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Frontón Beti Jai de Madrid

La primera vez que escuché que en pleno distrito de Chamberí, a menos de 200 metros del Paseo de la Castellana, existía un frontón llamado Beti Jai («Siempre Fiesta») donde se jugaba a pelota vasca, me quedé completamente sorprendido –soy Aitor. Más aún cuando descubrí que a finales del siglo XIX, este recinto podía reunir a ¡4.000 aficionados! Y lo más increíble es que en aquella época existían otros tres frontones en MadridJai Alai (1891), Fiesta Alegre (1892 ) y Euskal Jai (1893)—, con aforos similares, entre 3.000 y 4.000 personas y en una ciudad que apenas contaba con 500.000 habitantes. Un fenómeno difícil de imaginar hoy en día. El frontón Beti Jai de Madrid fue inaugurado en 1894.

Desde que en 2024 se abrió de nuevo el Frontón Beti Jai con entrada libre, teníamos muchas ganas de visitarlo. Pero queríamos hacerlo bien, saboreando la historia y los detalles. Así que aprovechamos una de las visitas guiadas de Pasea Madrid, organizadas por la Dirección General de Patrimonio Cultural y Paisaje Urbano del Ayuntamiento de Madrid. Nuestro guía fue Santiago, un apasionado de Beti Jai y de la historia madrileña, que nos transportó en el tiempo con sus relatos llenos de anécdotas y entusiasmo. Descubrimos cada rincón de esta joya escondida, un tesoro arquitectónico y deportivo.

Origenes del Frontón Beti Jai

El Frontón Beti Jai fue inaugurado en 1894 y como bien plantea Pasea Madrid en su visita guiada, en sus orígenes destacan tres personajes clave. En concreto, María Cristina de Habsburgo-Lorena, reina regente en aquel momento, José Arana Elorza, empresario guipuzcoano apasionado de la pelota vasca y principal impulsor del proyecto y Joaquín de Rucoba y Octavio de Toledo, el arquitecto responsable del diseño del edificio. Aunque el nombre de este último suene a dúo, en realidad se trata de una sola persona con un apellido compuesto que firma algunas de las joyas arquitectónicas más notables del siglo XIX.

La influencer del siglo XIX

María Cristina de Habsburgo-Lorena fue esposa del rey Alfonso XII, quien falleció cuando ella estaba embarazada de tres meses del futuro rey Alfonso XIII. Desde entonces y durante 17 años, asumió el papel de reina regente hasta que su hijo alcanzó la mayoría de edad. En ese tiempo, su influencia fue determinante no solo en los asuntos de Estado, sino también en el desarrollo urbano y social de lugares como San Sebastián.

A partir de 1887, la reina comenzó a veranear en la entonces apacible ciudad vasca, buscando escapar del sofocante calor madrileño. Su presencia atrajo a la alta sociedad madrileña y europea, transformando San Sebastián en un refinado centro de moda, cultura y ocio. Se construyeron hoteles, casinos y teatros, se mejoraron las infraestructuras, el saneamiento, el alumbrado público y los transportes. La ciudad se convirtió en una elegante capital estival. No encontramos en plan Belle Époque donostiarra.

Uno de los símbolos más claros de esta transformación fue la construcción del Palacio de Miramar en 1893, de estilo inglés y con vistas privilegiadas a la bahía de La Concha. Este palacio fue mandado edificar por la reina y se convirtió en la residencia oficial de la familia real durante los veranos. En su honor se dio nombre a uno de los puentes sobre el río Urumea y al hotel más lujoso de la ciudad. En 1926 fue nombrada alcaldesa honoraria.

La influencia de María Cristina también se dejó sentir en la vida cultural. Los veranos en San Sebastián eran una sucesión de conciertos, recepciones, óperas, bailes y espectáculos. La reina era invitada a todos los eventos importantes como a los toros, al circo, al teatro y por supuesto, a los partidos de pelota ya que era una gran aficionada a este deporte. Como una auténtica influencer del siglo XXI, su presencia llenaba titulares y marcaba tendencias.

Empresario y promotor cultual

Otro de los nombres clave en el nacimiento del Frontón Beti Jai es el de José Arana Elorza, un empresario guipuzcoano con gran olfato para los negocios, principalmente los culturales. Dedicado a la gestión de plazas de toros, teatros, circos y frontones, su figura fue fundamental en la transformación festiva y turística de San Sebastián durante la segunda mitad del siglo XIX.

