Que ver y hacer en Mestia, Georgia

Mestia es un pintoresco pueblo situado a 1.500 metros en el corazón de Svaneti, en el remoto noroeste de Georgia, en plena cordillera del Cáucaso. Rodeado de montañas como el Monte Ushba (4.710 m) y el Shkhara (5.193 m), constituye el centro histórico y cultural de la región. Los svanes, pueblo indígena de Svaneti, desarrollaron una cultura singular, con su propia lengua y arquitectura. Sus torres defensivas medievales de piedra, construidas para proteger a las familias y resguardar tesoros o manuscritos sagrados, junto con el impresionante paisaje de alta montaña, han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Lo lógico habría sido comenzar nuestras crónicas sobre Svaneti hablando de Mestia, su capital. Sin embargo, nuestro primer artículo sobre Georgia se centró en Ushguli, el aislado pueblo que KxK había esperado tanto tiempo poder visitar. Para conocer más sobre la región de Svaneti y cómo llegar a Mestia, os remitimos al artículo anterior: Ushguli, el pueblo habitado más alto de Europa.
A continuación mostraremos diferentes planes para conocer Mestia y su alrededor.
Indice del artículo
Que ver en Mestia
Callejes de Mestia
Mestia es una pequeña localidad con una población de apenas 2.000 habitantes que en verano se ve multiplicada gracias a la llegada de viajeros. Durante las mañanas reina la tranquilidad, ya que la mayoría de visitantes y senderistas aprovechan el día para recorrer los alrededores. Pero al caer la tarde la calle principal se transforma: cafeterías, restaurantes y panaderías que sirven shoti puri recién horneado, se llenan de vida y las tiendas locales abren sus puertas entre un ambiente animado y acogedor.
En la plaza principal es habitual encontrar conductores ofreciendo excursiones y rutas para conocer Svaneti en profundidad. Desde aquí también parten las marshrutkas hacia las principales ciudades del país, como Tiflis, Kutaisi, Zugdidi o Batumi.
Tras una excursión de día, antes de la cena merece la pena perderse por las calles menos transitadas de Mestia. En especial, recomendamos subir por la ladera que se encuentra a la izquierda de la calle principal: allí descubriremos antiguas casas de piedra con las características torres defensivas de Svaneti. Varias de estas viviendas pueden visitarse por dentro, ofreciendo una visión única de la vida tradicional de la región.

Además de las torres svanes, en el centro de Mestia encontramos varias iglesias, como la de Lamaria o la de San Jorge, aunque ambas estaban cerradas durante nuestra visita. También descubrimos una plaza en plena reforma donde se concentran varios restaurantes y una curiosa estatua de la Reina Tamar, la monarca más célebre de Georgia. Tamar gobernó durante la llamada Edad de Oro del país (siglos XII–XIII), un periodo en el que Georgia se expandió territorialmente y vivió un gran florecimiento cultural. Los svanes la veneran de manera especial, ya que bajo su reinado se reforzaron las torres defensivas y la región disfrutó de cierta prosperidad.
Al callejear por Mestia sorprenden algunos edificios futuristas que contrastan con la atmósfera medieval de Svaneti. Entre ellos destacan el Palacio de Justicia y la Municipalidad, diseñados por el arquitecto alemán Jürgen Mayer (en España conocido por diseñar las Setas de Sevilla), autor también del moderno Aeropuerto de Mestia.

