Costa este de Madeira

La costa este de Madeira ofrece un recorrido fascinante que combina paisajes volcánicos, acantilados vertiginosos y pueblos con sabor marinero. En esta ruta, exploramos algunos de los rincones más espectaculares de la isla, comenzando por la silvestre Punta de São Lourenço y su abrupto entorno natural. Visitamos miradores privilegiados como el de Ponta do Rosto y el Pico do Facho, nos relajamos en la acogedora Prainha de Caniçal, paseamos por el histórico puerto de Caniçal, descubrimos el ambiente local de Machico y terminamos contemplando el Atlántico desde lo alto del acantilado donde se alza el imponente Cristo Rei de Garajau. Un itinerario lleno de contrastes entre mar, montaña y tradición.
Este mapa reúne todas las localizaciones de Madeira que hemos incluido en la guía del post
Aunque los lugares se presentan según su proximidad en el mapa, fueron visitados en días distintos y en un orden diferente al que aquí aparece. Puedes ver nuestra ruta completa en la guía de una semana por Madeira.
Indice del artículo
Punta de São Lourenço
La Punta de São Lourenço es una estrecha lengua de tierra situada en el extremo oriental de la isla de Madeira. Esta península de origen volcánico ofrece un paisaje árido, dominado por impresionantes acantilados y formaciones rocosas en tonos ocres y rojizos, formadas por antiguas coladas de lava y cenizas volcánicas. El entorno contrasta de forma radical con el resto de la isla, donde abunda la vegetación y predomina el color verde.
Cuando el navegante João Gonçalves Zarco realizaba su travesía desde Porto Santo, el primer lugar de Madeira que divisó fue este entorno. Al ver tierra firme, exclamó: “Ó São Lourenço, chega!”, haciendo alusión al nombre de la carabela que comandaba, llamada São Lourenço.
Para conocer mejor la zona, realizaremos la ruta circular conocida como Vereda da Ponta de São Lourenço (PR8). El sendero comienza en la Baía d’Abra y finaliza en la Casa do Sardinha, un centro de apoyo del Parque Natural de Madeira. En este punto, los visitantes pueden descansar y obtener información sobre el entorno.
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Distancia: 7,5 km
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Desnivel positivo: 350 m
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Precio: 3 € para mayores de 12 años. El permiso se puede adquirir a través del portal SIMplifica o comprando el ticket al inicio o al final de la ruta.

Recomendaciones
¡MADRUGA, MADRUGA o MADRUGA! El aparcamiento de la Baía d’Abra es muy limitado y se llena rápidamente, especialmente en temporada alta. Recomendamos madrugar para asegurarse un aparcamiento cerca del inicio del sendero. A nuestra vuelta, vimos coches aparcados a más de 2,5 km del comienzo de la ruta.
Evita las horas de más calor: No hay ninguna sombra en todo el recorrido y el sol puede ser muy intenso en esta zona. Es fundamental protegerse bien con crema solar, gorra o sombrero y ropa adecuada.
Consulta el pronóstico del tiempo: Este lugar no es recomendable en días de mal tiempo. No hay refugio posible y el viento suele soplar con fuerza, lo que puede hacer peligrosa la ruta.
Calzado adecuado: Es obligatorio llevar calzado de trekking con buena suela, ya que el camino es pedregoso y algunos tramos pueden resultar resbaladizos. Vimos mucha gente con calzado nada adecuado para esta caminata.
Lleva agua: No hay fuentes en todo el recorrido. En la Casa do Sardinha se pueden comprar bebidas, pero es mejor ir preparado desde el principio.
Respeta el entorno: No te salgas del sendero balizado y lleva siempre contigo tu basura: no hay papeleras en la ruta. Ayuda a conservar este espacio natural tan especial.
Como indicábamos en el artículo de la Guía Completa de Madeira, recomendamos madrugar para visitar los lugares más populares de la isla. Siguiendo este criterio, pasadas las 8:00 de la mañana ya estábamos en el aparcamiento de la Baía d’Abra. Nos sorprendió la cantidad de gente que ya había llegado. Muchos habían madrugado mucho más que nosotros.
De hecho, este lugar es uno de los mejores puntos de la isla para ver el amanecer, ya que se encuentra en el extremo oriental. Mucha gente aprovecha para disfrutar del espectáculo desde allí. En nuestro caso, como veníamos desde el otro extremo de Madeira, no nos planteamos madrugar tanto.
El recorrido no tiene pérdida: hay un único sendero que todos debemos seguir. Aun así, por momentos puede resultar algo incómodo cruzarse con grandes grupos de gente que han partido tarde y caminan en sentido contrario, sin mostrar demasiado respeto por el resto de senderistas. Esta situación refuerza aún más nuestra mayor recomendación: ¡MADRUGAR, MADRUGAR o MADRUGAR!
Nada más comenzar, nos damos cuenta de que esto va a ser completamente distinto a la Madeira verde que conocemos. El paisaje cambia radicalmente. Aparecen tonos ocres, rojizos y negros, con un sendero bien definido que serpentea por la ladera. Aunque en su mayoría es de tierra, en algunos tramos está acondicionado, incluso con escaleras. El recorrido no es plano; es un constante sube y baja que se adapta al accidentado relieve de la península.


