Interior de Madeira

Como la gran mayoría, llegamos a Madeira atraídos principalmente por el encanto de su interior, en especial por sus famosas levadas. Hasta ahora en el blog habíamos hablado sobre todo de la costa. Pero más allá de las postales de acantilados y pueblos junto al mar, el interior de Madeira ofrece una experiencia muy distinta, marcada por la montaña, la humedad y una vegetación exuberante.
En esta zona se concentra buena parte del sistema de senderos y canales de agua tradicionales, conocidos como levadas, así como las cumbres más altas de la isla y una red de carreteras panorámicas que conectan pequeños pueblos, miradores y áreas naturales protegidas. Es un destino ideal para quienes buscan caminar, sumergirse en la naturaleza y disfrutar de un ritmo más pausado. Además, es el corazón ecológico de Madeira ya que en sus bosques se conservan especies endémicas y ecosistemas únicos en Europa, como la laurisilva, reconocida como Patrimonio Mundial.
Indice del artículo
Pico Areeiro
Con sus 1.818 metros de altitud, el Pico do Arieiro es el tercer punto más alto de Madeira y uno de los lugares más espectaculares para contemplar un amanecer en la isla. Su altura, su perfecta orientación hacia el este y la posibilidad de situarse por encima del mar de nubes lo convierten en un mirador privilegiado para vivir una experiencia única con las primeras luces del día.
Además, su acceso es muy sencillo. Se puede llegar en coche hasta la cima, lo que facilita mucho la visita… pero también implica que el lugar se llena de gente antes de que amanezca, todavía en plena oscuridad.

Consejos para disfrutar al máximo del amanecer:
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Consulta el parte meteorológico. No merece la pena subir si el tiempo no acompaña; las nubes o la lluvia pueden arruinar completamente la experiencia.
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Revisa la hora exacta del amanecer en alguna web fiable. Intenta llegar al menos una hora antes para encontrar sitio en el aparcamiento superior. Si no, tendrás que dejar el coche más abajo y subir caminando.
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Lleva tarjeta de crédito para pagar el parking. Solo hay dos máquinas y suele haber cola. El precio en el parking de arriba es exagerado (un coste aproximado de 4 euros por hora), pero al final todos pasamos por el aro y pagamos si queremos disfrutar del amanecer.
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Abrígate bien. A esa altitud y a esas horas hace frío y es muy probable que sople el viento. Una manta o una toalla calentita también pueden ser útiles.
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Usa un frontal o linterna. Te ayudará a moverte con seguridad en la oscuridad.
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Asegúrate de tener batería suficiente y espacio libre en la cámara o el móvil. Querrás hacer muchas fotos.
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Busca un buen lugar. Nosotros lo vimos desde el mirador de Juncal, en primera línea: una panorámica impresionante.
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Llévate algo de comer o un termo con café. A esas horas la cafetería está cerrada y seguramente habrás salido de tu hotel sin desayunar o lo has hecho muy temprano.




Cuando amanece, comenzamos a distinguir el entorno del Pico do Arieiro, y enseguida nos llama la atención una gran cúpula blanca que parece sacada de una película de ciencia ficción. Se trata de una estación de radar militar aún en funcionamiento, utilizada para el control del tráfico aéreo en el Atlántico. Aunque no es visitable, resulta muy llamativa. La carretera que llega hasta la cima fue construida originalmente para facilitar el acceso al radar, y hoy en día es utilizada principalmente por visitantes y montañeros que se acercan hasta aquí para disfrutar del paisaje.
A esta hora ya está abierto el bar y los baños, que son de pago.

