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Murales de Villangómez: fusión de arte, literatura y vida rural

Murales de Viillangómez

Nos apasiona el arte callejero y recorrer las calles descubriendo los murales que llenan de color y vida cada localidad. Ya hemos compartido reportajes sobre los murales de Romangordo, Vitoria-Gasteiz y Belorado, y ahora nos detenemos en un proyecto muy especial: TUVIBE. Sus siglas representan a tres pueblos burgaleses —Tubilla del Lago, Villangómez y Belorado— que se unieron para dar un nuevo impulso a sus espacios públicos. El objetivo del proyecto es doble: transformar las calles con grandes obras de arte y al mismo tiempo, transmitir la importancia del mundo rural, su historia, su presente y su futuro.

Cada localidad aporta una mirada distinta. En Tubilla del Lago encontramos el mural del pasado, un homenaje a quienes construyeron la identidad de estos pueblos y a la vida tradicional que poco a poco se va perdiendo. Villangómez nos muestra el presente, reflejando la realidad actual del campo, sus retos y su fuerza frente a un mundo que cambia rápidamente. Y en Belorado, el mural del futuro nos invita a soñar: con nuevas generaciones, ideas frescas y la posibilidad de un renacer rural lleno de esperanza y creatividad.

Museo Arte Rural (MAR)

Villangómez es una pequeña localidad burgalesa con algo más de 200 personas empadronadas, aunque solo alrededor de un centenar vive en el pueblo de forma habitual. Un lugar que podría encajar en el concepto de la España vaciada, pero que desde 2016 ha encontrado en el arte una herramienta para revitalizar su entorno. Ese año nació el Museo de Arte Rural (MAR), una iniciativa que ha convertido el municipio en uno de los principales espacios de arte urbano al aire libre de la región.

Actualmente, Villangómez cuenta con más de 50 murales repartidos por sus calles. Las fachadas de las viviendas y otros edificios se han transformado en una galería abierta, accesible a cualquier visitante. Las obras, realizadas por distintos artistas, abordan temas muy diversos y mantienen una relación directa con la identidad del medio rural.

Entre los motivos más frecuentes destacan los homenajes a figuras relevantes de la literatura, la música y el arte, tanto nacionales como internacionales. Casi todos los murales están dedicados a una figura literaria o a una obra concreta, convirtiendo el paseo en un diálogo constante entre la pintura y las letras. Junto a ellos aparecen escenas vinculadas a la vida cotidiana del pueblo, la memoria de las generaciones pasadas y reflexiones sobre la despoblación rural. También hay espacio para cuestiones sociales como la igualdad de género, la libertad, el ecologismo o la crítica al poder.

Al tratarse de un museo al aire libre, el proyecto se enfrenta a dificultades derivadas del paso del tiempo y de las condiciones meteorológicas. Algunas obras han sufrido un notable deterioro e incluso se ha producido el derrumbe de un muro que sostenía uno de los murales. A pesar de ello, el MAR continúa siendo un referente cultural y un ejemplo de cómo el arte puede contribuir a dar visibilidad y nueva vida a los pueblos rurales.

‘La casa en la mochila’ Alegría del Prado dedicada al escritor y filósofo estadounidense Henry David Thoreau

Festival Pollogómez

Además del museo al aire libre, Villangómez acoge desde 2010 el festival Pollogómez, una cita que se celebra cada verano y que durante dos días combina música en directo, arte urbano y vida rural. El festival se ha consolidado como uno de los principales eventos culturales del municipio y como un punto de encuentro para vecinos y visitantes.

La edición de 2025 tuvo lugar los días 25 y 26 de julio. El viernes comenzó con visitas guiadas a los murales del pueblo y continuó con conciertos de bandas burgalesas y estatales. La jornada culminó con la actuación de La Fuga como cabeza de cartel, además de sesiones de DJ y la tradicional degustación de alitas de pollo, uno de los elementos más reconocibles del festival.

El sábado, el Pollogómez abrió su programación a todos los públicos con talleres infantiles, un mercadillo de artesanía, una cata de vinos de la Denominación de Origen Arlanza y un vermú musical. Por la tarde y la noche, la música volvió a ser protagonista con una intensa programación de rock, tributos y punk-rock, en la que destacaron actuaciones como las de Gato López y Los de Marras.