Fue Arana quien en 1876, organizó por primera vez una serie de festejos taurinos coincidiendo con la festividad de la Asunción de María, en pleno agosto. Para promocionarlos, utilizó un eslogan que acabaría haciendo historia, Semana Grande. El evento fue un éxito rotundo y con el tiempo se convirtió en una tradición anual que sigue viva hoy en día. Incorporó conciertos, fuegos artificiales, competiciones deportivas y un sinfín de actividades culturales. San Sebastián se transformó en una ciudad vibrante y elegante durante el verano, y José Arana fue uno de sus grandes artífices.

Como buen emprendedor Arana no tardó en detectar el impacto que la presencia estival de la reina María Cristina estaba teniendo en la ciudad, y quiso replicar ese modelo en Madrid durante el resto del año. Si la aristocracia y la alta sociedad se desplazaban a San Sebastián para disfrutar del ocio en verano, ¿por qué no ofrecerles lo mismo en la capital en invierno? Así fue como nació la idea del Frontón Beti Jai, concebido como un espacio espectacular donde la pelota vasca pudiera brillar en todo su esplendor. Mandó construir el frontón en pleno centro de Madrid.

El arquitecto

Arana encargó al arquitecto cántabro Joaquín de Rucoba y Octavio de Toledo la construcción del Frontón Beti Jai. Rucoba, conocido por su dominio del estilo ecléctico, ya había dejado su huella en importantes edificaciones como la Plaza de Toros de la Malagueta, el Mercado de Atarazanas, el Parque de Málaga, el Ayuntamiento de Bilbao o el Teatro Arriaga, entre otros proyectos destacados.

El estilo ecléctico de Joaquín de Rucoba es una mezcla de diversas influencias arquitectónicas, adaptadas a las necesidades y gustos de su tiempo. Se caracteriza por su flexibilidad para combinar elementos de distintas épocas y estilos, lo que permitió al arquitecto crear una obra singular que fusionaba lo tradicional con lo innovador.

Construcción del frontón Beti Jai

El Frontón Beti Jai se construyó a finales del siglo XIX en el barrio madrileño de Chamberí, concretamente en la antigua calle Virgen de las Azucenas, hoy conocida como Marqués de Riscal. En sus alrededores se alzan palacios, palacetes, colegios religiosos, hospitales, iglesias y otros edificios singulares que dan cuenta del prestigio de la zona en aquella época.

Una imagen actual en 3D del recinto del frontón Beti Jai

A simple vista desde la calle, nadie diría que se trata de un frontón. Su fachada principal de estilo francés, podría pasar perfectamente por la de un teatro o un palacio. Sin embargo, cruzando la puerta de acceso el ambiente cambia por completo.

Un pasillo largo que separa al edificio contiguo nos guía hacia el interior que está flanqueado por un muro curvo de ladrillo construido en estilo neomudéjar. El ladrillo visto que es protagonista absoluto, cumple aquí una doble función tanto estructural como decorativa. Con él se crean frisos, molduras y relieves con motivos geométricos que recuerdan a los de la Plaza de Toros de Las Ventas, aunque este diseño es anterior.

Y de pronto al final del pasillo, el espacio se abre. Nos encontramos con una larguísima cancha al aire libre de nada menos que 67 metros —cuando lo habitual en un frontón es entre 52 y 54 metros—. A su alrededor, un graderío con vigas y columnas metálicas de cuatro alturas rodea la pista. La estructura, completamente innovadora para la época, podía albergar hasta 4.000 personas. De hecho, el día de la inauguración, se estima que llegaron a asistir más de 4.500.

La construcción del Beti Jai se completó en tiempo récord. Joaquín de Rucoba firmó el proyecto el 2 de octubre de 1893 y apenas ocho meses después, el 29 de mayo de 1894, el frontón fue inaugurado con gran expectación. La obra tuvo un coste total de 625.000 pesetas.

Beti Jai Multiusos

Aunque cueste creerlo, a finales del siglo XIX la pelota vasca vivía un auténtico auge en Madrid. Como ya hemos mencionado, la capital contaba con hasta cuatro grandes frontones en activo: Beti Jai, Jai Alai, Fiesta Alegre y Euskal Jai, todos ellos con capacidad para miles de espectadores. Esta fiebre por la pelota fue impulsada por la aristocracia madrileña que siguiendo a la corte, veraneaba en San Sebastián y volvía entusiasmada con este deporte tan vibrante y exótico para muchos en la capital.

Desde sus inicios, el Beti Jai acogió partidos de pelota vasca con pelotaris profesionales de distintas modalidades: mano, pala o cesta punta. La expectación que generaban los partidos era tal, que no tardaron en llenar páginas en la prensa de la época. Pero el frontón no solo era un espacio deportivo, sino que parte de la alta sociedad madrileña lo usaba como escaparate social, reservando palcos privados para dejarse ver, como si fuera una ópera o una plaza de toros.