Vereda do Areeiro
Después de contemplar el amanecer, la siguiente propuesta que te ofrecemos es realizar el sendero de la Vereda do Areeiro (PR1), una de las rutas más emblemáticas y desafiantes de Madeira. Este espectacular recorrido une los picos más altos de la isla: el Pico do Areeiro (1.818 m) y el Pico Ruivo (1.862 m), a lo largo de un sendero de unos 7 kilómetros (solo ida), con un desnivel acumulado considerable y paisajes de gran belleza.
Si decides hacer el trayecto de ida y vuelta, el recorrido total ronda los 14 kilómetros. Otra opción más cómoda y práctica es reservar una excursión con Civitatis que parte del Pico do Areeiro y finaliza en Achada do Teixeira, pasando por el Pico Ruivo. Al llegar a tu destino, un vehículo te estará esperando para llevarte de regreso a Funchal.
El sendero incluye escaleras esculpidas en la roca, túneles excavados en la roca y tramos con escarpes equipados con barandillas. Es un camino que requiere cierta preparación física y no se recomienda a personas con vértigo, aunque está bien señalizado y mantenido. A lo largo de la ruta, disfrutarás de vistas sobre un paisaje de crestas afiladas, valles profundos y, casi seguro, un mar de nubes bajo tus pies.




Es necesario pagar un pequeño permiso de 3 €, obligatorio para mayores de 12 años. Puede adquirirse online o en el inicio del sendero.
Es importante tener en cuenta que el sendero PR1 Vereda do Areeiro ha estado parcialmente cerrado en los últimos tiempos. Por ello, antes de emprender la aventura, es fundamental verificar el estado actual del sendero en la web oficial de Senderos Clasificados. En la actualidad, solo se puede recorrer el tramo entre el Pico do Areeiro y el Mirador de Pedra Rija, un recorrido de apenas 1,2 km conocido como la «Escalera al Cielo». Aunque corto, ofrece vistas espectaculares y merece la pena, pero al coincidir con el amanecer suele concentrarse muchisima gente.
El cierre de la ruta se debe a desprendimientos de rocas que dañaron los cables de seguridad y otras partes de la infraestructura, agravados por un incendio forestal en agosto de 2024 que afectó seriamente esta zona de la isla. Aunque inicialmente se esperaba reabrir el sendero por completo a mediados de 2025, sigue cerrado más allá del mirador debido a motivos de seguridad y trabajos de rehabilitación.




Pico Ruivo
Ya mencionamos en nuestro artículo sobre la costa noreste de Madeira al Pico Ruivo, el punto más alto de la isla, con sus 1.862 metros sobre el nivel del mar.
Contemplar el amanecer desde su cima es una experiencia difícil de olvidar. Ya hemos recomendado hacerlo desde el Pico do Areeiro, esta opción puede resultar abrumadora para quienes buscan tranquilidad y soledad en la montaña. La ventaja del Pico Ruivo es que al no ser tan accesible, la afluencia de visitantes suele ser mucho menor. Eso sí, esto implica madrugar muchísimo.
Una de las formas más sencillas de alcanzar la cima es comenzar la caminata en Achada do Teixeira. Desde allí parte un sendero perfectamente señalizado de unos 3 kilómetros de longitud. La dificultad del recorrido se considera baja a moderada, por lo que es apto para la mayoría de los senderistas.
Una vez en la cima —especialmente en días despejados—, la recompensa es inmediata: una vista de 360 grados que abarca desde el cercano Pico do Areeiro hasta gran parte de la isla y la inmensidad azul del Atlántico. La majestuosidad del relieve montañoso de Madeira se despliega ante tus ojos en una panorámica inolvidable.

Las Levadas de Madeira
La gran mayoría de quienes visitan Madeira lo hace atraída por sus famosas levadas y las rutas de senderismo que discurren junto a ellas. Pero, ¿qué son exactamente las levadas?
Se trata de antiguos canales de riego cuyo nombre proviene del verbo portugués levar (transportar). Fueron diseñados para conducir el agua desde las zonas montañosas del norte, donde abundaba el agua hasta las tierras más secas del sur, favoreciendo así la agricultura en la isla. Su construcción comenzó en el siglo XVI y con el tiempo, se desarrolló un sistema de más de 2.000 kilómetros de longitud, considerado hoy una auténtica obra de ingeniería.
Aunque nacieron con fines agrícolas, las levadas se han convertido en uno de los grandes atractivos turísticos de Madeira. Muchas de ellas cuentan con senderos paralelos que atraviesan bosques de laurisilva, bordean acantilados vertiginosos y cruzan túneles excavados en la roca. Estos caminos permiten descubrir rincones remotos e inaccesibles por otros medios. Además, al seguir el curso natural del agua, suelen tener pendientes suaves, lo que los hace ideales para caminantes de todos los niveles.

