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Guia Completa para recorrer el Camino de Hierro

En los últimos años hemos tenido la suerte de conocer y recorrer distintas vías verdes como las de Arrazola, Urola , Mutiloa o Leizarán. Desde hace tiempo sentía una gran curiosidad por descubrir el Camino de Hierro, situado al oeste de la provincia de Salamanca, en pleno Parque Natural de las Arribes del Duero y muy cerca de la frontera con Portugal. Nos atraía especialmente este itinerario que discurre sobre una antigua vía férrea, con imponentes puentes metálicos y numerosos túneles, siguiendo el curso del río Águeda, afluente del Duero.

Historia del trazado ferroviario

A finales del siglo XIX, en plena época de expansión ferroviaria, comenzó la construcción de una línea férrea que uniría Salamanca con Oporto, como prolongación de la línea del Duero. La actual ruta conocida como «Camino de Hierro», recorre los últimos 17 kilómetros del antiguo trazado entre La Fuente de San Esteban y Barca d’Alva, la primera localidad portuguesa al otro lado del río Duero.

Tras cuatro años de intensos y duros trabajos, en 1887 se inauguraron los 77 kilómetros del tramo español. Fue una obra de gran dificultad, en la que participaron cerca de 2.000 obreros que trabajaron en condiciones extremas, sin apenas medidas de seguridad ni atención sanitaria, lo que unido a la mala alimentación motivaron diferentes brotes de enfermedad y epidemias. Debido a los accidentes ocurridos, muchos trabajadores perdieron la vida durante la construcción. Para superar los desafíos de una orografía abrupta, fue necesario excavar 20 túneles y levantar 10 puentes, lo que supuso una auténtica proeza de ingeniería civil para la época.

Con el paso del tiempo el uso del ferrocarril fue decayendo, hasta que finalmente el 1 de enero de 1985 la línea se clausuró por su baja rentabilidad, ya que los elevados costes de mantenimiento superaban con creces los ingresos generados. Tras el cierre, el trazado cayó en el abandono y fue deteriorándose poco a poco, hasta que en el año 2000 se le otorgó la protección de Bien de Interés Cultural. En 2021, la Diputación de Salamanca puso en marcha el proyecto «Camino de Hierro»,  un recorrido acondicionado para senderistas que arranca en la estación de La Fregeneda y finaliza en el muelle de Vega Terrón, junto al río Duero, abarcando los últimos 17 kilómetros en territorio español de la antigua vía férrea.

Puente del Lugar. Archivo de Venancio Gombau. Ayuntamiento de Salamanca. Imagen incluida en el folleto oficial

Información útil para recorrer el Camino de Hierro

Horarios 

  • Primavera-Verano (1 abril – 14 octubre):
    Acceso entre 7:30 y 8:30 h · Cierre de ruta a las 15:00 h

  • Otoño-Invierno (15 octubre – 31 marzo):
    Acceso entre 9:00 y 10:00 h · Cierre de ruta a las 16:30 h

Importante: los lunes el sendero descansa por mantenimiento, excepto si hay festivo —en ese caso, el cierre se traslada al martes. En pleno verano, el calor puede forzar un cierre temporal, según decida el Parque Natural.

Entradas

  • General: 8 €

  • Reducida (estudiantes, jubilados, familias numerosas, escolares): 7 €

  • Empadronados en Hinojosa de Duero o La Fregeneda: 4 €

Incluye todo esto:

  • Seguro de accidentes y responsabilidad civil

  • Linterna y chaleco reflectante

  • Autobús lanzadera de Vega Terrón a La Fregeneda

Reserva obligatoria en: www.caminodehierro.es
Aforo limitado: solo 300 personas por día

Contacto directo:

Cómo llegar

  • Desde Salamanca: por la C-517 vía Vitigudino y Lumbrales

  • Desde Ciudad Rodrigo: por SA-324 y C-517 desde Lumbrales

  • Desde Portugal: por la N221 desde Barca d’Alba

Inicio de la ruta

Deja tu coche en el aparcamiento del Muelle Fluvial de Vega Terrón (fin de ruta). Acude al punto de recepción a la hora indicada en tu entrada online. Tras confirmar tu llegada, un autobús te llevará al inicio del recorrido, la histórica estación de La Fregeneda