Imagen tomada del video ‘Beti Jai, el templo olvidado de Madrid‘, en el Centro de Interpretación se muestra un fragmento del mismo

La pelota vasca siempre ha estado ligada a las apuestas, y en el Beti Jai no fue diferente. En Euskadi aún hoy es habitual apostar en partidos profesionales, pero en Madrid esta práctica terminó por jugar en contra del propio deporte. Pronto comenzaron a circular rumores de amaños, pelotaris que se dejaban ganar, lesiones fingidas, escándalos y estafas. Algunos apostantes llegaron a arruinarse, y varios jugadores fueron incluso agredidos por supuestos fraudes. Ante este panorama, el gobernador civil de Madrid prohibió las apuestas dentro de la cancha, permitiéndolas solo en taquilla, lo que redujo drásticamente el atractivo del juego.

A esto se sumó la llegada de nuevas formas de entretenimiento: el cine, la ópera, el circo… y, sobre todo el fútbol que empezaba a conquistar los corazones del público madrileño. La pelota vasca fue perdiendo tirón y los frontones dejaron de ser rentables. Para intentar salvar los muebles, Beti Jai diversificó su uso utilizandose para conciertos del Orfeón Pamplonés, exhibiciones de esgrima, concursos hípicos, mítines políticos… pero no fue suficiente. Poco a poco, los otros frontones de Madrid fueron cerrando y derribándose, para construir nuevas edificaciones más rentables. Todos menos uno.

A pesar de quedar en desuso, el Beti Jai se salvó del derribo. Entre 1904 y 1907, el recinto vivió una etapa insólita como centro de ensayos aeronáuticos del ingeniero Leonardo Torres Quevedo. Allí instaló talleres y ensayó el «telekino», un dispositivo de control remoto por ondas hertzianas con el que experimentó prototipos de dirigibles y vehículos teledirigidos. El gran espacio abierto del frontón se prestaba perfectamente para estas pruebas pioneras.

Fotogafia de un panel del centro de interpretacion

En 1907 el frontón reabrió brevemente para partidos de pelota vasca y en 1909 el Club Sport Vasco alquiló el espacio para sus encuentros. Pero sería la última vez que se jugaría a pelota en Beti Jai antes de un largo silencio.

A partir de 1919, el edificio dejó atrás su pasado deportivo y fue adaptado para usos industriales. La grada trasera se desmontó, la pista central se transformó en taller mecánico y el frontón pasó a acoger concesionarios de coches (Studebaker y Harley-Davidson), fábricas de escayolas,  planchas de celuloide, material médico, aceitunas, almacén de cervecerías, talleres mecánicos o reparación de coches e incluso un estudio de cine. En las gradas se instalaron viviendas improvisadas, al más puro estilo de las corralas madrileñas. A finales de los años 70 muchos vecinos del barrio de Chamberi llevaban sus coches a reparar a los garajes mecánicos que se encontraban en el interior de Beti jai.

Imagen tomada del video ‘Beti Jai, el templo olvidado de Madrid‘,

 Con el paso del tiempo, el edificio cayó en el olvido y en un estado de conservación deplorable.

En 1989, una empresa francesa lo compró en una subasta por más de mil millones de pesetas, pero nunca emprendió ninguna rehabilitación. Más tarde pasó a manos de inversores locales, que soñaron con convertirlo en hotel y gimnasio, sin éxito.

En 2007 todo cambió gracias a un vecino del barrio, Igor González. Al ver por televisión un reportaje sobre cómo los vecinos daban comida a unos okupas instalados en el frontón, decidió colarse en el edificio. Lo que encontró le dejó sin palabras. Aquel lugar cubierto de polvo y ruinas, era una joya oculta. Publicó sus fotos en internet, abrió un blog y pidió su restauración. Así nació la plataforma “Salvemos el Frontón Beti-Jai de Madrid”.

En 2011 y tras una gran presión ciudadana, la Comunidad de Madrid declaró el edificio Bien de Interés Cultural, y en 2012 el Ayuntamiento de Madrid inició su expropiación forzosa que culminaría en 2015 con la propiedad pública del edificio. Comenzaba entonces una nueva etapa para esta joya arquitectónica escondida en el corazón de Chamberí.

Fotogafia de un panel del centro de interpretacion

Rehabilitacion del Beti Jai

Tras la expropiación, comenzaba una nueva vida para el frontón Beti Jai. El Ayuntamiento de Madrid impulsó un ambicioso proyecto de rehabilitación, respetando al máximo su estructura original y devolviéndole el esplendor perdido. Los trabajos comenzaron en 2016 y se centraron en recuperar tanto la fachada principal como los graderíos, la cancha y los detalles ornamentales, especialmente los de ladrillo visto del muro curvo, característico del estilo neomudéjar.

