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Funchal: Qué ver y hacer en la capital de Madeira

A diferencia del resto de Madeira, donde predominan los paisajes agrestes, los bosques frondosos, los pueblos tranquilos y la naturaleza en estado puro, la capital Funchal  ofrece una experiencia diferente. Aquí se mezclan historia, jardines exóticos, vida cultural y un ambiente cosmopolita junto al mar. Es una ciudad viva y acogedora y el alma urbana de Madeira. El encanto colonial convive con el ritmo moderno de la vida isleña. Pasear por sus calles empedradas, asomarse a sus miradores o perderse entre los colores y aromas de sus mercados es solo el comienzo.

El nombre de Funchal proviene del término portugués funcho, que significa hinojo. Cuando los primeros colonos portugueses llegaron a la isla de Madeira en el siglo XV, encontraron en esta zona una abundante presencia de esta planta aromática. Impresionados por su fragancia, decidieron bautizar el lugar como «Funchal» ó «lugar de hinojo». Hay que decir  que a dia de hoy la presencia de hinojo en Funchal es nula.

Acompáñanos porque en este artículo te mostraremos los lugares imprescindibles para descubrir todo lo que Funchal tiene que ofrecer. Y para que no te pierdas nada durante tu experiencia por la ciudad, hemos preparado un completo mapa con todas las ubicaciones destacadas.

Si dispones de más tiempo para Funchal, una buena opcion para un primer aproximamiento es hacer un Free Tour por Funchal

Teleférico Funchal – Monte

El teleférico de Funchal a Monte aparece en primer lugar en nuestro artículo no porque sea el lugar más interesante de la ciudad —aunque sin duda está entre los más destacados—, sino porque siguiendo los consejos que compartimos en nuestra guía práctica de Madeira, decidimos subir a primera hora, antes de que se llenara de gente. Y acertamos. Al regresar más tarde a Funchal, comprobamos cómo la cola para acceder al teleférico era gigantesca.

El teleférico de Funchal a Monte es una de las experiencias más populares de Madeira y una forma espectacular de conectar el centro de la ciudad con la zona alta de Monte. Desde su estación de salida, situada en la parte baja de Funchal junto al Jardim Almirante Reis, el teleférico asciende suavemente hasta Monte, una localidad ubicada a unos 560 metros de altitud. El trayecto tiene una duración aproximada de 15 minutos y recorre más de tres kilómetros, ofreciendo vistas panorámicas inolvidables de la ciudad, el puerto y las montañas que rodean la isla.

Precios 2025: 20 € ida y vuelta, 14 € solo ida.

Jardín Tropical Monte Palace

Uno de los principales atractivos de Monte es el Jardín Tropical Monte Palace, un lugar singular y sorprendente que combina una exótica colección de flora con arte de diversas partes del mundo.

Su historia se remonta al siglo XVIII, cuando el cónsul inglés Charles Murray transformó una propiedad cercana a la Iglesia de Monte en una finca llamada Quinta do Prazer. Años más tarde en 1897, el empresario Alfredo Guilherme Rodrigues adquirió el terreno y construyó un palacete inspirado en los castillos del Rin. Este edificio se convirtió en el Monte Palace Hotel, un lujoso alojamiento con vistas privilegiadas a la bahía de Funchal.

Tras la muerte de Rodrigues en 1943, el hotel cerró sus puertas. Décadas después en 1987, el empresario José Berardo compró la propiedad y emprendió su transformación en lo que hoy conocemos como el Jardín Tropical Monte Palace. Desde entonces, el espacio ha sido cuidadosamente rehabilitado y ampliado y no solo funciona como jardín botánico, sino también como un auténtico museo al aire libre. En él se fusionan jardines de inspiración oriental, esculturas africanas, arte contemporáneo y una impresionante variedad de vegetación procedente de los cinco continentes.

Datos Técnicos:

Web: montepalacemadeira.com
Precio 2025: 15 €, menores de 14 años gratis
Horario: 9.00 – 18.00 
Área: 70.000 m²
Flora: 100 000 especies exóticas 
Fauna libre: cisnes, patos, pavos reales, flamencos, ocas, y peces koi en lagunas japonesas
Museos: Museo de Arte Moderno y Contemporáneo y el Museo de Minerales y Fósiles

Mapa del jardin que nos entregaron en la entrada

Disfrutamos muchísimo en el Jardín Tropical Monte Palace. Como de costumbre, llegamos a primera hora y bajamos rápidamente por el camino de la izquierda hasta la parte más baja del jardín, donde no había absolutamente nadie. A medida que fuimos subiendo poco a poco, nos íbamos encontrando con más y más visitantes.

