Ushguli, el pueblo habitado más alto de Europa

Desde hace muchos años, KxK guarda en la memoria la imagen de un pequeño pueblo, con numerosas torres de piedra que se alzan a pies de una colosal montaña nevada. Desde entonces, siempre ha querido visitar ese lugar llamado Ushguli. Se encuentra enclavado en pleno Cáucaso, en la región georgiana de Svanetia, muy cerca de la frontera con Rusia. Ushguli es considerado el pueblo habitado más alto de Europa, ya que está situado a unos 2.100 metros sobre el nivel del mar.

Indice del artículo
Conociendo Svanetia
Svanetia se alza como una de las regiones más aisladas y al mismo tiempo, más cautivadoras del Cáucaso. Resguardada por montañas que incluso superan los cinco mil metros de altitud, como el Shkhara o el Ushba, ha conservado durante siglos una identidad propia marcada por el aislamiento geográfico y la fuerza de sus tradiciones.
El viajero que se adentra en el valle de Mestia descubre un paisaje dominado por torres de piedra medievales, levantadas entre los siglos IX y XIII para proteger a las familias de invasiones y disputas entre clanes. Estas construcciones, conocidas como koshki, se han convertido en el símbolo de la región. El conjunto monumental de la Alta Svanetia, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996. Gracias a su aislamiento la región ha preservado su identidad y arquitectura.
El aislamiento de Svanetia era tal que en la época de las invasiones mongolas, los tesoros y bienes más preciados de los georgianos eran trasladados hasta esta región para protegerlos del saqueo. En épocas más recientes, durante la era de la URSS, al gobierno comunista le resultó difícil controlar la zona debido a este aislamiento.

Curiosidad
Hasta hace 20 años, en las aldeas aisladas de Svanetia, existía la costumbre del secuestro matrimonial: un joven que quería casarse podía llevarse a la mujer deseada, a veces con la ayuda de su familia. La mujer podía resistirse, pero la presión social y familiar era muy fuerte, y muchas veces debía aceptar el matrimonio para evitar conflictos.
El idioma de Svanetia es el svan, una de las lenguas más antiguas y singulares del Cáucaso. A pesar de compartir raíces con el georgiano, el svan no es comprensible para quienes hablan la lengua oficial del país. Los svanes se comunican entre ellos en su idioma propio, pero cuando se relacionan con el resto de Georgia emplean el georgiano.
El svan es eminentemente oral. No cuenta con una forma escrita estandarizada ni con una literatura propia; cuando se necesita plasmar algo por escrito, se recurre al alfabeto georgiano. Esta ausencia de tradición escrita, unida a la emigración hacia ciudades donde domina el georgiano, ha puesto al svan en una situación delicada. Hoy se estima que lo hablan entre 30.000 y 40.000 personas, y está considerado una lengua en peligro.
Mestia, la capital de la región, concentra gran parte de la vida cultural y turística, además de ser el primer contacto con Svanetia. La ciudad recibe tanto a turistas interesados en conocer la región como a montañeros que buscan explorar los glaciares y picos del Cáucaso, o realizar el trekking hasta Ushguli, que suele durar entre tres y cuatro días.
Como llegar a Svanetia
Svanetia, como hemos comentado, es una región aislada de Georgia y muchos viajeros que recorren el país no se acercan hasta esta zona, un verdadero error ya que la zona es espectacular. Para llegar a Mestia existen dos formas principales:
- En avión: Es la forma más rápida de viajar entre Mestia y Tiflis. Estos vuelos, operados por la aerolínea Vanilla Sky, tienen una frecuencia de hasta ocho por semana. El trayecto dura menos de una hora y el precio ronda apenas los 30 €, realmente barato. Es importante tener en cuenta que los vuelos están sujetos a la disponibilidad y condiciones meteorológicas, especialmente en invierno, cuando las condiciones en las montañas pueden afectar las operaciones aéreas.
- En coche o minibus (marshrutka): Desde Tiflis el trayecto dura entre 8 y 10 horas, mientras que desde Zugdidi —la última ciudad importante antes de adentrarse en las montañas— el recorrido es de unas 3 o 4 horas para cubrir 135 kilómetros.
La parte final del camino es especialmente hermosa: la carretera serpentea por el estrecho valle del río Enguri, que nace en los glaciares del Cáucaso. A medida que avanzamos, la vía se vuelve más estrecha y en muchos tramos está dañada por el agua del deshielo primaveral, que cae directamente sobre la calzada. Además, son frecuentes las obras para mantener y reparar la carretera.
Buena opción para entrar y salir de Mestia
Desde España hay vuelos directos a Kutaisi y, desde allí, se puede tomar una marshrutka para llegar a Mestia. Tras visitar la zona, volando a Tiflis será posible continuar el viaje y descubrir el resto del país.