Durante las obras se eliminaron añadidos industriales, se desmontaron estructuras improvisadas y se consolidaron los elementos originales. Se cuidó cada detalle, desde los trabajos en forja de las barandillas hasta la reconstrucción de parte del graderío con técnicas y materiales tradicionales. El objetivo era claro, no solo restaurar un edificio singular sino recuperar la esencia del frontón como espacio cultural y social.

Imagen tomada del video ‘Beti Jai, el templo olvidado de Madrid‘,

En 2019, el Beti Jai reabrió al público con visitas guiadas que permitían descubrir su historia, su arquitectura única y su papel en la vida madrileña de hace más de un siglo. La reapertura fue todo un acontecimiento para el barrio de Chamberí y para los amantes del patrimonio. Aunque aún no se celebran partidos de pelota vasca —la cancha sigue sin cubrirse—, el frontón se ha convertido en un espacio cultural singular en el que se han organizado conciertos, exposiciones, encuentros vecinales y actividades escolares. En 2024 se inauguró un Centro de Interpretación integrado en las galerías y pasillos del frontón.

Hoy el Beti Jai es el único frontón del siglo XIX que se conserva en pie en el mundo. Un testigo extraordinario de la historia de Madrid, del deporte vasco y de una época en la que la ciudad se abría a nuevos espectáculos y formas de ocio. Su silueta de fachada francesa y alma neomudéjar nos recuerda que a veces, las ruinas también pueden renacer.

Dos imagenes del Centro de Intepretación del frontón Beti Jai

Información útil para la visita a Beti Jai

     Marqués de Riscal, 7 28010 – Madrid

     https://www.frontonbetijai.es

     De martes a domingo De 10:00 a 14:00 h.

     Visita libre gratuita

     Rubén Darío (L5) y Alonso Martínez (L4 y L5)

     Calle de Almagro (L7)<«>  

   Visita guiada “Frontón Beti Jai”

    Itinerario teatralizado “Un partido de ida y vuelta”

Visitando el frontón Beti Jai

Nuestra visita comenzó en la puerta del frontón, en el número 7 de la calle Marqués de Riscal. Difícilmente imaginábamos lo que nos íbamos a encontrar tras cruzar el umbral del recinto. Nos adentramos por un largo pasillo, flanqueado por el lateral del graderío de ladrillo visto, construido en un marcado estilo neomudéjar. Tras cruzar una segunda puerta, accedimos directamente a la cancha.
La primera reacción fue la de encontrarnos de repente en un espacio inmenso y vacío, como un claro oculto entre los solares del barrio de Chamberí. Quedamos realmente sorprendidos.

La pared de la contracancha es preciosa

En pleno siglo XIX  todavia llama muchísimo la atencion el graderio del Beti Jai. Es de admirar la obra de ingeneria y arquitectura que suposo construir una estructura metálica de cuatro alturas que recorre uno de los laterales de la cancha que pudiese albergar hasta 4.000 personas. Construido con una combinación de hierro forjado y madera, el graderío fue una solución arquitectónica moderna para finales del siglo XIX. Destaca la forma curva del mismo que responde tanto a criterios estéticos como funcionales. La forma permite mejorar la visibilidad de todos los espectadores, al curvarse los asientos quedan mejor orientados hacia el centro de la acción en la cancha. De esta forma, incluso los asistentes situados en los extremos tienen una vista más directa del juego. Estéticamente la curva genera un efecto muy teatral y armónico, abrazando el espacio central de la cancha como si fuera un escenario.

La visita continúa ascendiendo a la cuarta planta del graderío que está situada en el rebote del frontón, la pared opuesta al frontis. En estas gradas se encontraban los palcos privados más caros,  desde los que quienes adquirían las entradas eran vistos por el resto del público. Era una forma de mostrar su poder adquisitivo.

Hoy en día se puede apreciar cómo cada galería estaba construida en rampa, para que todos los espectadores tuvieran buena visibilidad y el empresario del frontón pudiera colocar varias filas en cada nivel del graderío.

Para terminar nuestra visita al frontón Beti Jai, accedimos al Centro de Interpretación, ubicado en el interior del propio edificio. Este espacio incluye paneles informativos, fotografías históricas, planos originales, una maqueta del edificio y un par de pantallas que proyectan audiovisuales. Todo ello permite al visitante contextualizar la construcción del frontón en el siglo XIX, su época dorada como recinto deportivo, su posterior decadencia y su sorprendente recuperación tras décadas de abandono.

O animamos que visiteis este sorpendente frontón en el centro de Madrid

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