Aunque nos impresionó la exuberancia de la flora —vimos miles de especies vegetales exóticas, desde helechos gigantes y palmeras hasta cactus, plantas tropicales y flores coloridas de los cinco continentes, lo que realmente nos encantó fue la estructura del jardín en sí: su diseño, las construcciones de inspiración oriental, los estanques, esculturas, pasarelas y todos los elementos decorativos que lo convierten en un lugar único.

Además de su riqueza botánica, el jardín sorprende con una gran variedad de elementos decorativos: esculturas orientales, pagodas, paneles de azulejos portugueses, fuentes, cascadas artificiales y galerías de arte al aire libre. En su museo subterráneo se expone una de las colecciones más importantes de escultura contemporánea africana, además de una interesante muestra de minerales procedentes de todo el mundo.

Una de las zonas más llamativas del Jardín Tropical Monte Palace es la que está inspirada en los jardines tradicionales de Japón. En este espacio se combinan elementos típicos como puentes de madera roja, faroles de piedra, estanques con carpas koi, pagodas y esculturas de dragones, creando una atmósfera de paz y armonía. Rodeado de bambús, helechos y árboles cuidadosamente podados, el paisaje recuerda a un jardín zen.

Otra cosa que nos llamó la atención fue encontrarnos con diferentes especies de animales que se mueven libremente por el jardín. Es fácil ver elegantes cisnes, patos, flamencos y ocas en los estanques, mientras que los pavos reales pasean tranquilamente por los caminos, desplegando su plumaje con orgullo. También nos sorprendieron los coloridos peces koi que nadan en los estanques de las zonas decoradas al estilo japonés.

Como no podía ser de otra manera, la flora tiene un papel importantísimo en el jardín.

El lago central del jardín es uno de los puntos clave del recorrido, tanto por su belleza como por la calma que transmite. No es de extrañar que también sea uno de los lugares donde más visitantes se concentran.

De forma alargada y rodeado de una frondosa vegetación, el lago acoge dos pequeñas islas, un puente de estilo japonés, una imponente torre con chorros de agua y una magnífica cascada. En sus aguas tranquilas nadan majestuosos cisnes blancos, ocas y coloridas carpas koi, que añaden un toque vibrante y exótico al paisaje.

Nuestra visita duró casi tres horas, aunque con tranquilidad podríamos haber pasado fácilmente una hora más. Sin embargo, teníamos que continuar nuestro recorrido por Funchal.

Iglesia de Nuestra Señora del Monte

Justo al lado del Jardín Tropical Monte Palace, en su parte alta, se encuentra la Iglesia de Nossa Senhora do Monte, uno de los principales puntos de interés religioso y cultural de la isla de Madeira. Este templo no solo destaca por su arquitectura y su historia, sino también por su profundo valor espiritual para los madeirenses.

La construcción de la iglesia actual comenzó en 1741, sobre los restos de una antigua ermita del siglo XV. Sin embargo, apenas siete años después, un terremoto destruyó gran parte del edificio. Tuvieron que pasar más de 70 años para que la iglesia fuera finalmente restaurada y completada.

Además de su importancia religiosa, el templo alberga un elemento histórico de gran relevancia ya que en su interior descansan los restos de Carlos I de Austria —también conocido como Carlos IV de Hungría—, el último emperador del Imperio Austrohúngaro. Tras su abdicación y exilio, Carlos se trasladó a Madeira en 1921, donde falleció al año siguiente en 1922, a la edad de 34 años, víctima de una neumonía. Fue beatificado en 2004 por el Papa Juan Pablo II, en reconocimiento a sus esfuerzos por promover la paz durante la Primera Guerra Mundial.

Carreiros Do Monte

A los pies de la escalinata de la iglesia de Monte nos encontramos con los Carreiros do Monte, una imagen icónica que identifica a Madeira en todo el mundo. La cola para descender en estos peculiares carros desde Monte hasta Livramento suele ser larga, ya que se trata de una experiencia muy popular entre los visitantes. Eso sí, el precio puede parecer algo elevado. Oscila entre 27,50 € y 52,50 €, dependiendo de si el descenso es para una, dos o tres personas.