Como llegar a Villangómez

La forma más rápida de llegar a Villangómez es en coche. El pueblo se encuentra a unos 23 km de Burgos, lo que supone un viaje de aproximadamente 28 minutos. Desde Madrid, la distancia es de unos 223 km por la autovía A-1, con un tiempo estimado de viaje de unas 2 horas y 20 minutos.

No existe transporte público regular hasta Villangómez, aunque en Castilla y León funciona el Transporte a la Demanda (TaD). Este servicio está pensado para zonas rurales o poco pobladas, donde no hay suficiente demanda para autobuses con horarios fijos. En lugar de rutas establecidas, el TaD se activa solo cuando un usuario lo solicita, y únicamente opera los días laborables.

Recorriendo los murales de Villangómez

Aparcar en Villangómez no supone ningún problema. Nosotros dejamos el coche cerca del único bar del pueblo, donde además hay un panel con un código QR que enlaza con un mapa con todas las ubicaciones de los murales. Aunque nosotros ya habíamos hecho los deberes y contábamos con todas las localizaciones en nuestro Maps.me, descargadas previamente de la web oficial.

Desde el momento en que llegamos a Villangómez comenzamos a descubrir murales en casi cada rincón del pueblo. Muy cerca de este punto se encuentra uno de los más representativos de la localidad: el mural Liduvina. La obra retrata a Liduvina, una vecina del pueblo, en una escena cotidiana de la cocina rural. Su mirada, intensa y llena de vida, destaca entre los numerosos detalles realistas y funciona como un homenaje a las abuelas del medio rural y al calor del hogar tradicional.

Este mural fue realizado por el artista burgalés Christian Sasa y ha alcanzado reconocimiento internacional al situarse entre los mejores murales del mundo en la plataforma Street Art Cities.

Otro de los murales que más llama la atención es el titulado Claudio. La obra rinde homenaje al último pastor del pueblo y por extensión, a las personas mayores de la zona. El mural se inspira en la serie de retratos fotográficos Surcos del Arlanza, en la que los rostros de los habitantes de la comarca reflejan el paso del tiempo y las vivencias acumuladas a lo largo de los años.

La elección de Claudio como protagonista responde al cariño que le tienen los vecinos y a su papel como símbolo de una forma de vida ligada al medio rural. El mural sirve también como recuerdo de los oficios tradicionales que están desapareciendo a causa de la despoblación.

El mural La escucha del valiente, obra de Begoña Belmonte, invita a detenerse y observar con calma. La pieza propone una reflexión íntima sobre el valor y el autoconocimiento, animando a enfrentarse a los propios miedos y a mirar hacia el interior con honestidad y silencio para descubrir la fuerza personal.

La pintura combina la figura humana con la presencia simbólica de un león, un recurso que refuerza el mensaje de valentía interior y reflexión personal. Una obra que encaja especialmente bien con la tranquilidad y el silencio que caracterizan el entorno rural de Villangómez.

El mural “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”, obra del colectivo Klandestino, toma su inspiración de la famosa frase final de la novela Rebelión en la granja de George Orwell y la traslada al arte urbano como una reflexión crítica sobre el poder y la desigualdad. La pintura, dominada por contrastes en blanco y negro con detalles en tonos dorados y rosas, confronta al espectador con símbolos de autoridad y opresión frente a los ideales de libertad, justicia y comunidad. 

Por todo el pueblo también se pueden descubrir diferentes obras de arte más pequeñas y curiosas, como bolas de billar convertidas en elementos decorativos, puertas cortadas con formas de aves o paneles con representaciones de animales. Todas estas piezas forman parte de un juego que recorre Villangómez, cuya información se puede consultar en el bar del pueblo.

En Villangómez no solo encontramos murales y distintas intervenciones artísticas. Muchas de las casas están cuidadosamente decoradas con flores, aportando color y un ambiente aún más alegre al pueblo, y reforzando la sensación de cuidado y vida en cada rincón.

Los murales van acompañados con citas literarias

Otro de los murales más llamativos de Villangómez es La Isla, obra del dúo Alegría del Prado. La pintura representa un barco con una niña al timón, acompañado de un nido y un pájaro, símbolos de hogar, vida y futuro. La obra invita a reflexionar sobre la vida en el medio rural y el papel de las nuevas generaciones, convirtiendo el paseo por el pueblo en una experiencia tanto cultural como poética.