Visitar Casas-Museo Mestia
En Ushguli ya habíamos recomendado visitar alguna de sus casas-museo,y en Mestia también hay varias que merecen la pena: Niguriani, Margiani, Ratiani, Khergiani o la del alpinista Mikheil Khergiani. Teníamos previsto dejar esta experiencia para la última tarde en Mestia, pero unos problemas físicos cambiaron los planes y después de comer volvimos al hotel a descansar un rato. Una lástima, porque a KxK le hacía especial ilusión subir a lo alto de una de las torres de Mestia. Otra vez será.
Ese mismo día, nuestro embajador Xavier que ya había visitado a la casa-museo de Ushguli, decidió acercarse a la casa Ratiani, una de las más antiguas de la región, que data del siglo XI.
La visita consta de dos partes. Primero se recorre la vivienda tradicional y después, la sala superior y la torre que es la más alta de Mestia con sus 28 metros. El recorrido lo dirige Gio, descendiente directo de la familia Ratiani, que va mostrando cada rincón mientras explica las costumbres de sus antepasados en un inglés sencillo y cercano. La casa llegó a dar cobijo a más de 25 personas durante los asedios.
En la planta baja se conserva una amplia sala rectangular con un hogar central, alrededor del cual descansaban tanto personas como animales, separados por paneles de madera ornamentados. Se pueden ver bancos esculpidos, un sistema tradicional de almacenamiento de víveres y un depósito de agua para los duros inviernos. Todo está amueblado con piezas originales que han sobrevivido al paso de los siglos. Alrededor de la chimenea llaman la atención los bancos de madera y una silla tallada reservada al patriarca de la familia.

En el segundo piso se refugiaban durante los asedios. Desde allí, una empinada escalera conduce a la torre a través de unos escalones estrechos y muros perforados por pequeñas aberturas. En el último piso a través de una escotilla, se accede al punto más alto desde donde se pueden tomar preciosas fotos de Mestia y sus alrededores.

Gio no solo fue un magnífico guía, también un anfitrión excepcional. Al final de la visita ofreció vino y chacha, un fuerte aguardiente de uva típico de Georgia, acompañado de queso casero, todos los productos elaborados por el mismo. Para sorpresa de todos, sacó una guitarra española que sonaba bastante desafinada. Xavier se animó, la afinó y comenzó a cantar “Yolanda” de Pablo Milanés. Gio, visiblemente emocionado, grabó la escena y la compartió en Instagram. Tan generoso fue que ni siquiera quiso cobrar los 10 GEL de la entrada.
Visitar el Museo de Historia y Etnográfico de Mestia
A pesar de encontrarse en un lugar tan remoto, Mestia alberga uno de los museos más importantes de toda Georgia: el Museo de Historia y Etnografía. Su relevancia se debe a la riqueza y variedad de su colección. El museo ocupa un edificio moderno de dos plantas con vistas panorámicas sobre las montañas.
Sus salas exhiben una impresionante colección de más de 4.000 piezas que abarcan desde el III milenio a.C. hasta el siglo XIX. Podremos encontrar trajes tradicionales, armas antiguas, instrumentos musicales, monedas, joyas, armaduras, escudos, abalorios y otras piezas arqueológicas. La preservación de estos tesoros se debe en gran medida a la remota ubicación de la región, lo que ha convertido al museo en una fuente esencial para entender el legado svan.
Las salas están organizadas por temática: una dedicada a la numismática, otra a libros y manuscritos antiguos, y otra centrada en iconos y frescos. Los textos explicativos están en georgiano e inglés, y en ocasiones es posible contratar guías locales que enriquecen la visita con explicaciones más detalladas.
Horario: de martes a domingo, de 10:00 a 18:00 (lunes cerrado)
Precio: 20 GEL (similar al de la mayoría de museos en Georgia)

Ver la pelicula Dede
Tras haber narrado varias leyendas en este artículo, llega el momento de adentrarnos en una historia real, dura y conmovedora: la que narra la película Dede. Como contamos en nuestro artículo sobre Ushguli, ver Dede allí fue una de las experiencias más bonitas de nuestros viajes,.
En el centro de Mestia, el cine-pub Dede ofrece la oportunidad de revivir esa misma experiencia. La película se proyecta en los mismos horarios que en Ushguli: 13:00, 15:00, 17:00, 19:00 y 21:00, y la entrada cuesta 20 GEL. Para quienes no pudieron verla en Ushguli, esta es una ocasión única de acercarse a una historia que emociona y permanece en la memoria.