Conociendo Ushguli
Muchos viajeros llegan a Ushguli realizando el trekking desde Mestia, pero en nuestro caso optamos por hacerlo en una furgoneta Mitsubishi Delica 4×4, vehículos duros y perfectamente adaptados a todo tipo de terrenos.
Para conocer Ushguli recomendamos dedicar al menos dos días, alojándose en alguna de las guesthouses que ofrecen media pensión. Nosotros nos quedamos en el Guesthouse Tekla, un alojamiento muy sencillo pero en el que se desayuna y cena de maravilla. En Ushguli es habitual que no haya luz durante gran parte del día; el día que llegamos, la electricidad no volvió hasta bien entrada la noche.
El pueblo de Ushguli se despliega a los pies de la imponente montaña Shkhara, de 5.193 metros de altitud, muy cerca de la confluencia de los ríos Enguri y Shavtsqala-Kvishara. La localidad está formada por un conjunto de cuatro aldeas: Zhibiani, Chvibiani, Murqmeli y Chazhashi donde habitan en verano una 250 personas. En invierno algunas familias se trasladan a Mestia u otras zonas más accesibles.
Al acercarse a Ushguli, la primera imagen que cautiva al viajero es la de una pequeña aldea salpicada de torres de piedra bajo la sombra del monte Shkhara. Estas koshkis, construidas entre los siglos IX y XIII, fueron levantadas por familias poderosas para protegerse de invasores, clanes rivales o ladrones. En Ushguli hay alrededor de 45 torres.
Las torres de Svanetia tienen estructuras cuadradas de aproximadamente 5 × 5 metros, que se estrechan hacia arriba y suelen tener entre 3 y 6 pisos, alcanzando alturas de 25 a 30 metros. El acceso se encuentra a unos 5-6 metros del suelo, lo que dificultaba la entrada de intrusos. El interior de la torre está vacío en la parte inferior, mientras que los pisos superiores se conectan mediante escaleras o aberturas en los techos. El último piso suele estar coronado por una estructura arqueada desde donde los habitantes vigilaban y encendían antorchas al divisar enemigos, avisando así al resto de las torres. Desde esta posición, durante los asedios, se lanzaban proyectiles contra los invasores.
A continuación mostraremos diferentes planes

Recorrer las aldeas de Ushguli
Caminar por Ushguli es sin duda una de las mejores experiencias que ofrece el lugar. El pueblo apenas tiene una calle principal —si es que puede llamarse así—, más bien un sendero ancho de tierra endurecida y piedras, que en algunos puntos obliga a cruzar pequeños regatos. De esa vía central parten varias callejuelas laterales, todas con el mismo aspecto arcaico, como si el tiempo se hubiera detenido en plena Edad Media.
El silencio y la tranquilidad son parte esencial de la vida en Ushguli, junto con sus inconfundibles torres de piedra. Ese silencio solo se rompe cuando una vaca cruza la calle lentamente o aparece algún jinete a caballo, ya que los coches no circulan por aquí. Cuesta imaginar cómo es la vida durante el largo invierno, con casi ocho meses bajo la nieve. Las casas están construidas con gruesos muros de piedra, aíslando a sus habitantes del frío y ofreciendo un refugio tan duro como acogedor.
Mientras se camina, la vista se eleva una y otra vez hacia las torres que caracterizan Ushguli. Cada koshki está acompañada de una casa igualmente sólida, también de piedra y con tejados de pizarra, aunque algunos ya han sido sustituidos por chapas metálicas.
El primer día que visitamos Ushguli no había electricidad: casas, restaurantes, museos e incluso el pequeño cine permanecían a oscuras. Sin embargo, de las chimeneas se elevaba el humo de las cocinas, señal de que en el interior se preparaban los guisos tradicionales que llenan de aroma todo la aldea.
De las aldeas que forman Ushguli, la más popular es Zhibiani, que concentra restaurantes, cafés, guesthouses e incluso algún hotel. Hasta hace pocos años Ushguli era un lugar remoto y desconocido, pero poco a poco se va masificando. Los locales han encontrado en el turismo una fuente de ingresos y están levantando más servicios para los visitantes. Algo positivo en lo económico, pero que también puede convertirse en una amenaza: en pocos años el pueblo podría perder parte de ese encanto intacto que lo hace único.