Las primeras vistas ya son impresionantes: acantilados escarpados y formaciones rocosas que cortan el aliento. A lo largo del camino encontraremos varios miradores naturales desde los que se aprecian ambas vertientes de la península: la costa norte, más salvaje y golpeada por el oleaje, y la costa sur, de aguas normalmente más tranquilas.

Tras cruzar el estrecho istmo, el sendero se abre paso hacia una zona más amplia. Nos dirigimos al Cais do Sardinha, un pequeño embarcadero desde donde parten excursiones en barco y donde es posible darse un baño. A escasos metros se encuentra un pequeño oasis de palmeras: es la Casa do Sardinha, una antigua casa agrícola rehabilitada que hoy funciona como área de descanso e interpretación del entorno. Aquí se puede hacer una pausa para recuperar energías.
Aunque la ruta oficial termina en la Casa do Sardinha, la verdadera joya del recorrido es el ascenso final a la Ponta do Furado, el mirador que corona la colina que se alza justo enfrente. Este tramo es el más empinado y exigente del recorrido: una subida corta pero intensa. El esfuerzo se ve recompensado al llegar a la cima, desde donde se disfrutan vistas espectaculares de los Islotes de Farol y de Agostinho y del faro que marca el extremo oriental de la isla.
Y regresaremos al coche por el mismo camino realizado

Mirador da Ponta do Rosto
Salimos rápidamente del aparcamiento de la Baía d’Abra, algo asustados por la gran cantidad de coches y lo lejos que había tenido que aparcar mucha gente. Gente que claramente no lee los tips Wonderland… ¡y no madruga! Es posible llegar en coche al Mirador de Ponta do Rosto, hemos recorrido menos de 3 km por carretera desde Baia d’Abra.
Las vistas desde este punto son muy similares a las de la Ponta de São Lourenço: acantilados escarpados, formaciones rocosas e islotes de siluetas caprichosas, donde los tonos oscuros y ocres del paisaje volcánico contrastan con el intenso azul del mar. Por su ubicación y el fácil acceso, Ponta do Rosto es también un lugar excelente para ver amaneceres.
La zona carece por completo de vegetación; el paisaje es árido y desolado. Sin embargo, al pie del acantilado, sorprendentemente brotan unas margaritas y flores lilas.

Mirando hacia el interior de Madeira, se distingue claramente el estrecho istmo que da forma a la península que estamos explorando

Prainha de Caniçal
En esta misma península de Ponta de São Lourenço, entre los acantilados se encuentra la Prainha de Caniçal, una pequeña playa de arena natural volcánica negra, una de las pocas de Madeira que no es de cantos rodados. A pesar de su tamaño reducido, cuenta con socorristas en temporada, duchas, aseos, un chiringuito e incluso servicio de alquiler de hamacas.
Junto a la carretera hay un aparcamiento amplio, y para acceder a la playa es necesario descender por una pista pavimentada hasta llegar a la orilla. Después de completar la caminata por la Vereda da Ponta de São Lourenço, darse un buen chapuzón aquí es un plan perfecto.

Caniçal
Al dejar atrás la península de Ponta de São Lourenço, llegamos a Caniçal, la primera localidad que encontramos en la costa este de Madeira. Este pequeño pueblo marinero, perteneciente al municipio de Machico, conserva aún el aire tranquilo y tradicional de antaño, a pesar de que su puerto se ha convertido hoy en uno de los principales centros logísticos de la isla, por donde entra y sale buena parte de las mercancías.
Caniçal tiene una historia profundamente ligada al mar. Durante siglos ha sido un enclave importante en la pesca del atún y en tiempos pasados, también en la caza de ballenas, una actividad hoy desaparecida, pero que marcó el carácter del lugar y forma parte de su memoria colectiva.
Tanto es así que Caniçal alberga el Museo de la Ballena , un moderno espacio que recoge la historia de esta práctica en Madeira. Con fósiles, maquetas a escala real y exposiciones interactivas, el museo ofrece una experiencia amena e instructiva, ideal tanto para adultos como para quienes viajan en familia.

Mirador del Pico do Facho
Entre Caniçal y Machico, dos localidades costeras del este de Madeira, ascendemos hasta el Mirador del Pico do Facho, situado a 280 metros de altitud. Desde este punto privilegiado se obtiene una excelente panorámica de Machico y del aeropuerto Cristiano Ronaldo, donde es posible observar cómo aterrizan y despegan los aviones.
El nombre Facho significa «antorcha» y no es casual. Antiguamente, aprovechando la altura del pico y su visibilidad, se encendían grandes hogueras en este lugar para alertar a la población ante la llegada de barcos enemigos o piratas.