Ir a un concierto polifónico
Caminando por las calles de Mestia vimos un cartel que anunciaba un concierto polifónico para dentro de un par de días. Nos pareció un plan perfecto, sobre todo teniendo en cuenta que desde 2021 la UNESCO reconoció el canto polifónico georgiano como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, y que la variante de Svaneti está considerada una de las más puras y complejas dentro de esta tradición. Con esas premisas nos animamos a acudir al concierto del grupo Margaliti (en georgiano significa “perla”) Ensemble.
No somos especialistas en música, pero enseguida notamos que esta polifonía sonaba muy distinta a lo que acostumbramos a escuchar en coros europeos. Aquí las voces no buscan encajar en una armonía suave, sino que se entrelazan a través de choques y disonancias. Una voz grave se mantiene fija en una nota, marcando como un fondo constante, mientras las demás se mueven con libertad alrededor de ella. El resultado es un sonido vibrante, que transmite fuerza, espiritualidad y cierta sensación de antigüedad. Este estilo es considerado uno de los más antiguos de Georgia, porque conserva formas de cantar ligadas a rituales ancestrales, incluso anteriores al cristianismo. No se escribía en partituras, sino que se transmitía de generación en generación en fiestas, bodas y ceremonias.
El grupo Margaliti está formado por trece mujeres vestidas con coloridos trajes tradicionales, cada uno distinto del otro. En algunas canciones incorporan instrumentos, como la guitarra o el panduri georgiano, y en varias incluso acompañan la música con pequeños pasos de danza.
El concierto nos sorprendió gratamente y pasamos un rato muy especial, envueltos en una música que parece venir de otro tiempo y que, de alguna forma, conecta con lo más profundo de Svaneti.

Que hacer en Mestia
Tekking Mestia – Ushguli
La caminata entre Mestia y Ushguli es quizás la ruta más popular entre quienes visitan la región de Svaneti. Son unos 55 kilómetros con un desnivel acumulado cercano a los 3.000 metros —o unos 600 si se hace en sentido inverso, ya que Ushguli está bastante más alto que Mestia—. Normalmente, la mayoría de senderistas completan el recorrido en 3 o 4 días pero nuestros intrépidos amigos Txubi, Edurne y Vomi decidieron apretar el ritmo y lo hicieron en tan solo 2 y además en sentido inverso, recorriendo los primeros kilómetros de carretera en transporte privado. Las fotos que compartimos en esta sección son suyas.

La ruta está muy bien preparada para los caminantes: al final de cada etapa se encuentran alojamientos familiares que ofrecen media pensión, aunque conviene reservar con antelación. A lo largo del recorrido se atraviesan valles remotos y aldeas aisladas donde destacan desde lejos las torres defensivas que dan identidad a Svaneti. Los senderos cruzan collados y pasos de montaña que conectan un valle con otro, siempre bajo la mirada de picos que superan los 5.000 metros de altura y que permanecen cubiertos de nieve durante todo el año. Si la suerte acompaña y las nubes lo permiten, en el horizonte aparece la doble cima del carismático monte Ushba, uno de los símbolos del Cáucaso.


El camino también lleva hasta el impresionante Glaciar Aishi, del que descienden caudalosos ríos de aguas heladas. No será raro tener que vadear riachuelos: algunos se cruzan sin mayor problema, pero otros obligan a descalzarse y soportar el agua helada en los pies. En los pasos más complicados, los locales ofrecen cruzar a caballo —unos 25 GEL, 8 euros por una atracción que dura menos de medio minuto—, pero con la fuerza de la corriente cualquiera no se atreve a desafiar el río por su cuenta. Aunque claro, siempre hay alguien como Pablo Strubbel que se lanza sin dudarlo o sin saber que habia paso de caballos…

Todos los montañeros que conocemos que han realizado esta ruta han acabado encantados con la experiencia. Se crea un ambiente especial entre los senderistas que comparten camino o coincidiendo en los mismos alojamientos. En cada casa familiar, los viajeros son recibidos con autentica hospitalidad y tratados a las mil maravillas, compartiendo platos calientes que saben a gloria después de una larga jornada. Sentados a la mesa con las familias locales, las tertulias se alargan con facilidad, y cuando aparece el aguardiente chacha sobre la mesa, la sobremesa se convierte en una velada animada donde las risas fluyen.