Cada carro es guiado por dos carreiros, vestidos con ropa blanca y sombrero de paja, que frenan y maniobran con gran destreza utilizando sus botas. Aunque el recorrido dura apenas unos diez minutos y cubre unos dos kilómetros, puede alcanzar velocidades cercanas a los 50 km/h. Esta combinación de tradición, adrenalina y paisajes hace que el paseo sea una experiencia inolvidable.

El origen de los Carreiros do Monte se remonta a mediados del siglo XIX, cuando los habitantes del barrio de Monte —principalmente de clase acomodada— idearon una solución ingeniosa para descender rápidamente hacia Funchal, los carros de cesto. Estos trineos de mimbre, montados sobre patines de madera, se deslizaban por las empinadas cuestas de la isla y servían tanto para transportar personas como productos agrícolas. Con el tiempo, la práctica evolucionó y, a principios del siglo XX, se consolidó como una de las atracciones turísticas más singulares de Madeira.

Mercado dos Lavradores

Nosotros bajamos en el teleférico, no teníamos intención de usar los Carreiros do Monte, y al ver la enorme cola y los precios, lo descartamos por completo. Además, hay que tener en cuenta que el recorrido en carro termina en Livramento, y desde allí hasta el centro de Funchal hay más de 2,5 km cuesta abajo. En cambio, en el teleférico bajamos tranquilamente, completamente solos. Lo curioso fue que, al llegar a la estación inferior en Funchal, nos sorprendió la larguísima cola de gente esperando para subir.

Habíamos dejado el coche a primera hora de la mañana en el aparcamiento Almirante Reis. Al mediodía regresamos un momento para dejar algo de ropa que nos sobraba por el calor. Por la mañana, este enorme parking de cinco plantas estaba prácticamente vacío, pero a esas horas ya no quedaba ni un sitio libre, y la cola para entrar era considerable. Confirmamos nuestro lema: “Madruga, madruga o madruga”. El aparcamiento es caro —unos 15 € al día—, pero está muy céntrico y las plazas son amplias.

Desde el parking fuimos directamente al Mercado dos Lavradores, que habíamos visto en varios documentales y programas de viajes sobre Madeira. Es una visita obligada en Funchal, aunque en cierto modo, nos decepcionó, Nos pareció un espacio demasiado orientado al turismo, esperábamos algo más auténtico y local. Eso sí, llama la atención ver a vendedoras de avanzada edad ataviadas con los trajes típicos de Madeira, llenos de colores vivos.

De entrada el edificio, construido a mediados del siglo XX, impresiona por su forma trapezoidal y su estilo que combina elementos del modernismo y el art decó. En el centro del edificio hay un gran patio donde se encuentra la sección de frutas.

En la planta baja se halla la pescadería, donde pudimos ver el famoso pez espada negro y enormes atunes (cuando están en temporada, porque fuera de ella son congelados), dos productos representativos del mar madeirense. Nos pareció muy auténtico observar cómo los pescaderos manipulaban los cientos de peces espada que había en el mercado.

La sección más llamativa es sin duda la dedicada a las frutas exóticas y tropicales, muchas de ellas únicas de Madeira. Encontramos variedades sorprendentes de maracuyá, chirimoya, banana de Madeira, anona, mango, papaya, pitanga, guayaba, banana-maracuyá, tomate inglés (tamarillo), fruta del dragón, carambola, cajú, tangerina-manga y maracuyá-limón, entre otras. Todos los puestos son muy vistosos y con la fruta colocada muy ordenadamente. Los vendedores ofrecen degustaciones a los turistas pero los precios nos parecieron exageradamente caros. Una auténtica «turistada».

En otras zonas del mercado también se pueden encontrar flores frescas, como las típicas estrelicias, orquídeas y anturios, que aportan un colorido especial al ambiente. Además, se venden productos artesanales como cestas de mimbre, bordados, cerámicas, licores caseros, dulces tradicionales, mermeladas y mieles locales.