El mural Lo que hoy es realidad, ayer fue imaginación, realizado por Bosska en 2022, parte de una cita de José Saramago incluida en El hombre duplicado, que recuerda que toda realidad nace primero en la imaginación. La obra plasma ese mundo interior a través de una cabeza abierta de la que surgen plantas, planetas y naves espaciales. Destaca especialmente el uso del color, con predominio de azules y morados que contrastan con los tonos amarillos, verdes y marrones del entorno rural, haciendo que el mural sobresalga  entre las construcciones que lo rodean.

El mural Apolo y Calíope, realizado por Sergare en 2016, fue uno de los primeros murales pintados en Villangómez. La obra representa al dios Apolo, vinculado a la música y a las bellas artes, junto a Calíope, musa de la poesía épica e hija de Zeus y Mnemosine. Ambas figuras aparecen unidas como símbolo del encuentro entre la música y la poesía, dos disciplinas artísticas que se inspiran mutuamente.

El mural está dedicado al escritor y dramaturgo Oscar Wilde, y rinde homenaje tanto a las artes clásicas como al legado de uno de los grandes nombres de la literatura.

El mural Dejar crecer, realizado por Goyo 203 en 2021, reúne animales propios de la fauna burgalesa y murciana como símbolo del vínculo entre La Compañía de Mario de Los Alcázares-Murcia y Villangómez. La pintura invita a pensar sobre los daños ecológicos sufridos por el Mar Menor y la pérdida de sus especies, simbolizada por el caballito de mar. Este pequeño animal era muy común en la laguna, pero la pesca excesiva y la contaminación han hecho que prácticamente desaparezca, transformándolo en un recordatorio de que muchas veces solo apreciamos lo que dejamos de tener.

El mural está dedicado al escritor e ilustrador Eric Carle, reforzando el mensaje de respeto por la naturaleza y la importancia de cuidarla para las futuras generaciones.

El mural A remar, creado por José María en 2021, funciona como un autorretrato psicológico que refleja la esencia del propio artista. En la imagen se le muestra remando contra la corriente, envuelto en un humo que representa su mundo interno y sus fantasías, mientras utiliza una rama de higuera como remo para orientarse y encontrar su camino en la vida artística. 

El mural El impacto de una mirada, realizado por Goyo203 en 2019, surgió casi por casualidad, cuando el artista comenzó a dibujar utilizando los colores de la pared y quedó satisfecho con el resultado. La obra muestra un rostro de gran tamaño, con una armonía de tonos que se funden sobre un fondo neutro, y cuyas pupilas parecen seguir a los transeúntes, generando una conexión directa con quien la observa. Está dedicado a la escritora canadiense Alice Munro, Premio Nobel de Literatura en 2013, conocida por su talento para el relato y su profunda mirada sobre la experiencia humana.

En Villangómez, encontramos murales con mensajes que invitan a reflexionar. Obras como El florecer de la educación resaltan la importancia del aprendizaje, mientras Igualdad recuerda la necesidad de justicia y oportunidades para todos. Otros, como Salida por la tienda de regalos y Niños del verano, capturan escenas de la vida diaria y la alegría de la infancia en el entorno rural. Señora de rojo sobre fondo gris destaca por su fuerza visual y simbolismo, y Pescador de cormoranes conecta con las tradiciones y la relación del hombre con la naturaleza.

Villangómez rinde tributo a la genialidad de Miguel de Cervantes con el mural «El insomnio del Quijote«, una pieza de la artista Susana Velasco que retrata el origen de la locura del caballero andante. La obra visualiza el desgaste físico y mental del personaje quien, según el texto original, pasó noches en vela sumergido en relatos de batallas y encantamientos hasta perder la razón.

El mural Girasoles, pintado por Raúl Estal en 2020, utiliza la imagen de girasoles “muertos y ciegos” como metáfora para subrayar la importancia del respeto, el pensamiento libre y la expresión sin miedo a opinar. El artista se inspiró en los campos de girasol que vio al llegar a Villangómez y en la obra Los girasoles ciegos de Alberto Méndez, cuya frase final (“Yo no quiero que nuestros hijos tengan que morir o matar por lo que piensan”) aparece en la pintura.

El mural Cuidando nuestra casa, pintado por Graffmapping (Richar Santana y Néstor García) en 2016 , representa una gran paloma inspirada en las aves, la flora y la fauna de la zona, y fue diseñada para decorar un palomar antiguo del pueblo con una imagen que pueda verse desde lejos.  Está dedicada al escritor español Miguel Delibes, uno de los autores más importantes del siglo XX, conocido por obras como Los santos inocentes, Cinco horas con Mario y La sombra del ciprés es alargada.