Datos técnicos y el track de Camino de Hierro

  • Distancia: 18.6 Km cuando el tunel 3 está cerrado, si no 17.6 Km
  • Desnivel Positivo:  66m cuando el tunel 3 está cerrado, si no 0 m
  • Desnivel Negativo: 280 m cuando el tunel 3 está cerrado, si no 217 m
  • Duración: 4 horas 30′ – 5 horas 30′ con paradas

Mapa de la ruta y la relación de los túneles y puentes

Uno de los principales atractivos del Camino de Hierro es la sucesión de 20 túneles y 10 puentes que se atraviesan a lo largo de sus 17 kilómetros, ofreciendo una experiencia única de ingeniería y naturaleza. A continuación detallamos las medidas de todos los túneles y puentes.

Imagen del mapa que aparece en el lfolleto que nos dieron a la salida de la ruta

Recorriendo el Camino de Hierro

Puntualmente, nuestro autobús partió desde el muelle de Vega Terrón hacia la estación de La Fregeneda. Al llegar esperamos brevemente mientras el grupo anterior recibía las indicaciones y recomendaciones por parte de la organización para realizar la ruta. Tras escuchar las mismas, comenzamos nuestro recorrido. Antes de partir, los miembros del siguiente autobús ya se encontraban a la espera.

Estos son algunas de las recomendaciones que nos dieron

Recomendaciones

Precaución en túneles y puentes: En los túneles camina por el centro de la vía, ya que los laterales pueden tener canalizaciones con losas sueltas. En los puentes, es preferible caminar por los laterales, evitando el centro.

Superficies resbaladizas: Con lluvia presta especial atención al caminar sobre las traviesas, puesto que pueden volverse resbaladizas.

Respeto al entorno: Respeta el entorno y no dejes desperdicios a lo largo de la ruta, estás en un espacio natural protegido.

Cierre temporal del Túnel 3: El Túnel 3 permanece para proteger la colonia de murciélagos que habita en su interior.

Emergencia: En caso de emergencia debemos llamar al número que aparece en nuestra entrada, pero en muchos tramos no hay cobertura y en otros tendremos red portuguesa. Con el roaming no hay problema.

La estación de La Fregeneda fue la última del trazado ferroviario entre La Fuente de San Esteban y Barca d’Alva. Debido a su proximidad con la frontera, albergaba la aduana española. Además, contaba con servicio de telégrafo y recogida de equipajes. Alrededor de la estación y de la aduana se encontraban otras construcciones como la comisaría de policía, una cantina e incluso una iglesia.

A los pocos metros de comenzar la ruta nos encontramos con el primer túnel, conocido como el Túnel de la Carretera, el más largo del recorrido con 1.594 metros de longitud. Fue toda una sorpresa toparnos con un túnel tan extenso. Atravesarlo nos llevó más de media hora, ya que tuvimos que caminar con mucho cuidado.

Siguiendo las indicaciones de la organización, avanzábamos por el centro, pisando sobre las traviesas. Al estar desiguales y algunas húmedas, nuestro paso se volvió lento y precavido. De vez en cuando, caminábamos sobre las arquetas laterales. Algunas estaban sueltas, lo que implicaba el riesgo de caer en el profundo canal de desagüe.

Este túnel se encuentra a 105 metros de profundidad bajo la montaña. A lo largo de su trazado, se producen numerosas filtraciones de agua que caen del techo hacia la vía. Para canalizarlas, se construyeron drenajes laterales.

En 1885, durante la fase de perforación, una repentina tormenta inundó el túnel provocando la muerte de 29 trabajadores. Fueron sepultados en un cementerio improvisado al pie del camino de acceso a la estación.

A diferencia de las Vías Verdes, que están adaptadas para peatones y ciclistas, el Camino de Hierro conserva las antiguas vías del tren. En algunos tramos es posible caminar sin dificultad por la orilla pero la mayor parte del recorrido transcurre sobre las traviesas, que no siempre están colocadas a la misma distancia. Esto obliga a avanzar con pasos irregulares y a mantener la atención en cada zancada.

A medida que avanzamos por la ruta, a nuestra derecha se abre una impresionante panorámica del valle del río Morgáez. Este rincón permanece prácticamente intacto gracias a su difícil acceso, lo que ha impedido la explotación forestal intensiva. El bosque que lo rodea es un auténtico tesoro natural. Es antiguo, denso y está lleno de vida. Sus árboles centenarios albergan una rica biodiversidad y entre sus ramas y raíces habitan infinidad de pequeñas especies que encuentran aquí un refugio seguro, lejos de la intervención humana.

