre la que se levanta el monumento. El esfuerzo mereció la pena porque, una vez arriba, Dakar apareció ante nosotros en todas las direcciones. Desde allí se disfruta de una impresionante panorámica de 360 grados, con la ciudad extendiéndose alrededor y el Atlántico poniendo el horizonte.

Pero todavía podíamos subir más. El monumento permite acceder hasta la parte más alta de la estatua, un punto que los senegaleses muestran con especial orgullo porque, según se suele destacar, alcanza una altura superior a la de la Estatua de la Libertad de Nueva York. Nosotros también teníamos la opción de comprobarlo desde arriba, aunque había un pequeño inconveniente: la larga cola. 

Bajamos rapido y nos dirigimos hacia nuestra última parada del día. El gigante quedaba atrás, pero todavía nos quedaba una visita antes de dar por terminado nuestro recorrido por Dakar.

Punta de las Almadies

Para terminar nuestra jornada nos desplazamos hasta la Pointe des Almadies, el extremo más occidental del continente africano, un auténtico finisterre africano. Después de todo el día recorriendo Dakar, necesitábamos bajar un poco el ritmo y qué mejor lugar para hacerlo que sentarnos frente al océano.

Para terminar nuestra jornada nos desplazamos hasta la Pointe des Almadies, el extremo más occidental del continente africano, un auténtico finisterre africano. Después de todo el día recorriendo Dakar, necesitábamos bajar un poco el ritmo y qué mejor lugar para hacerlo que sentarnos frente al océano.

Las playas estaban llenas de bañistas locales que habían venido a pasar el día. Había familias, grupos de amigos y gente entrando y saliendo del agua. Los niños se repartían por la arena jugando partidos de fútbol, unos contra otros, mientras los más pequeños corrían de un lado para otro. El ambiente era mucho más animado y espontáneo que el que solemos encontrar en nuestras playas europeas. Aquí la playa parecía formar parte de la vida cotidiana y no ser simplemente un lugar al que acudir para tomar el sol.

A medida que avanzaba la tarde, empezamos a ver también cómo algunas familias se preparaban para cenar allí mismo, con el pescado como protagonista. Unos sacaban los utensilios, otros preparaban la comida y los niños seguían jugando alrededor. Una escena sencilla, pero que nos permitía observar cómo la playa se convierte también en un espacio para reunirse, comer y pasar juntos las últimas horas del día.

Nos instalamos en una terraza frente al mar y pedimos unas cervezas. Allí descubrimos dos de las cervezas senegalesas más conocidas: Gazelle y Flag. La primera, suave y refrescante, llegaba en una botella de 660 ml, mientras que la Flag, algo más sabrosa e intensa, se servía en un formato bastante más discreto de 330 ml.

Con las cervezas sobre la mesa, nos dispusimos a esperar nuestro primer gran atardecer africano. El plan parecía sencillo: cerveza, océano y puesta de sol. Pero las nubes bajas tenían otros planes. Poco a poco comenzaron a instalarse justo sobre el horizonte, tapando el sol y desdibujando el espectáculo que esperábamos. Finalmente, el sol desapareció antes de tiempo y nuestro gran atardecer africano quedó, por el momento, aplazado.

Con el día ya prácticamente terminado, dejamos atrás la Pointe des Almadies y regresamos al hotel. Abandonábamos así el extremo más occidental de África sin imaginar que aquel no sería nuestro último encuentro con esta zona de Dakar.

Dos semanas después volveríamos a estar exactamente por aquí. Esta vez, sin embargo, no sería por elección propia. Nuestro vuelo de regreso a Madrid sería cancelado y, como consecuencia, nos alojarían durante aquella noche en el King Fahd Palace Hôtel, un hotel de cinco estrellas situado precisamente en esta misma zona.

Dakar es una ciudad que se entiende mejor cuando se vive que cuando se explica. En este vídeo reunimos algunos de los momentos que compartimos durante nuestro paso por la capital de Senegal: sus calles, sus mercados, el océano, sus barrios y ese ritmo intenso que convierte cada paseo en una pequeña aventura. Lamentablemente no tenemos imagenes de todo lo que visitamos en Dakar, lo sentimos.

Dakar no es una ciudad que se descubra de un vistazo, sino caminándola, escuchándola y dejándose llevar por su ritmo. Nosotros nos fuimos con la sensación de haber conocido solo una pequeña parte de todo lo que puede ofrecer. Si viajáis a Senegal, reservadle un par de días: recorred sus calles, acercaos al Atlántico, perdeos por sus mercados y dejad que Dakar os sorprenda. Porque, aunque no sea amor a primera vista, estamos seguros de que tendrá algo que contaros.

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