Machico
Machico es la segunda localidad más antigua de Madeira, solo por detrás de Funchal. Se cree que fue en su bahía donde desembarcaron por primera vez los navegantes portugueses João Gonçalves Zarco y Tristão Vaz Teixeira en el año 1419. Por este motivo, Machico ocupa un lugar especial en la historia de la isla y es una localidad muy querida por los madeirenses.
Hoy en día, Machico destaca por su animado ambiente, tanto en sus calles como en sus playas. Entre estas, sobresale la playa de Banda Além, situada en la margen izquierda de la desembocadura de la Ribeira de Machico. Se trata de una playa de arena dorada traída del Sáhara, con una extensión de unos 70 metros de largo por 100 de ancho. Es un lugar muy popular para disfrutar en familia o con amigos, ideal para pasar una jornada de relax junto al mar.

En la margen izquierda de la desembocadura de la Ribeira de Machico se encuentra la playa natural de São Roque. Es la más extensa de la localidad y ocupa gran parte de la bahía. Como muchas playas de Madeira, está formada por guijarros, lo que hace que no sea tan concurrida como la cercana playa de Banda Além.

A lo largo de esta playa se extiende el paseo marítimo de Machico, un lugar ideal para caminar junto al mar, disfrutar del paisaje y observar la vida cotidiana de esta tranquila localidad costera. Cuando nosotros visitamos Machico se disputaba la Ultra Trail MIUT y aquí estaba situada la meta.

Junto al paseo marítimo de Machico se encuentra el Fuerte de Nossa Senhora do Amparo, una construcción que llama la atención por su color amarillo intenso y su característica forma triangular. Fue edificado en 1706 por orden del capitán Francisco Dias Franco, entonces secretario del Ayuntamiento de Machico, con el objetivo de proteger la ciudad de los frecuentes ataques piratas que amenazaban la costa.
Debido a su valor histórico y arquitectónico, el fuerte está clasificado como Bien de Interés Público. En la actualidad, acoge la Casa de Europa de Madeira y también la sede de la Asamblea Municipal de Machico.

Tras recorrer las playas y el paseo marítimo, nos adentramos en el casco antiguo de Machico, donde disfrutaremos de las encantadoras casas bajas que conservan todo el sabor tradicional. Como es habitual en la arquitectura madeirense, tanto la iglesia como el edificio del ayuntamiento destacan por sus fachadas blancas y sobrias. La iglesia de Nossa Senhora da Conceição que preside el centro histórico, fue construida en el siglo XV y es una de las más antiguas de toda Madeira.

Visitamos Machico un 25 de abril, una fecha de gran significado en la historia de Portugal. Ese día se conmemora la Revolución de los Claveles, ocurrida en 1974. Un levantamiento militar pacífico que puso fin a casi cinco décadas de dictadura y dio paso a la democracia en el país.
En la plaza situada entre la iglesia y el ayuntamiento se celebraba un festival de bailes tradicionales.

Cristo Rei de Garajau
Situado en la confluencia de la costa este y sur de Madeira, el Cristo Rei de Garajau es uno de los monumentos más emblemáticos de la costa oriental de la isla. La estatua se alza sobre un imponente acantilado en la localidad de Garajau, dentro del municipio de Santa Cruz.
De estilo Art Decó, fue realizada por los escultores franceses Georges Serraz y Pierre Lenoir en 1927. La escultura mide aproximadamente 14 metros de altura y representa a Cristo con los brazos abiertos, mirando al océano en actitud de bendición. De hecho, se considera precursora de otras estatuas similares como el Cristo Rei de Lisboa (1959) o incluso el icónico Cristo Redentor de Río de Janeiro.
La ubicación del monumento no es casual. Este promontorio, conocido en tiempos por los británicos residentes en la isla como Brazen Head, era tristemente famoso por ser el lugar donde se arrojaban al mar los cuerpos de personas, en su mayoría británicos no católicos, que no podían ser enterrados en los cementerios consagrados. Con el tiempo, la creación de un cementerio protestante británico puso fin a esa práctica. La construcción del Cristo Rei se interpreta como un gesto simbólico de redención y reconciliación.

Desde la base del monumento, se puede descender por unas 200 escaleras hasta llegar al mirador del Cristo Rei, desde donde se obtienen vistas espectaculares de la costa de Funchal y del Atlántico. Es un lugar perfecto para contemplar la escultura desde otra perspectiva y disfrutar del paisaje costero.
Otro de los grandes atractivos de Garajau es su playa. Esta cala de guijarros, ubicada en una pequeña bahía protegida dentro de la Reserva Natural Parcial de Garajau, es ideal para el baño. Sus aguas claras y tranquilas, unidas a la protección ambiental, garantizan una experiencia de contacto con la naturaleza. En esta zona la pesca está prohibida y la navegación, restringida, lo que ayuda a preservar la biodiversidad marina.
Para bajar los aproximadamente 200 metros de desnivel desde el aparcamiento hasta la playa, se puede utilizar el teleférico, una opción cómoda y panorámica que añade un toque especial a la visita.