Era hora de comer y nos dirigimos a la Rua Santa Maria, proxima al Mercado do Lavradores

Rua Santa Maria

En el corazón del casco antiguo de Funchal (Zona Velha) se encuentra la Rua Santa Maria, una calle estrecha y adoquinada con una rica historia que se remonta a 1430, pocos años después del descubrimiento y la colonización de Madeira.

Es un lugar ideal para disfrutar de la gastronomía madeirense ya que la calle está repleta de restaurantes, bares y cafés que ofrecen una amplia variedad de opciones, desde cocina portuguesa tradicional hasta propuestas internacionales.

Uno de los motivos que más nos atrajo de la Rua Santa Maria fue descubrir sus famosas puertas pintadas. Hasta el año 2010, esta calle presentaba un aspecto bastante degradado y descuidado. Muchos de sus edificios estaban deshabitados o en ruinas, y la calle a pesar de su valor histórico, carecía de vida y color.

El fotógrafo madrileño José María Zyberchema solía pasear con frecuencia por esta zona, capturando con su cámara cada detalle que llamaba su atención. La gente se sorprendía de que solo fotografiara elementos “viejos y deteriorados”, a lo que él respondía simplemente: “Fotografío lo que veo”. Con el respaldo de distintas instituciones, Zyberchema impulsó el proyecto artístico «artE de pORtas abErtas«. Su propuesta consistía en transformar las puertas y fachadas abandonadas en lienzos para artistas locales e internacionales, con el objetivo de devolver la vida a un barrio que durante años había sido símbolo de abandono y decadencia.

Desde entonces, más de 200 puertas han sido intervenidas con pinturas, esculturas, frases, collages e incluso instalaciones que incorporan materiales como espejos, madera o metal. Las obras son muy diversas en estilo y técnica, y abordan temas como la identidad local, la memoria urbana, la fantasía o la crítica social. Algunas son abstractas, otras figurativas, y muchas invitan a la reflexión o al juego visual.

Al principio, parte de los vecinos y propietarios se mostraron reacios al proyecto. Sin embargo, gracias al apoyo del Ayuntamiento de Funchal —que facilitó materiales y permisos—, la iniciativa siguió adelante. Hoy en día, quienes antes dudaban se muestran encantados ya que donde antes había abandono, ahora hay color, creatividad y vida. Con el tiempo, el proyecto ha traspasado los límites de la Rua Santa Maria y se ha extendido a otras calles cercanas, como la Rua dos Barreiros, la Rua do Corpo Santo o la Travessa das Torres.

Video corto con varias puertas de la Rua Santa Maria.

Forte de São Tiago

Continuando por la Rua Santa Maria en dirección al mar, se alza el Forte de São Tiago, una fortaleza militar construida a principios del siglo XVII para defender la ciudad de los frecuentes ataques de piratas y corsarios. Este tipo de construcciones defensivas era habitual en la isla, como hemos podido comprobar al visitar otros fuertes en localidades como Machico, Porto Moniz o Ribeira Brava.

Su ubicación justo junto al mar, permitía vigilar la entrada al puerto y proteger a la población. Su color amarillo intenso y su silueta robusta le han convertido en uno de los monumentos más fotogénicos de la ciudad. La arquitectura del Forte de São Tiago es un claro ejemplo del diseño militar portugués del siglo XVII, concebido para resistir ataques navales y proteger el litoral. Está rodeado por gruesas murallas de piedra volcánica, de un color oscuro original, aunque el edificio principal luce hoy un llamativo color amarillo ocre, resultado de restauraciones más recientes. En las esquinas se elevan garitas de vigilancia desde donde los soldados podían controlar el horizonte marítimo.  Desde la parte superior de las murallas se obtiene una vista panorámica privilegiada del océano y del puerto de Funchal. 

Actualmente, el acceso al fuerte es gratuito y está abierto al público. En su interior alberga el Restaurante do Forte, un espacio muy apreciado tanto por locales como por turistas, ideal para una cena con vistas al mar.

Praça do Município

 Nos dirigimos hacia el centro neurálgico de Funchal, comenzando nuestra visita en la Praça do Município. Este espacio es uno de los más representativos de la ciudad y alberga importantes construcciones como el Ayuntamiento de Funchal, el Museo de Arte Sacro y la Iglesia del Colegio de los Jesuitas. La plaza destaca por su amplitud y elegancia, con un suelo completamente pavimentado en mosaicos tradicionales de piedra portuguesa.