Iglesia de Lamaria de Ushguli
La admirable estampa de Ushguli queda coronada por la Iglesia de Lamaria, situada en lo alto de la colina al final del pueblo. En cualquier fotografía del poblado, con el imponente Shkhara al fondo, la silueta de la iglesia destaca siempre en primer plano, convirtiéndose en el elemento más reconocible de la imagen.
Este templo, que data de los siglos IX o X, es célebre por sus frescos únicos y por la sobriedad de su arquitectura, levantada en sólida piedra caliza finamente tallada. El interior resulta muy oscuro, pues la luz apenas se filtra por sus dos estrechas ventanas. La iglesia está dedicada a Lamaria, la diosa local de la maternidad y la fertilidad, profundamente venerada en la tradición de los svans. Esta diosa es precristiana pero tiene similitud con la Virgen María.

En sus muros aún se conservan frescos medievales, aunque muchos se encuentran dañados por el paso del tiempo. Las pinturas representan escenas bíblicas y figuras de santos, plasmadas con los tonos terrosos y ocres característicos de la época. Los frescos más antiguos se remontan al siglo X, mientras que otros fueron repintados en el siglo XII.
En Svanetia era habitual que los conflictos, deudas o acuerdos comunales se resolvieran con la mediación del párroco o el anciano de la comunidad. Para dejar constancia, se usaban a veces tablillas de madera donde se hacían cortes o muescas que representaban la decisión, el número de cabezas de ganado, impuestos o compromisos adquiridos. Los conflictos se resolvían bajo el amparo sagrado de la iglesia y el párroco actuaba como mediador neutral.
En la iglesia de Lamaria se conserva una de esta tablillas.

Ir al Cinema Dede
Uno de los planes viajeros más auténticos que hemos hecho en todos nuestros años de viaje fue ir al cine a ver la película Dede que ha obtenido premios y distinciones en diferentes festivales de cine . En una antigua casa típica de Ushguli, en una parte han adaptado un pequeño cine que apenas tiene capacidad para unas 30 personas. Con un proyector muy básico, se proyecta la película en un ambiente muy íntimo.
Dede está grabada íntegramente en Ushguli. Solo cuenta con un actor profesional; el resto de los personajes son, en su mayoría, habitantes del propio pueblo. La película está dirigida por la joven directora local Mariam Khatchvani y está basada en la vida de su abuela. En georgiano, Dede significa madre. La historia refleja las costumbres tradicionales de Svanetia y, sobre todo, el papel de la mujer en una sociedad muy conservadora. La protagonista, Dina, debe casarse con un hombre elegido por su familia, aunque ama a otro. La película muestra así los conflictos entre tradición, honor y libertad personal.
La película ha sido proyectada en numerosos festivales de cine y ha recibido varios premios. En el cine se pueden ver fotografías de estos festivales y algunos trofeos.
Los pases son a las 13:00, 15:00, 17:00, 19:00 y 21:00, y la entrada cuesta 20 GEL. Nosotros llegamos al mediodía pensando en asistir al pase de las 21:00. La propia directora nos atendió y nos indicó que no era necesario reservar. La película está rodada en idioma svan y se proyecta con subtítulos en inglés. Además, acordamos que se añadieran subtítulos en castellano.

La directora está siempre en el cine, cuidando también de su pequeño bebé. Al terminar la proyección, ya había salido a acostarlo. Pudimos hacer algunas preguntas al marido de la directora. En la sala también estaba presente una de las actrices principales que hablaba con el público.
En Mestia, en la calle principal, hay otro cine Dede donde se proyecta la película en los mismos horarios. Recomendamos ver la película en Ushguli o en Mestia, pero preferiblemente en Ushguli, por la experiencia única que ofrece.
La película Dede está disponible en la plataforma Filmin, subtitulada en catalán, lo que la convierte en una buena opción para quienes no puedan viajar a Svanetia pero tengan curiosidad por verla.