Si estás planeando un viaje a Madeira, caminar junto a una levada es una experiencia que no deberías perderte. Durante nuestra estancia en la isla, tuvimos la suerte de recorrer varias de ellas. Caminamos entre cascadas y vegetación exuberante en la Levada das 25 Fontes y la Levada do Risco, nos adentramos en el misterio del Caldeirão Verde, disfrutamos de vistas espectaculares en el Mirador dos Balcões y nos dejamos sorprender por el carácter tropical de la Levada das Bananas.
A continuación, te presentamos en detalle las levadas que recorrimos durante nuestro viaje, cada una con su encanto y particularidades
Levada das 25 Fontes y la Levada do Risco
Creemos que la Levada das 25 Fontes (PR6) es, con diferencia, la más popular de toda Madeira. Es habitual que muchos viajeros solo hagan una levada durante su estancia, y la mayoría elige esta. El recorrido es espectacular, sin tramos técnicos ni peligrosos, lo que la convierte en una opción accesible para casi todo el mundo.
Debemos decir que vimos a muchísima gente sin el calzado adecuado, con dificultades para caminar o comenzando la caminata bastante tarde. A medida que nos cruzábamos con ellos, los Wonderland nos entreteníamos apostando en tono humorístico hasta dónde llegarían. A muchos, sinceramente, no les pronosticamos que alcanzaran el final.
Esta levada se encuentra en la meseta de Paul da Serra, la única zona relativamente «plana» de toda la isla. El coche se deja en el aparcamiento de Rabaçal, a 1.280 metros de altitud. Si llegas pronto, podrás aparcar sin problema; de lo contrario, tocará dejar el coche más lejos.
La ruta comienza descendiendo por una pista asfaltada durante unos 1,8 km, con un desnivel negativo de unos 200 metros, hasta llegar al refugio de Rabaçal. A partir de las 10:00, una furgoneta ofrece servicio de traslado entre el parking y el refugio (3 € por trayecto o 5 € ida y vuelta). Imaginamos que muchos de los que bajaban tarde contaban con subir de vuelta en este servicio, pero creemos que la demanda de la furgoneta será mayor que la oferta a ultima hora del día.
El precio por acceder a la levada es de 3€ y como indicabamos en la seccion del pico Areerio se puede pagar online o en la misma salida. Dsde el refugio, se descienden unos 100 metros más hasta alcanzar la levada propiamente dicha. Desde ahí, hay unos 2,5 km de sendero hasta llegar al destino final. El espectáculo que ofrece esta ruta es simplemente alucinante: caminamos junto a la levada entre un frondoso bosque donde destaca el verde intenso de las hojas, el musgo que cubre las rocas y una infinidad de arroyos y canalizaciones que alimentan la corriente principal.

Pero lo mejor llega al final: una laguna de aguas tranquilas, donde 25 cascadas y pequeños arroyos se precipitan desde una pared rocosa de unos 30 metros de altura. Un espectáculo natural hipnótico que invita a quedarse allí toda la mañana, observando cómo cae el agua y se pierde entre la niebla y la vegetación.


De regreso, poco antes de llegar de nuevo al inicio de la Levada das 25 Fontes, tomamos un desvío a la izquierda para recorrer la Levada do Risco, un sendero corto —apenas 900 metros y completamente llano— que conduce hasta el mirador de la Cascada do Risco. Allí nos encontramos con un salto de agua vertical de más de 100 metros, que se desliza por una grieta natural en la roca formando una delicada cortina que contrasta con la vegetación densa que la rodea.