La Praça do Município no solo reúne un valioso patrimonio histórico, sino que también es un punto de encuentro muy concurrido tanto para locales como para visitantes. Además, por su espacio amplio y posición estratégica, esta plaza acoge a lo largo del año numerosos eventos culturales y celebraciones populares.

Catedral de Funchal

Unos metros más abajo nos encontramos con la Catedral de Funchal, conocida como la Sé Catedral de Nuestra Señora de la Asunción. Es uno de los monumentos más emblemáticos y antiguos de Madeira, además de ser el lugar de culto más importante de toda la isla. Se trata de una de las pocas construcciones que han permanecido prácticamente intactas desde los primeros años de la colonización portuguesa, motivo por el cual está clasificada como Monumento Nacional.

A diferencia de otras iglesias de Madeira, cuyas fachadas suelen ser completamente blancas, la Catedral de Funchal combina piedra caliza blanca con ladrillo marrón oscuro, creando un contraste singular. Su arquitectura fusiona elementos del estilo manuelino con influencias góticas, ofreciendo una imagen imponente y única en la isla.

Llama la atención el techo de la catedral. Está construido en madera de cedro, tallado y pintado a mano con motivos geométricos y figuras de animales, además de detalles incrustados en marfil. Está considerado una de las obras de arte mudéjar más bellas de Portugal.

Avenida Arriaga

Desde la misma Catedral de Funchal comienza la Avenida Arriaga, una de las principales arterias del centro histórico y un paseo imprescindible para quienes visitan la capital de Madeira. A ambos lados de la avenida se alzan grandes árboles que proporcionan sombra y frescor, mientras que el suelo está decorado con la tradicional calçada portuguesa en blanco y negro, que aporta un aire elegante a la avenida.

Lo primero que nos llamó la atención fue su nombre: Arriaga. Rápidamente lo asociamos con el Teatro Arriaga de Bilbao, aunque en realidad la avenida debe su nombre a Manuel de Arriaga, primer presidente de la República Portuguesa y natural de Madeira.

A lo largo de esta avenida se concentran algunos de los edificios más significativos de Funchal, como el Palacio del Gobierno Regional, el edificio del Banco de Portugal, el histórico Hotel Ritz, el Teatro Municipal Baltazar Dias y las famosas Bodegas Blandy’s.

En el corazón de la avenida se abre la Plaza Central de Funchal, un espacio vivo donde suelen celebrarse ferias, mercadillos y conciertos. Durante nuestra visita, coincidimos con el animado Festival del Ron. Muy cerca de allí, junto al fuerte de São Lourenço, se encuentra otro de los rincones más queridos por los locales con la estatua de João Gonçalves Zarco, uno de los descubridores de la isla.

Jardines y Parques Públicos

Al inicio del artículo comenzamos describiendo el Jardín Tropical de Monte. Además de este, Funchal cuenta con el Jardín Botánico, que no tuvimos ocasión de visitar, pero que puede ser una excelente opción si se dispone de más días para explorar la ciudad.

Más allá de estos dos grandes jardines, también merece la pena conocer algunos de los parques y espacios verdes situados en pleno centro de Funchal, que invitan al paseo y al descanso entre visitas culturales.

Jardín Municipal de Funchal

Situado en la misma Avenida Arriaga se encuentra el Jardín Municipal de Funchal, también conocido como Jardín Dona Amélia. Teníamos ganas de visitarlo, pero salimos un tanto decepcionados, ya que esperábamos mucho más. Se recorre rápidamente, y quizás nuestras expectativas eran demasiado altas tras haber disfrutado del Jardín Tropical de Monte.

Aun así, hay que reconocer que este jardín urbano es uno de los lugares preferidos por locales y visitantes para descansar, pasear o disfrutar de un momento de tranquilidad rodeados de naturaleza, sin alejarse del bullicio del centro.

Con una superficie de 8.300 m², alberga una notable variedad de especies botánicas, tanto propias de la flora de Madeira como procedentes de otras partes del mundo. Muchas de ellas están identificadas, lo que aporta un valor añadido a la visita.

Parque Santa Catarina

Unos metros más adelante de la Avenida Arriaga, tras cruzar la rotonda, comienza la Avenida do Infante, una de las principales arterias de Funchal. A su izquierda se encuentra el Parque de Santa Catarina, situado en una posición elevada sobre el puerto, lo que le otorga unas vistas privilegiadas hacia el mar.