El mural ocupa dos paredes laterales del palomar y curiosamente en la tercera pared esta pintado el mural Villangomez de Willy Arenas.

El mural Ensoñaciones, pintado por Willy Arenas y Goyo203 en 2017, es la obra de mayor tamaño de toda la Ruta de Murales de Villangómez con 30 metros de ancho por 10 de alto, dibujada en la parde trasera del fronton. En él aparece el busto de Franz Kafka retratado horizontalmente, del que surge una mano que descorre un telón para revelar una escena luminosa con una niña sonriente y dos águilas volando en un cielo abierto. Este mural está dedicado al escritor Franz Kafka, figura clave de la literatura del siglo XX y símbolo de lo fantástico y lo real en la psicología de sus personajes.

El mural Gullivera, pintado por Rachel Merino y Diego Alonso en 2018, es una versión libre del clásico Los viajes de Gulliver, pero con elementos transformados para subrayar temas actuales como la libertad y la igualdad. En la reinterpretación, la protagonista cambia de género y los “captores” no son humanos tradicionales, lo que invita a cuestionar las normas y ataduras físicas o mentales y a reivindicar la lucha por los derechos de las mujeres, representadas en morado. Además, el mural incorpora símbolos modernos como emojis y pollitos azules que aluden a las nuevas formas de comunicación y su impacto en la imagen pública. La obra está dedicada al escritor Jonathan Swift, autor de la novela original y una figura clave de la literatura satírica

El mural El vuelo, del artista Pekolejo, expresa el deseo humano de alcanzar la libertad y explorar nuevos horizontes, inspirándose en el viaje constante de las golondrinas, que buscan siempre mejores lugares para vivir y alimentarse. La figura central es una mujer impulsada por su fuerza interior, simbolizando el anhelo de descubrir y experimentar, mientras las aves que la acompañan representan esa búsqueda incesante de felicidad y cambio. Está dedicado al poeta Pablo Neruda.

El mural La guitarra fue antes árbol, pintado por Mariel Rosales en 2016, está inspirado en una frase de una canción de Atahualpa Yupanqui que recuerda que antes de convertirse en instrumento, la guitarra fue parte de un árbol en el que cantaban pájaros, mostrando así una conexión profunda entre naturaleza y música. En la pintura se representa el retrato de una mujer fusionado con un árbol, donde su piel es el tronco y su cabello las raíces que sostienen flores y aves cantoras. La obra está dedicada al escritor Gabriel García Márquez,Premio Nobel de Literatura en 1982.

El mural Poesía para María, pintado por Willy Arenas , representa tres retratos de su hija María con distintas expresiones para dar vida y movimiento a la obra, resaltando la importancia que el artista concede a la libertad y la educación de los niños, así como la pena por la falta de juventud que recorre las calles de los pueblos. En la pintura aparecen las palabras “LOVE” (amor) y “FEAR” (miedo), conceptos recurrentes en otras obras del autor, y junto al mural hay un texto que rinde homenaje a las gentes de los pueblos, destacando la vida y el cariño escondidos en sus miradas. La obra está dedicada al escritor argentino Jorge Luis Borges, uno de los narradores más influyentes del siglo XX.

El mural Involución, pintado por Willy Arenas , invita a reflexionar sobre la autodestrucción humana y cómo el miedo puede anular al amor. La obra tambien forma parte de la serie LOVE – FEAR, donde el azul con la palabra “LOVE” simboliza la belleza del mundo, mientras que las figuras en negro representan el miedo y cómo este, en manos de la razón humana, tiende a destruirlo todo. El mural está dedicado al escritor George Orwel, al igual que el mural Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros

El mural Batman, realizado  por Antonio Martínez Arnaldos (La Compañía de Mario), reinterpreta al icónico superhéroe con un estilo sobrio y en blanco y negro inspirado en el dibujante Mike Mignola. La obra pone en valor el cómic como forma de literatura visual y se integra de manera original con la arquitectura del pueblo.