Sinceramente, creemos que mucha de la gente poco preparada que vimos ese día debería conformarse con visitar esta cascada, que ya es una maravilla por sí sola, y evitar forzarse con la ruta completa de las 25 Fontes.
Tras la visita, regresamos sobre nuestros pasos hasta el aparcamiento. Los senderistas más preparados suelen combinar estas dos levadas con una tercera: la Levada do Alecrim, otra preciosa ruta que parte también desde Rabaçal.
Levada do Caldeirão Verde
De todas las levadas que recorrimos en Madeira, la Levada do Caldeirão Verde (PR9) fue sin duda, nuestra favorita. Situada en pleno Parque Forestal de Queimadas, cerca de Santana, en el noreste de la isla, esta ruta discurre junto a un antiguo canal de riego a través de frondosos bosques de laurisilva y paisajes naturales de una belleza sobrecogedora.
La ruta es de ida y vuelta por el mismo sendero, con una distancia total de 13 kilómetros, siempre y cuando hayas conseguido aparcar en el pequeño parking de pago junto al inicio de la ruta. Si no madrugas, seguramente tendrás que dejar el coche más lejos… y caminar un buen tramo adicional.
El recorrido es mayoritariamente llano, con un desnivel suave de unos 100 metros. Caminamos paralelos a la levada, que transporta agua de una zona de la isla a otra. Uno de los mayores atractivos es que atraviesa un bosque de laurisilva impresionante, con helechos gigantes, musgos y especies vegetales endémicas.
A lo largo del camino se cruzan cuatro túneles excavados en la roca, por lo que es imprescindible llevar linterna o frontal. Estos túneles son oscuros, húmedos y con charcos, y en algunos casos tienen techos bajos. Se recomienda precaución para no golpearse la cabeza y llevar calzado adecuado, a poder ser con Gore-Tex y buena suela. El sendero además, es estrecho en muchos tramos, por lo que en ocasiones solo cabe una persona. Otro motivo para madrugar: te cruzarás con mucha menos gente.



El punto culminante es la gran cascada de Caldeirão Verde, un salto de agua de unos 100 metros que cae sobre una poza de color esmeralda, de ahí el nombre. El lugar, rodeado de paredes verticales cubiertas de vegetación, es ideal para descansar, comer algo y disfrutar del entorno antes de emprender el regreso.

Un video de nuestra ruta por la levada, para comprender mejor el recorrido y lo que es una levada
Hasta hace poco, era posible continuar la caminata hasta el Caldeirão do Inferno, una extensión más exigente y menos transitada que añadía unos 3 kilómetros adicionales. Sin embargo, actualmente permanece cerrada debido a desprendimientos y daños en la infraestructura, especialmente en los túneles y pasarelas metálicas. Una auténtica lástima, porque esa parte del recorrido es espectacular. El sendero continúa siguiendo la levada original donde en algunos tramos se encaja entre muros de roca de decenas de metros de altura, lo que da al caminante la sensación de estar avanzando por una grieta profunda en la montaña.
Levada dos Balcões
La Levada dos Balcões (PR11) es una de las rutas más sencillas y gratificantes que se pueden hacer en Madeira. Este sendero se encuentra en el Parque Forestal de Ribeiro Frio, una zona protegida dentro del Parque Natural de Madeira, en el corazón de la isla y en pleno bosque de laurisilva. Desde allí, se sigue un camino perfectamente acondicionado que discurre junto a un antiguo canal de riego. El trayecto es muy corto —apenas 1,5 km por sentido, 3 km en total— y sin dificultad alguna. Es una opción ideal para familias, personas mayores o para quienes simplemente buscan una caminata relajada. Esta accesibilidad la ha convertido en una ruta extremadamente popular.
Fue la primera levada que visitamos en Madeira, nuestro primer contacto con este tipo de senderos. Sin embargo, si hubiéramos recorrido antes las dos levadas que comentamos anteriormente (25 Fontes y Caldeirão Verde), probablemente nos habría parecido menos impactante. Aun así, es un paseo agradable y una excelente introducción a los paisajes de la isla.
Es un plan perfecto para completar después de haber visto el amanecer en el Pico do Areeiro y haber caminado un tramo de la Vereda. Una forma suave de continuar el día antes de seguir explorando otras zonas de Madeira. En nuestro caso, desde aquí nos dirigimos hacia la costa norte, a la zona de Santana. Como llegamos algo tarde, tuvimos que aparcar en la carretera, aunque bastante cerca del inicio, bajo la supervisión de los responsables municipales del área.
El gran atractivo de la ruta es el Mirador dos Balcões, desde donde se obtienen unas vistas panorámicas espectaculares de los picos más altos de Madeira, como el Pico Ruivo y el Pico do Areeiro, así como de los profundos valles que los rodean. En los días despejados, incluso es posible ver el océano a lo lejos.