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Caminar hacia el Glaciar Chalaadi
El Glaciar Chalaadi es una de las excursiones más accesibles y espectaculares desde Mestia. Está situado a solo 12 km del centro del pueblo. Para llegar, lo ideal es desplazarse hacia el noreste de Mestia en transporte privado. Pasando por el aeropuerto, a unos 9 km encontramos un parking que marca el final del recorrido en coche.
Nada más bajar, hay que cruzar el río Mestiachala por un puente colgante algo destartalado, que no cumple ninguna normativa de seguridad. Tras el cruce, el sendero se adentra en un frondoso bosque de coníferas, donde comienza la parte más empinada de la ruta. Pronto se empieza a escuchar el rugido del río Chalaadi, que nace del propio glaciar y fluye con gran fuerza. El sendero sigue paralelo al río, ascendiendo gradualmente.

Al salir del bosque, aparece un valle abierto que se cierra al fondo con el Glaciar Chalaadi. Este tramo es un poco incómodo, ya que abundan rocas de gran tamaño desprendidas de las laderas, que dificultan el paso. Es necesario caminar con cuidado y seguir las marcas del sendero para no perder la ruta.


El glaciar es impresionante, aunque el Glaciar de Shkhara, que visitamos el día anterior, nos pareció más espectacular. La lengua del Glaciar Chalaadi está cubierta por tierra y rocas, lo que dificulta apreciar su magnitud real. Con el cambio climático como telón de fondo, uno no puede evitar preguntarse cuánto tiempo más permanecerá este glaciar, considerando que su lengua no llega a los 2.000 metros de altitud.
El camino de regreso se realiza por la misma ruta. A la vuelta, una ligera lluvia comenzó justo antes de entrar nuevamente al bosque, pero gracias a la densidad de los árboles apenas se notó. Al final de la ruta hay un bar con una terraza magnífica donde pudimos hidratarnos y comer algo tranquilamente.
La ruta es sencilla y corta; la única precaución es caminar con cuidado entre las rocas.
Distancia: 5,3 km
Desnivel positivo: 350 m
Altura máxima: 1.980 m
Recorrido: ida y vuelta


Ascender hasta los Lagos Koruldi
Otra de las excursiones habituales en Mestia es la subida a los Lagos Koruldi, situados al norte del pueblo, a 2.750 metros de altitud. Para llegar hasta ellos se puede ascender caminando o en los 4×4 turísticos que alcanzan directamente los lagos. Existe también una opción mixta: hacer parte del recorrido por una pista en mal estado y continuar después a pie por un sendero más agradable. Conviene tener en cuenta que la ruta comienza en Mestia, a unos 1.400 metros, lo que supone un desnivel considerable.
Los lagos Koruldi son pequeños y para algunos, pueden resultar algo decepcionantes por sus dimensiones más reducidas de lo esperado. Sin embargo, el efecto espejo que crean es hipnótico: en sus aguas se reflejan las nubes y las montañas que los rodean, ofreciendo una estampa mágica.
Lo realmente espectacular son las vistas de 360º que se disfrutan desde allí. Desde este punto se divisan cumbres emblemáticas del Cáucaso como el Ushba, el Tetnuldi, el Shkhara o el Laila, que parecen al alcance de la mano. A la vez, se abre ante nosotros la visión de los profundos Valles de Svaneti, tapizados de verde por las praderas de montaña y coronados de blanco por la nieve que cubre las cumbres más altas.

Con semejante paisaje, solo quedaba tumbarse en la hierba y dejar que el tiempo corriera despacio, ajenos a todo lo que sucedía más allá de aquellas montañas.

No solo nos quedamos admirando los lagos, sino que también nos dejaron boquiabiertos las colosales montañas nevadas que se alzan en la zona.