Este parque urbano es uno de los más populares y frecuentados de la ciudad. Con una superficie de 36.000 m², destacan sus extensas praderas de césped perfectamente cuidadas, donde los niños juegan con el balón, vuelan cometas y las familias se reúnen para hacer picnics.

Además de las zonas de césped, encontramos jardines floridos con una gran variedad de árboles y plantas ornamentales. Uno de sus rincones más tranquilos es el lago, hogar de cisnes y patos. A su alrededor hay bancos desde los que se puede observar el relajante movimiento del agua y la vida de las aves… o simplemente descansar tras un intenso día recorriendo Funchal. De hecho, tenemos que confesar que nos tuvimos que levantar del banco porque estábamos a punto de caer rendidos en brazos de Morfeo.

El parque también cuenta con una zona de juegos infantiles para los más pequeños, y en ocasiones se habilita como espacio para conciertos y eventos al aire libre. Junto a la entrada a mano izquierda, se alza una pequeña capilla blanca dedicada a Santa Catarina, reconstruida en el siglo XVII sobre otra más antigua que fue mandada construir por Constança Rodrigues de Almeida, esposa del primer capitán de Funchal, João Gonçalves Zarco.

Museo de CR7

Desde el Parque de Santa Catarina descendemos hacia el paseo marítimo, y lo primero que nos encontramos es el Museo CR7, dedicado al futbolista Cristiano Ronaldo, nacido en Madeira y auténtico ídolo local. En principio no teníamos intención de mencionarlo en este artículo, pero sabemos que entre nuestros lectores hay algún que otro merengue, así que ahí va una breve reseña.

El museo exhibe una amplia colección de trofeos y galardones que Ronaldo ha ido acumulando a lo largo de su carrera, así como camisetas, botas y otros objetos personales relacionados con sus años en los distintos clubes. No faltan, por supuesto, las fotografías, vídeos y montajes que ensalzan la figura de este icono del fútbol portugués.

Nosotros llegamos hasta la puerta, pero al ver la ya horrorosa figura de bronce que lo representa —totalmente desproporcionada y con un parecido más que cuestionable—, decidimos dar media vuelta y seguir nuestro camino.

Avenida do Mar

Desde el Museo CR7 hasta la Plaza de la Autonomía, próxima al teleférico, se extiende la Avenida do Mar, una de las arterias principales de Funchal. Esta avenida discurre paralela al mar, y su paseo marítimo, flanqueado por palmeras, invita a caminar tranquilamente a cualquier hora del día, disfrutando de la brisa marina. A lo largo del recorrido se obtienen magníficas vistas de la bahía de Funchal, el puerto, los barcos que entran y salen, y las colinas que rodean la ciudad.

Uno de los lugares donde merece la pena detenerse es la Marina de Funchal, donde se alinean numerosos yates y embarcaciones de recreo. Desde aquí parten muchas de las excursiones en barco, ya sea para el avistamiento de delfines y ballenas o para recorrer la costa y admirar los acantilados desde el mar.

Un poco más adelante nos encontramos con la Praça do Povo, un espacio moderno inaugurado en 2014 que cuenta con amplias zonas de ocio y deporte. Es un lugar ideal para sentarse en uno de sus muchos bancos, contemplar el paisaje o simplemente observar el ir y venir de la gente en un ambiente relajado. Gracias a su ubicación privilegiada y su amplitud, esta plaza suele acoger todo tipo de eventos culturales y festivos a lo largo del año.

Durante nuestra visita, tuvimos la suerte de coincidir con la Expo-Tropical, una feria dedicada a promover las frutas subtropicales y sus derivados. Allí se podían encontrar bananas, maracuyás, anonás, aguacates y papayas, junto con una gran variedad de productos elaborados como mermeladas, licores, helados y zumos. Además de las frutas, había puestos de comida y bebida,  el ambiente festivo se completaba con espectáculos y conciertos en un gran escenario instalado en la plaza.

Curiosamente, la última foto que tomamos en Funchal fue junto al cartel de Madeira, ese que da la bienvenida a los visitantes y que tantos aprovechamos para llevarse un recuerdo fotográfico de su paso por la isla.