Además del paisaje, este lugar es un pequeño paraíso para los amantes de las aves. Muchas especies locales, incluyendo el pinzón de Madeira, se han acostumbrado a la presencia humana y si llevas algo de comida, es muy probable que se acerquen a comer de tu mano.

Otras Levadas
Si cuentas con más tiempo en la isla, una excelente opción es seguir descubriendo otras levadas. Madeira está repleta de rutas sorprendentes, y cada una ofrece una perspectiva distinta de su paisaje. Aquí te dejamos algunas recomendaciones:
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Levada do Rei – Situada en São Jorge. Atraviesa un bosque profundo y termina junto al río. Una ruta sombreada, muy verde y de gran belleza natural.
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Levada do Moinho / Levada Nova – En Ponta do Sol. Ruta circular muy interesante, aunque actualmente está cerrada. Tiene tramos estrechos y vertiginosos sin barandillas, por lo que requiere precaución.
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Levada do Furado – Conecta Ribeiro Frio con Portela. Es una de las levadas más antiguas de la isla y se presta bien para hacerla como ruta lineal. Paisajes variados y muy buen mantenimiento.
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Levada da Ribeira da Janela – En Porto Moniz. Ruta salvaje, poco frecuentada, con largos túneles oscuros y vegetación exuberante. Impresiona por su aislamiento.
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Levada dos Cedros – En la zona de Fanal, conocida por sus paisajes místicos. Atraviesa un tramo de laurisilva intacta, frecuentemente envuelta en niebla, lo que le da un aire mágico.
Miradores en la carretera ER103
Cuando descendimos del Pico do Arieiro en dirección norte, llegamos a la carretera ER103, a la altura de Poiso. Esta vía conecta el sur de la isla, desde Monte, con la costa norte, y es una ruta panorámica ideal para conducir sin prisas y disfrutar del paisaje.
No abandonamos esta carretera hasta llegar a la costa en Faial. Por el camino, hicimos una primera parada en Ribeiro Frio para caminar por la Levada dos Balcões. Después, nos detuvimos en dos miradores espectaculares: el mirador de Ribeiro Frio y el mirador de Cabouco.
En el primero, el mirador de Ribeiro Frio, se abre ante nosotros un bosque colosal, una panorámica profundamente verde del Parque Forestal de Ribeiro Frio. Desde aquí se puede distinguir parte del trazado de la Levada do Furado. Es un lugar tranquilo y brumoso, ideal para almorzar y recuperar fuerzas tras el temprano madrugón y la caminata por el Pico do Arieiro. Aunque ya era mediodía, la niebla que había subido desde el Atlántico todavía seèñeabaentre las montañas, creando una atmósfera mágica.
Un par de kilómetros más abajo nos encontramos con el mirador de Cabouco, desde donde se tienen amplias vistas sobre los valles profundos de Fajã Grande, Fajã do Cedro Gordo y Cruzinhas, así como de los picos centrales de la isla, entre ellos el Pico do Arieiro, el Pico do Gato y el Pico das Torres. Si tenemos suerte y el día esta despejado, también se puede ver la costa hasta la imponente formación rocosa de Penha d’Águia.