El mural “Los huevos gordos de mis gallinas”, pintado por Lara Gombau , se inspira en el compromiso con el medio ambiente y critica la explotación intensiva de animales en las granjas, especialmente en el sector avícola. La obra muestra gallinas “acomodadas” con miradas de desagrado y huevos de gran tamaño para hacer reflexionar al espectador sobre la producción masiva y el consumo humano, reclamando maneras de cría más sostenibles y respetuosas con los animales. Está dedicado a la escritora María Sánchez, conocida por sus planteamientos ecológicos y su oposición a la explotación animal y de la tierra.

El mural El éxodo, pintado por Peri Helio en un largo muro, mezcla elementos del mundo rural —como cereales y aves— con detalles del imaginario personal del artista para crear una composición visualmente rica y adaptada al entorno. La obra alude a la necesidad de libertad, representada por aves que huyen de las jaulas, y utiliza la mazorca de maíz como metáfora de la agricultura humana y su domesticación del campo. Las aves de cabezas distintas aportan un toque surrealista a la escena y refuerzan esa idea de ruptura y búsqueda de libertad. Este mural también está  dedicado al escritor George Orwell, cuyas visiones distópicas siguen inspirando críticas sociales actuales.

El mural Pescador de cormoranes, creado por Sergare es otro de nuestros murales favoritos de Villangómez, está inspirado en una antigua técnica de pesca del suroeste de Asia en la que se emplean cormoranes adiestrados para capturar peces en lugar de cañas o redes tradicionales. Esta práctica, que hoy en día casi ha desaparecido, sirve para poner en valor oficios tradicionales y recordar formas de vida ligadas al agua y a la naturaleza que se están perdiendo.

La obra incorpora un texto del poeta Pablo Neruda, a quien está dedicada, que refleja la actitud y la filosofía del día a día, aportando un componente literario y reflexivo a la escena pintada.

Además de los murales oficiales del MAR, también encontramos algunas puertas de garajes pintadas. En una de ellas se representa a un agricultor conduciendo su tractor.

Después de callejear por Villangómez y disfrutar del arte urbano, regresamos al coche, pero antes hacemos una parada en el único bar del pueblo. Allí degustamos un sabroso pincho de tortilla acompañado de una refrescante caña, mientras el sol empezaba a calentar estas tierras burgalesas.

En este mismo lugar se encuentra el mural El mar, la mar, pintado por Violet Vox. La obra toma su título de un verso poético y representa, mediante dos rombos en distintos tonos de azul, la presencia evocadora del mar, aunque nos encontremos en pleno paisaje castellano. La artista, que vive cerca del mar, quiso transmitir esa sensación a través del arte urbano, inspirándose en un poema que juega con la idea de que “no es lo mismo la mar que el mar”, y cómo la experiencia real supera a su representación. El mural está dedicado al poeta Rafael Alberti.

Ya saliendo de Villangomez encontramos el mural Al borde del sendero, pintado por Susana Velasco que representa a dos abuelos sentados almorzando junto a la carretera, dándonos la bienvenida al pueblo (en este caso la despedida) y reflejando la tranquilidad del tiempo rural. 

La obra está dedicada al poeta Antonio Machado, incorporando además un verso suyo que evoca la contemplación y el paso del tiempo tranquilo. 

En la misma entrada/salida de Villangómez está situado el mural Rebelión en la granja, pintado por Saiz Manrique junto a su hijo Beltrán. Representa la figura de un gallo de colores vivos como homenaje a la tradición ganadera y avícola de Villangómez, el pueblo de mayor producción de aves de este tipo en Castilla y León. La obra, situada en una de las granjas de la localidad, toma su título e inspiración de la novela satírica de George Orwell.

Ha sido una verdadera gozada descubrir el arte urbano de Villangómez. Sin sus murales, seguramente nunca hubiéramos visitado el pueblo. Además de los murales que hemos destacado, hay muchos más; algunos no los visitamos y otros, por la pesima calidad de nuestras fotos, no los hemos podido incluir en este reportaje lamentablemente. 

Cabe señalar que algunas obras han sufrido el paso del tiempo o daños en la estructura que las sostiene. Paredes desconchadas, pintura difuminada o muros que se han derrumbado han afectado a murales como Kiko estuvo aquí, dedicado al músico Kiko Veneno tras su actuación en el festival Pollogómez; Sin Título_1; o El Aliento de la Vida, que originalmente era espectacular y hoy apenas se distingue. 

Volveremos, porque sabemos qe seguiran pintado más murales en Villangómez.

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