Degustando Madeira

Para terminar el artículo, no podemos dejar de mencionar algunas propuestas gastro-enológicas imprescindibles para el paladar. En Funchal, es posible catar y conocer de cerca los famosos vinos y rones de Madeira, con siglos de historia a sus espaldas, mientras nos dejamos tentar por dulces tradicionales que aún conservan sus recetas centenarias. Una forma deliciosa de despedirse de la isla: brindando con un vino generoso y endulzando el recuerdo con un bocado típico de su repostería.

Bodega Blandy’s

Cuando caminabamos por la avenida Arriaga entramos en el recinto de las Bodegas Blandy’s una de las bodegas más emblemáticas de Madeira. A lo largo de siete generaciones, la familia Blandy ha elaborando vino de Madeira en este lugar, combinando tradición y modernidad, desempeñando un papel fundamental en el desarrollo del famoso Vino de Madeira.

Blandy’s Wine Lodge ofrece varios tours para explorar el Vino de Madeira. El Lodge Tour (15€) es de 45 minutos con cata de dos vinos. El Premium Tour (20€) dura 90 minutos y suma una cata de cuatro vinos, incluyendo un Vintage. Para una experiencia más exclusiva, el Vintage Premium Tour (54€) te permite probar cuatro vinos Vintage especiales. También hay un Private Tour (140€/persona) muy exclusivo.

Bodega Pereira D’Oliveira

Pereira D’Oliveira es una de las bodegas más antiguas y prestigiosas de Madeira, ubicada en pleno centro histórico de Funchal. Fue fundada hacia 1850 por João Pereira D’Oliveira y ocupa un edificio del siglo XVII que anteriormente albergó un colegio de jesuitas. Al cruzar sus puertas, el visitante se sumerge en una atmósfera de otra época con techos altos, toneles de madera oscura y ese inconfundible aroma a vino añejo que lo impregna todo.

A diferencia de otras bodegas, en Pereira D’Oliveira no se realizan visitas guiadas. Sin embargo, ofrecen generosas catas gratuitas de tres tipos de vino de Madeira: seco, semiseco y dulce. Te sirven las tres copas de vino pero no han ninguna explicación sobre el vino que se cata. Si alguno te ha gustado, puedes comprarlo directamente allí… o marcharte tranquilamente, agradeciendo la experiencia sin compromiso alguno. 

Madeira Rum Festival

En la Plaza Central de la Avenida Arriaga tuvimos la suerte de coincidir con el Madeira Rum Festival, que celebraba su séptima edición, como es habitual a finales de abril. Durante cinco días, todos los productores de ron de la isla se reúnen para ofrecer degustaciones gratuitas de sus rones y ponchas, la bebida más tradicional de Madeira.

Pero el festival va más allá de las catas. También incluye masterclasses, charlas informales con productores, maridajes comentados y otras actividades en torno al mundo del ron, todo ello ambientado con música en directo.

Fábrica Santo Antonio Galletas

Queríamos terminar este reportaje con un buen sabor de boca, y para ello visitamos la Fábrica de Santo António, una de las tiendas más emblemáticas de Madeira. Fundada en 1893, surgió con la intención de sustituir las galletas importadas desde Inglaterra, muy populares en la isla debido a la fuerte presencia británica de la época. La idea fue simple pero efectiva: ofrecer productos locales, elaborados con recetas caseras y un sabor auténtico. Más de 130 años después, la fábrica sigue en manos de la misma familia, ya en su quinta generación.

Entre sus productos estrella se encuentran el famoso Bolo de Mel de Cana (pastel de miel de caña), una amplia variedad de galletas y bizcochos elaborados con recetas centenarias, así como mermeladas de frutas locales y caramelos tradicionales.

La decoración del local parece detenida en el siglo XIX. El interior conserva gran parte del mobiliario original: estanterías de madera oscura repletas de latas con diseños vintage, frascos de cristal llenos de caramelos, y una antigua vitrina que exhibe los productos. En el mostrador, encontramos un par de básculas antiguas y una caja registradora clásica, que aunque ya no se utilizan, aportan un encantador toque nostálgico. Para pesar los productos y realizar los cobros, por supuesto, se usa maquinaria moderna.

Sin duda, una parada encantadora para comprar dulces y llevarse algún regalito comestible como recuerdo de Madeira.

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