Curral das Freiras
Curral das Freiras, cuya traducción del portugués es Corral de Monjas, es una aldea ubicada en el corazón de la isla de Madeira, dentro del municipio de Câmara de Lobos. También es conocida como el Valle de las Monjas, nombre que proviene de un episodio del siglo XVI, cuando las monjas del convento de Santa Clara de Funchal se refugiaron en este lugar para escapar de los ataques piratas franceses que asolaban la costa de la isla. La ubicación aislada y oculta del valle lo hacía invisible desde el mar, proporcionando un refugio seguro.
Curral das Freiras se encuentra encajada en un profundo valle rodeado por escarpadas montañas. Su ubicación remota y escondida convirtió a esta parroquia en un lugar de muy difícil acceso durante siglos, lo que contribuyó a preservar su autenticidad rural.
Este entorno montañoso es imponente, las montañas parecen proteger el pueblo, pero también lo encierran. No hay vistas hacia un horizonte abierto, sino paredes verticales convierten a Curral de Freiras en un autentico agujero. Esta será la única localidad que mencionaremos en este articulo, el resto de los lugares son entornos naturales.
Durante mucho tiempo, solo se podía llegar al valle por empinadas y estrechas carreteras de montaña, lentas y peligrosas. Sin embargo, la reciente construcción de una moderna carretera ha transformado por completo la conexión entre Funchal y Curral das Freiras. Se trata de una de las obras de ingeniería más destacadas de Madeira, en gran parte gracias a un túnel de más de 3 km que desciende atravesando las montañas que rodean el valle. Esta infraestructura ha supuesto un antes y un después para sus habitantes, facilitando los desplazamientos y favoreciendo el turismo.
Hoy en día, Curral das Freiras es conocido por su tranquilidad, su paisaje agreste y sus tradiciones agrícolas. El valle está cubierto de castaños, y sus frutos se utilizan en numerosos platos y dulces tradicionales, como la sopa de castañas, bizcochos, panecillos y un apreciado licor artesanal.

Mirador de Eira do Serrado
Uno de los miradores más espectaculares de Madeira —y eso es mucho decir en una isla repleta de balcones naturales— es el Mirador de Eira do Serrado. Situado a 1.095 metros de altitud, ofrece una impresionante panorámica del pueblo de Curral das Freiras, encajado en el fondo de un valle profundo y rodeado por las escarpadas montañas del macizo central de la isla.
Desde este punto elevado, el paisaje se tiñe de verde en todas sus tonalidades. Las empinadas laderas están cubiertas de bosques de laurisilva, castaños centenarios, eucaliptos y cultivos econstruidos en terrazas, sostenidos por muros de piedra seca que salvan el desnivel de la montaña.
El acceso al mirador es sencillo: el coche se puede dejar junto a la Estalagem da Eira do Serrado, un hotel con spa. Además, en las inmediaciones hay un restaurante y una tienda de recuerdos, donde los visitantes pueden degustar platos típicos de Madeira y adquirir productos de artesanía local.

Paul da Serra
Llevábamos varios días recorriendo la isla y la primera vez que llegamos a la zona de Paul da Serra nos sorprendió profundamente. Veníamos desde la costa, desde Ponta do Sol, subiendo sin cesar por una carretera serpenteante. De pronto, tras tantos valles encajonados y montañas escarpadas, el paisaje cambió por completo: ante nosotros se extendía una inmensa meseta, algo totalmente inesperado en una isla tan abrupta como Madeira. Esta llanura se sitúa a una altitud media de 1.500 metros sobre el nivel del mar.
Impresiona la amplitud del paisaje, cubierto de pastizales, brezos y matorrales bajos que contrastan con las enormes turbinas eólicas que giran sin descanso, impulsadas por el viento constante que sopla en la zona. No encontramos casas, ni gasolineras, ni apenas construcciones, solo campos verdes donde vacas y caballos pastan en libertad, como si la meseta fuera un mundo aparte, suspendido entre el cielo y las nubes.
El clima en Paul da Serra es mediterráneo, pero con una elevada humedad. Las temperaturas frescas hacen que esa humedad se condense, dando lugar a frecuentes nieblas y precipitaciones. No es raro encontrarse envuelto en una densa nube mientras se cruza la meseta. De hecho, se registran más de 240 días de niebla al año.