Visitar el Museo Etnográfico o alguna casa museo
Este plan que recomendamos no lo hicimos personalmente, pero podemos contar la experiencia de unos amigos que visitaron una casa-museo.
Buscando el museo etnográfico citado en la guía vieron un edificio con el letrero de “Museo” y se acercaron a la entrada. Una señora les recibió y les mostró su casa, donde podían verse algunos objetos antiguos, fotografías y recortes de periódicos viejos. En las paredes desconchadas todavía se distinguía una hoz y un martillo pintados de forma rudimentaria en la época comunista. Básicamente, la visita consistió en recorrer su vivienda que quiso amenizar tocando primero un acordeón muy viejo y después un panduri, un instrumento tradicional de tres cuerdas típico de Georgia.
La sorpresa llegó al final, cuando la señora les pidió 20 GEL (unos 6,45 €), un precio claramente exagerado para lo que ofrecía la visita. A pesar de todo, les resultó una experiencia divertida.
Más tarde encontraron el museo etnográfico oficial. No entraron por estar aún cerrado a pesar de que en Google aparecía como abierto las 24 horas.
Pero si realmente se desea visitar un museo etnografico en Svaneti se debe acudir al de Mestia.

Atención
Visto lo contado sobre la casa-museo y las reseñas de Google del Museo Etnográfico, lo recomendable es preguntar el precio antes de entrar y, en función de ello, que cada uno decida si merece la pena la visita o no.
Cruzando toda la aldea, en la última casa, encontramos el Museo Etnográfico de Ushguli. El museo está ubicado en una antigua vivienda que data del siglo XVI y alberga una pequeña colección privada de objetos medievales que muestran la vida doméstica tradicional de Svaneti. El espacio refleja la dureza de la vida en la montaña: en la planta baja convivían personas y ganado, separados solo por un tabique de madera, mientras que en la parte superior dormía la familia junto con ovejas y cabras, iluminados por el fuego de una chimenea abierta.
Sin embargo, hemos leído reseñas muy negativas que mencionan amenazas, robos e incluso cuchillos dentro del museo, siendo el precio de la entrada el motivo principal de las discusiones. Como indicamos en el Wondertip anterior, antes de visitarlo conviene asegurarse del precio y decidir si merece la pena la visita.

Caminar hasta el Glaciar Shkhara
El monte Shkhara es el más alto de Georgia y el tercero más alto de la cordillera del Cáucaso, tras el Elbrús (el pico más alto de Europa) y el Dykh-Tau. Su cima marca la frontera con Rusia: al norte se encuentra la república rusa de Kabardia-Balkaria, y al sur se extienden varios glaciares, siendo el Glaciar Shkhara, uno de los más grandes de Georgia. Este glaciar tiene aproximadamente 12 km de longitud, alimentado por numerosos glaciares más pequeños. Está en constante movimiento debido al deshielo durante las temporadas cálidas y a la congelación en otoño e invierno.

Visitar el glaciar es una de las experiencias imprescindibles al recorrer Ushguli. La ruta es fácil, existen diferentes opciones para llegar hasta él.
- Caminado desde Ushguli: Ida y vuelta son 19 km y 450 metros de desnivel. 7 km en cada sentido son de pista.
- En transporte privado 4×4 hasta un aparcamiento cercano al glaciar: Ida y vuelta son 5 km
- Acercarse al aparcamiento a caballo.
Desde Ushguli, se puede llegar al glaciar a pie, en 4×4 o a caballo tomando una pista ancha que se dirige hacia el norte, siempre con el Shkhara frente a nosotros. Toda la ruta discurre paralela al río Enguri, que nace en el mismo glaciar. El recorrido está rodeado de verdes pastizales, donde podremos observar vacas y caballos pastando tranquilamente.

Al llegar al aparcamiento, el sendero se estrecha y solo habrá que seguir las marcas. En realidad, es difícil perderse ya que a nuestra derecha tendremos siempre el río Enguri. El sendero atraviesa abundante vegetación, con numerosas flores coloridas y cruza un pequeño bosque antes de llegar a la zona rocosa del glaciar.


Es una maravilla sentir el frescor del glaciar y escuchar el rugido del río Enguri, que surge por primera vez bajo la enorme masa de hielo. Son momentos de auténtica gloria pero debemos caminar con cuidado, especialmente cerca de la orilla del río junto al glaciar donde caen piedras sueltas que pueden ser peligrosas para los visitantes.


Esperamos que este artículo haya sido de vuestro agrado y nos sentiríamos muy orgullosos si al menos uno de nuestros lectores experimenta lo mismo que sintió KxK al contemplar por primera vez las imágenes de Ushguli y su entorno: ese deseo profundo de decir “ahí quiero ir yo también alguna vez en la vida”.