En esta zona es fácil encontrar aves rapaces como el águila real, el alimoche o el buitre leonado.

En el camino nos topamos con un antiguo chozo de pastor, construido con la técnica tradicional de piedra en seco, sin ningún tipo de mortero ni cemento. Este tipo de arquitectura, transmitida de generación en generación, ha sido reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Las bóvedas de estos refugios se cubrían con una capa de tierra que con el tiempo permitía crecer hierbas y pequeñas plantas en su superficie, ayudando así a mejorar su impermeabilidad de forma natural.

A lo largo de la ruta vimos varios chozos más y en otras zonas de los Arribes también encontramos construcciones similares. Casi todos tenían una altura y un diámetro interior muy similares, de unos tres metros,.

Llegamos al túnel número 3, conocido como el Túnel de Morgado, y tal como nos habían advertido se encuentra cerrado al paso. Para impedir que nadie intente adentrarse en su interior han colocado un vehículo todoterreno adaptado con raíles, justo en mitad de la vía. Más adelante vimos un vehículo similar un par de veces  asistiendo a caminantes que necesitaban ayuda.

Este túnel tiene una longitud de algo más de 400 metros y describe una curva cerrada de 90 grados, lo que genera una oscuridad total en su parte central. Al no haber entrada de luz, el interior mantiene unas condiciones de temperatura y humedad bastante estables durante todo el año. El techo, formado por roca viva, ofrece un soporte ideal para que los murciélagos se aferren.

En su interior habita una colonia de hasta 12.000 murciélagos, considerada como una de más importantes de toda la península ibérica. Durante la época de cría, estos animales son extremadamente sensibles a cualquier ruido o perturbación, por lo que el túnel permanece cerrado al paso durante varios meses al año para protegerlos.

Aunque muchas personas sienten temor hacia los murciélagos, en realidad desempeñan un papel clave en el equilibrio del ecosistema, ya que ayudan a controlar las poblaciones de insectos, especialmente mosquitos.

Giramos a la izquierda y comenzamos el descenso por el sendero alternativo. Este tramo tiene una longitud de 1,4 kilómetros, exactamente un kilómetro más que el túnel cerrado. El camino merece la pena. Se trata de un sendero precioso que desciende suavemente hasta el punto donde confluyen los valles del río Morgáez y del río Águeda. En esta zona, el bosque vuelve a envolvernos con su frondosidad.

En este tramo encontraremos diferentes paneles informativos sobre la fauna, flora y geología del entorno.

En el tramo ascendente de regreso al Camino de Hierro atravesamos una zona de formaciones rocosas compuestas por granito y rocas metamórficas. Según explica uno de los paneles interpretativos del recorrido, los granitos se originaron a partir de magma que se solidificó bajo la superficie terrestre, sin llegar a salir como lava en una erupción volcánica. Por otro lado, las rocas metamórficas reciben su nombre porque fueron transformadas por el calor y la presión generados por el contacto con ese magma. De este proceso surgieron formaciones como los gneises, las micacitas y las pizarras,.

Tras girar 90 grados en nuestro recorrido, ya podemos divisar el río Águeda. A partir de aquí, el trazado de la ruta discurre paralelo a su cauce hasta el final del camino. Al otro lado del río, las laderas que se extienden ante nosotros pertenecen ya a territorio portugués, marcando de forma natural la frontera entre ambos países. 

Al finalizar el sendero alternativo, llegamos al imponente Puente de Morgado, una estructura que alcanza los 105 metros de longitud y se eleva 21 metros sobre el cauce del arroyo que lleva el mismo nombre. Este puente construido en 1887, destaca por su diseño sobrio y funcional. Está sostenido por dos robustos pilares de piedra labrada.

A diferencia de otros puentes de la época, en los que se solían construir muros de contención laterales, aquí se optó por prescindir de ellos. Esto se hizo probablemente para reducir el uso de piedra y abaratar costes. La construcción combina elementos metálicos y de granito, utilizando una técnica mixta bastante innovadora para su tiempo. Los tramos metálicos, dispuestos en forma de aspa —conocida como cruz de San Andrés—, aportan ligereza y resistencia a la estructura, mientras que los sillares de granito proporcionan una base sólida y duradera en los puntos de apoyo principales.