Bosque Fanal
Entre la meseta de Paul da Serra y la localidad costera de Ribeira da Janela se encuentra uno de los rincones más mágicos de Madeira: el bosque de Fanal, integrado dentro del Parque Natural de Madeira. Su mayor tesoro son los antiguos árboles de laurisilva, en especial los tilos (Ocotea foetens), cuyos troncos retorcidos y cubiertos de un espeso musgo verde parecen salidos de otro mundo. Muchos de estos árboles superan los 500 años de edad.
Fanal suele estar envuelto en una espesa niebla, lo que otorga una atmósfera misteriosa al entorno. Pasear por sus senderos es como adentrarse en el decorado de una película de fantasía o de terror, según se mire.

Pero Fanal no solo destaca por su valor estético: tiene una enorme importancia ecológica. Forma parte de la Selva Laurisilva de Madeira, un ecosistema húmedo único en el mundo, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. En él habitan numerosas especies endémicas de flora y fauna que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta.
Este lugar atrae a senderistas, amantes de la naturaleza y sobre todo a fotógrafos, que buscan capturar las siluetas fantasmales de estos árboles milenarios envueltos en niebla. Sin embargo, conviene andar con precaución: cuando la niebla se intensifica, puede resultar fácil desorientarse, ya que el paisaje pierde sus referencias y todo se vuelve brumoso y silencioso.

Miradores en la carretera ER228
Para terminar nuestro recorrido por el interior de Madeira, recomendamos recorrer sin prisas la antigua carretera regional ER228, una de las rutas panorámicas más bellas de la isla. Esta vía conecta la costa norte con la sur atravesando el macizo central, y ofrece acceso directo a lugares emblemáticos como el Miradouro da Encumeada y el Miradouro de Terra Grande. Hoy en día, apenas circulan vehículos por ella, ya que la mayoría del tráfico utiliza el moderno túnel de la Encumeada, situado más abajo.
La distancia puede parecer corta en el mapa, pero el trazado está lleno de curvas cerradas, bruscos desniveles y cambios constantes en el paisaje, con vistas sobrecogedoras a precipicios, cascadas y montañas cubiertas de niebla. Aunque la carretera está asfaltada y en buen estado, conviene conducir con precaución, sobre todo en días lluviosos o cuando la niebla reduce la visibilidad.
Miradouro da Encumeada
El Miradouro da Encumeada es uno de los puntos panorámicos más impactantes de Madeira. Situado a 1007 metros de altitud, en pleno corazón de la isla, ofrece una perspectiva única del macizo montañoso central. En los días despejados, es posible contemplar al mismo tiempo las vertientes norte y sur de la isla e incluso divisar el océano Atlántico por ambos lados, algo poco habitual en Madeira.
Sin embargo, la meteorología no siempre acompaña. El día que lo visitamos, una espesa niebla lo cubría todo, impidiéndonos ver más allá de unos pocos metros. Fue una pena no poder disfrutar de las vistas ni tomar fotografías, pero fuimos testigos del clima cambiante que caracteriza al interior montañoso de la isla.
Rodeado por el bosque de laurisilva, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, este mirador es una parada imprescindible tanto para quienes cruzan la isla por la carretera interior como para los senderistas que recorren las levadas y veredas de la zona. Dispone además de un área de descanso y un pequeño bar, ideal para hacer una pausa antes de continuar explorando el corazón verde de Madeira.
Miradouro da Terra Grande
Más adelante, mientras descendíamos hacia el sur, hicimos una parada en el Miradouro de Terra Grande, un balcón natural en las laderas de las montañas. A esa altitud la niebla ya se había disipado, lo que nos permitió disfrutar plenamente del paisaje.
Desde este mirador se abre una vista panorámica de 180 grados sobre varios valles del interior de Madeira, entre ellos el de Ribeira Brava, que serpentea entre las montañas hasta desembocar en el océano. A lo largo del valle se extienden cultivos en terrazas tradicionales, sostenidos por muros de piedra que escalan las laderas. Aunque este mirador no ofrece una vista directa del mar, como ocurre con otros en la costa de la isla, su encanto radica precisamente en ese paisaje interior, dominado por montañas imponentes, vegetación exuberante y el trabajo humano armonizado con la naturaleza.