Panorámica

A mitad de camino entre Mestia y los Lagos Koruldi se encuentra la Cruz de Mestia, un mirador desde el que se contemplan vistas espectaculares de la localidad y del valle que la rodea. En frente a lo lejos, entre los densos bosques de coníferas, se distinguen dos cortafuegos que, en realidad, corresponden al telesilla que conecta con la estación de esquí de Hatsvali, el siguiente destino que mostraremos en este artículo.

Datos técnicos desde Mestia
Distancia: 16 km
Desnivel positivo: 1.450 m
Altura máxima: 2.750 m
Recorrido: ida y vuelta
Datos técnicos desde la cruz Mestia
Distancia: 8 km
Desnivel positivo: 550 m
Altura máxima: 2.750 m
Recorrido: ida y vuelta
Ascender al Mirador Zuruldi en teleférico
El Mirador de Zuruldi es uno de los balcones naturales más espectaculares de Mestia y toda la región de Svaneti. Situado en la cresta de Zuruldi, a más de 2.300 metros de altitud, regala una panorámica de las cumbres más emblemáticas del Cáucaso, con el majestuoso Ushba y el imponente Tetnuldi dominando el horizonte.
La manera más cómoda de llegar es a través del telesilla de cuatro plazas que conecta el centro de Mestia con la estación de esquí de Hatsvali. Este remonte salva el desnivel hasta los 1.898 metros, donde un moderno teleférico continúa el trayecto hasta el restaurante y Mirador de Zuruldi, ubicado a 2.348 metros.
Horario: 10:00 – 17:00
Precio: 25 GEL (8 €)

En verano, una de las mejores planes en Mestia es subir en teleférico hasta este mirador y dejarse deslumbrar por las vistas mientras se toma algo en la cafetería. El verdadero protagonista es el paisaje, que se abre en todas direcciones. Desde la estación superior también es posible realizar un breve y sencillo paseo que conduce a otros miradores, desde los que se domina el valle contiguo.
La imagen muestra Mestia y su valle, rodeado de imponentes montañas entre las que asoma el Glaciar Chaaladi, mientras en el centro de la foto se distingue el diminuto y desafiante aeropuerto de Mestia.

En invierno, la estación de Hatsvali se transforma en un pequeño paraíso blanco, con cuatro pistas de distintos niveles que suman unos 7 kilómetros esquiables. La más larga alcanza los 3 kilómetros.
Visitar la estación de esquí de Tetnuldi
Camino a Ushguli nos desviamos hacia la izquierda y alcanzamos la estación de esquí de Tetnuldi, situada a unos 2.000 metros de altitud. En funcionamiento desde 2017, este complejo se encuentra a los pies del monte del mismo nombre. Con una elevación de 4.858 metros, el Tetnuldi es el décimo pico más alto del Cáucaso y uno de los más espectaculares y reconocibles de toda Svaneti.
En verano se puede acceder sin dificultad hasta la estación, disfrutar de sus panorámicas y atreverse con su vertiginoso columpio panorámico, suspendido frente a un escenario de montañas colosales.
En invierno, Tetnuldi se convierte en un centro de referencia para el esquí en Georgia: cuenta con entre 25 y 30 kilómetros de pistas preparadas de distintos niveles —azul, rojo y negro—. Su pista principal, con 9,5 kilómetros de recorrido, ostenta el título de la más larga del Cáucaso, y ofrece un desnivel vertical de 1.700 metros. El dominio esquiable se extiende entre los 2.260 y los 3.160 metros de altitud. Esta vez llegamos en coche, pero en la temporada invernal son varios los telesillas y teleskis que distribuyen a los esquiadores por las laderas de la estación.
El día que visitamos la zona, todas las cimas de los montes estaban cubiertas de niebla, por lo que no pudimos disfrutar de las espectaculares vistas que se obtienen desde allí.