Cruzar algunos de los puentes resulta realmente impresionante, especialmente por la altura que alcanzan en ciertos tramos. Para garantizar la seguridad de los caminantes, se ha acondicionado el paso con pasarelas laterales de madera que permiten avanzar con mayor comodidad y confianza.

A partir de este punto comienzan a desplegarse ante nosotros las vistas más espectaculares de la ruta. El camino se asoma a los imponentes cortados de granito que esculpen un paisaje de valles profundos y angostos, los Arribes.

Los túneles están excavados directamente en enormes masas de granito, atravesando la roca viva.

Cruzamos el Túnel de la Belleza, cuyo nombre tan sugerente como poético ya anticipa la singularidad del lugar. La entrada está rodeada de una abundante vegetación .

 A continuación alcanzamos el Puente de Poyo Valiente, una destacada obra de ingeniería civil situada entre los Túneles 6 (de Poyo Valiente) y 7 (del Pico). Con una longitud de 137 metros y una altura de 16, este puente se alza sobre el arroyo que lleva el mismo nombre. Lo más llamativo es que se trata de uno de los primeros puentes del mundo construidos en curva, y en su época fue el más largo con estas características. La estructura se apoya sobre dos sólidos pilares de sillería que le otorgan estabilidad y elegancia.

Al mirar hacia atrás, no podemos evitar detenernos a contemplar una vez más el Puente de Poyo Valiente. Su elegante curvatura y la solidez de su estructura siguen asombrándonos, una auténtica joya de la ingeniería.

Nos encontramos en la primera semana de mayo, en pleno esplendor primaveral. A lo largo de los márgenes del camino, la naturaleza estalla en color y vida. Flores silvestres de todos los tonos salpican el paisaje. Blancos, amarillos, rojos y morados que alegran la vista y acompañan nuestros pasos. Con semejante despliegue de color y fragancia, caminar por este entorno es un auténtico placer para los sentidos. 

Entre todas ellas, nos llaman especialmente la atención unas flores moradas que recuerdan a la lavanda tanto por su forma como por su aroma, aunque no lo son. Se trata del cantueso (Lavandula stoechas), una variedad de lavanda silvestre también conocida como tomillo borriquero, rabo de burro o lavanda española.

El color rojo intenso que cubre muchos prados es gracias a la abundancia de amapolas, mientras que el amarillo brillante proviene de las margaritas silvestres. El blanco lo aportan los asfódelos, que comienzan a florecer tímidamente. A estos últimos aún les falta un par de semanas para alcanzar su máximo esplendor pero ya anuncian su llegada.


Nos llama especialmente la atención el paisaje que se extiende en la ladera portuguesa, donde se conservan numerosos bancales construidos para cultivar vid, olivo y almendro, plantas bien adaptadas a estos suelos pobres. Las fuertes pendientes obligaron a levantar muros de contención que frenaban la erosión y retenían la escasa tierra fértil, en muchos casos traída desde otros lugares a lomos de mulos.

En contraste, las laderas del lado español presentan un aspecto muy distinto. Desde la emigración masiva de los años 60, muchos de estos cultivos fueron abandonados y con el tiempo, los matorrales han ido ocupando las terrazas.

De forma inesperada, empezamos a ver cada vez más chumberas a los lados del camino. Su presencia se vuelve más habitual conforme avanzamos, y casi sin darnos cuenta notamos que el paisaje también ha cambiado. Hemos descendido en altitud, y con ello, la vegetación continental del inicio de la ruta va dando paso a una flora claramente mediterránea.

La chumbera, una planta de origen americano, fue introducida en la península ibérica en el siglo XVI. Se reconoce fácilmente por sus grandes palas verdes y sus frutos comestibles, los conocidos higos chumbos, dulces y muy apreciados en algunas zonas rurales. Su capacidad para resistir largas sequías y soportar vientos fuertes, unida a la paulatina desaparición de la actividad agrícola en las laderas, ha favorecido su expansión en estas tierras de los Arribes. Sin embargo, no todo son buenas noticias. La chumbera está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, por lo que está prohibido introducirla en el medio natural, así como poseerla, transportarla o comercializarla. Su crecimiento descontrolado puede poner en peligro a especies autóctonas y alterar el equilibrio de estos delicados ecosistemas.

Las amapolas nos siguen acompañando en este tramo final del recorrido, salpicando de rojo los márgenes del camino. El paisaje se abre y nos permite contemplar al fondo, como se abre la imponente garganta por la que discurre el río Águeda. El cielo comienza a cubrirse de nubes oscuras que anuncian lluvia inminente… y no tardaron en cumplir su promesa.

En cuestión de minutos, la lluvia comenzó a caer con constancia y nos acompañó durante más de una hora, hasta el final de la ruta. A pesar del chaparrón, seguimos caminando, aunque con más precaución. Las traviesas de madera empapadas se volvieron resbaladizas, lo que nos obligó a avanzar con pasos más lentos y seguros.

Volvemos a dirigir la mirada hacia el lado portugués del valle y nos sorprende, una vez más, los ordenados viñedos. Estas plantaciones forman parte de la prestigiosa región vitivinícola del Alto Duero, reconocida por la UNESCO en 2001 como Patrimonio de la Humanidad en la categoría de paisaje cultural. Aquí se cultivan, desde hace más de dos mil años, las uvas que dan origen al afamado vino de Oporto. Tras su recogida en estas tierras escarpadas, los mostos viajan río abajo hasta las bodegas situadas junto al Atlántico, donde se lleva a cabo la fermentación y envejecimiento.

Las hileras de vides, perfectamente alineadas, siguen el sistema de cultivo en espaldera, el más común en estos terrenos. Aunque requiere una mayor cantidad de agua, este método resulta más productivo ya que, al facilitar la exposición solar de las uvas, permite un mayor número de cepas por hectárea y posibilita la mecanización de muchas labores agrícolas.

Desde nuestro punto de vista, justo por encima del río Águeda, el contraste es evidente. Al otro lado, las fértiles laderas portuguesas continúan cultivadas con esmero. Mientras en la vertiente española, por debajo, se extienden sin control las chumberas invasoras. Un contraste visual que habla por solo de las diferentes formas de relación con la tierra a ambos lados del río.

Al final del último túnel del recorrido, conocido como el Túnel del Muelle, nos reciben dos miembros de la organización. Su labor consiste en recoger las linternas y chalecos que se entregaron al inicio, además de registrar la llegada de los senderistas para asegurarse de que nadie se haya quedado atrás. El límite para finalizar la ruta son las 15:00, así que controlan cuidadosamente cada llegada.

En este punto se puede descender por unas escaleras que conducen directamente al aparcamiento. Allí mismo se encuentra un pequeño edificio que en su día, fue un puesto fronterizo de la Guardia Civil.

Sin embargo, nosotros decidimos continuar unos metros más para cruzar el Puente Internacional, una estructura que unía los tramos español y portugués de la antigua línea férrea. Este puente guarda una anécdota histórica muy especial: el día de la inauguración oficial de la línea, el 8 de diciembre de 1887, dos trenes —uno procedente de España y otro de Portugal— se encontraron en su centro en un gesto que pasó a la historia como el «beso de las dos locomotoras».

En mitad del puente se sitúa la frontera virtual entre España y Portugal

Desde el Puente Internacional se divisan claramente el Centro de Recepción de Visitantes de Vega de Terrón y el embarcadero que lleva el mismo nombre. Este último destaca por ser el único puerto fluvial de Castilla y León, algo que nos sorprendió enormemente al ver, inesperadamente, un crucero atracado en este rincón del Duero.

Estos cruceros fluviales, que conectan Oporto con Vega de Terrón, operan entre los meses de abril y octubre, aprovechando las mejores condiciones meteorológicas y evitando los periodos de cierre de presas por mantenimiento. Durante dos días de navegación, los pasajeros disfrutan de un recorrido tranquilo por uno de los paisajes más bellos de la península con viñedos en terrazas sobre el río, colinas llenas de olivos y aldeas olvidadas. El itinerario suele incluir también paradas en bodegas tradicionales donde se elabora el famoso vino de Oporto.

El trayecto no está exento de momentos espectaculares, ya que el barco atraviesa varias esclusas de gran envergadura, como las de Crestuma-Lever (14 metros), Carrapatelo (35 m), Bagaúste (27 m), Valeira (33 m) y Pocinho (22 m).

Video de la ruta del Camino de Hierro

Un corto video de nuestra ruta del Camino de Hierro

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