Ushba y Tetnuldi son dos de las montañas más queridas por los svanes, y existen muchas leyendas sobre ellas.
Leyenda
Una de ellas cuenta que Ushba era un joven de una familia pobre que se enamoró de Tetnuldi, la hija de una familia rica. Tetnuldi también correspondía su amor pero cuando su familia se enteró, le prohibieron comunicarse con Ushba. Llena de frustración, Tetnuldi se vistió con un traje de novia y pidió a Dios que, si Ushba y ella estaban destinados a estar juntos, los convirtiera en montañas para que pudieran mirarse constantemente. Así es como hoy encontramos estas dos bellas montañas, una frente a la otra.
Otra leyenda dice que cuando uno de los amantes está triste, los picos de las montañas se cubren de nubes, como un reflejo de su pena. Pobre Ushba y Tetnuldi, ¡aunque quizás podríais haber escogido otro día para poneros tristes!
En esta imagen se les ve muy contentos a Usba y Tetnuldi

Torre del Amor
Venimos de Tetnuldi con una leyenda romántica y ahora seguimos con otra aún mayor.
Leyenda
Se cuenta que una hermosa mujer llamada Miaguli conoció en un festival a Otia, un hábil cazador y se enamoró de él. Sin embargo, Otia era un hombre felizmente casado y padre de cinco hijos, y Miaguli no quiso entrometerse en su vida.
El destino sin embargo, fue cruel. Otia murió en un accidente de caza, cayendo al río Enguri. Su esposa, desconsolada por la pérdida, también se arrojó a sus aguas para reunirse con él. La leyenda dice que ambos se transformaron en truchas que siguen nadando en el río.
Conmovida por esta historia, Miaguli pidió a su padre que construyera una torre sobre un peñasco a orillas del Enguri. Allí pasó el resto de su vida, alimentándose únicamente de las truchas del río, convencida de que en ellas habitaban las almas de los amantes.

Después de contar esta bonita leyenda, diremos que la torre donde pasó el resto de su vida Miaguli se llama la Torre del Amor. Esta torre, levantada sobre un peñasco que sobresale del río Enguri, cuenta con cuatro plantas a las que se puede acceder mediante unas empinadas escaleras de madera verticales, no aptas para todos los públicos. El interior está vacío, no hay ningún tipo de decoración.
Esta torre se sitúa a un lado de la carretera que conecta Mestia con Uhguli, casi en la mitad entre ambas localidades.
Además de la leyenda que acabamos de narrar, hemos encontrado otras versiones sobre este lugar, aunque ninguna tan hermosa como la de Miaguli.
Precio: 2 GEL (0,65 €)
Donde comer
Cena georgiana con música en vivo
Al caer la tarde, Mestia se llena de vida y es el momento perfecto para recuperar fuerzas en alguno de sus restaurantes. Varios de ellos ofrecen música en directo, y nosotros terminamos acudiendo todas las noches al restaurante Lile, situado en pleno corazón de la calle principal.
Allí sirven platos típicos de Svaneti, abundantes y sabrosos, acompañados de un servicio cercano y amable. Lo mejor, sin embargo, es el ambiente: la mayoría de los clientes son locales que vibran con la música en vivo de un grupo con gran calidad, especializado en melodías tradicionales. El pequeño espacio frente a los músicos se convierte en pista de baile improvisada. Es habitual ver a los comensales levantarse de la mesa para dejarse llevar por el ritmo, y cuando la camarera se anima a bailar, el local entero parece detenerse para admirar la gracia y dulzura con la que se mueve en apenas unos metros cuadrados.

Confesamos que una noche a KxK se le cruzaron los cables, se vino arriba y decidió salir a ‘bailar’ junto con Igor, un vasco armario-empotrado que también cenaba allí. Ni uno ni otro tenían la soltura de los locales, pero pusieron tanta energía que terminaron caldeando el ambiente y arrancando palmas y sonrisas a todo el restaurante.

El Lile es sin duda, un lugar recomendable si quieres pasarlo bien, probar la cocina tradicional de Svaneti y disfrutar de la magia de la música en directo.
Mestia es un destino imprescindible en Georgia. Espero que esta guía de qué ver y hacer en Mestia te ayude a organizar tu viaje y disfrutar de cada rincón de Svaneti.

