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Contrastes del Himalaya: De Padum a Kargil

En nuestro último día en Ladakh, nos preparamos para recorrer la larga ruta entre Padum y Kargil. Hemos pasado los últimos días explorando el remoto valle de Zanskar, en pleno Himalaya. Aún seguimos en una nube tras haber vivido experiencias increíbles en un lugar tan mágico y espiritual. Nos esperan 240 kilómetros por carreteras sinuosas, llenas de curvas y pasos de montaña. Muchos tramos están en obras, pero otros cuentan con un excelente asfalto. Para cubrir esa distancia, invertimos algo más de nueve horas, incluyendo las paradas obligatorias para disfrutar de las infusiones matutinas y un delicioso almuerzo.

Obras en el principo de nuestra ruta

Pensábamos que sería una etapa de transición en nuestro viaje por el norte de la India, pero nos sorprendió la belleza de esta ruta paisajística. A lo largo del camino, pudimos maravillarnos con glaciares y montañas colosales, entre las cuales se encuentra el pico Nun, el más alto de la cordillera del Himalaya, en la región de Jammu y Cachemira.

El cambio más radical que encontraremos al llegar a Kargil y sus alrededores es en la población. En todo Ladakh predomina el budismo, aunque ya en Padum empezamos a notar que casi la mitad de los habitantes son musulmanes. Sin embargo, en Kargil prácticamente el 100% de la población es musulmana chií. La diferencia es tan impactante que el viajero puede llegar a sentir que ha pasado por dos países completamente distintos. Al observar las calles y a la gente de Kargil, fácilmente podríamos pensar que nos encontramos en algún pueblo montañoso del vecino Pakistán.

Desde Padum al puerto de Penzi La

El inicio de nuestra ruta no es el más agradable, la carretera está en mal estado y nos topamos con numerosas obras a lo largo del camino. En la primera parte circulamos por un vasta llanura un tanto árida. La ruta resulta ser un tanto monótona aunque cruzamos varios pequeños pueblos que nos permiten observar el día a día de los locales. Sin embargo, más adelante avanzamos kilómetros sin atravesar ninguna localidad, sumergiéndonos en una soledad casi absoluta.

La carretera cobra vida mientras el paisaje se vuelve cada vez más impresionante. Nos acercamos a las montañas, y la vista nos recuerda a nuestro viaje a Mongolia, con sus majestuosas montañas y extensas praderas bajo un cielo deslumbrante, con nubes que parecen pintadas en el cielo.

Desde Padum, hemos circulado en paralelo al río Stod, que en esta localidad se une con el río Tsarap para dar lugar al mítico río Zanskar. El río Stod tiene su origen en el cercano glaciar Drang-Drung, uno de los más grandes e impresionantes de la región

Durante nuestra ruta haremos varias paradas, no solo para descansar, sino también para admirar mejor el impresionante paisaje que nos rodea. En la siguiente parada que realizamos, ya podemos divisar las altas montañas cubiertas de nieve y la parte superior del glaciar.

Comenzamos el ascenso al puerto de montaña de Penzi La y a nuestra derecha empezamos a ver la lengua del glaciar Drang-Drung. A medida que ascendemos, la lengua del glaciar se extiende cada vez más ante nuestros ojos, y la emoción crece con cada kilómetro. Finalmente, nos detenemos en el mirador del glaciar Drang-Drung, y es en ese instante cuando experimentamos uno de los momentos más mágicos de todo nuestro viaje por el norte de la India. El majestuoso espectáculo visual que se despliega a nuestros pies nos deja maravillados.

No es solo la vista lo que nos impacta; también sentimos principalmente en nuestro rostro el aire fresco que emana del glaciar. Este fuerte aire puro hace que las banderas de oración tibetanas ondeen con fuerza, llevando los mensajes escritos en ellas a los cielos, sumando una sensación espiritual a la belleza natural del lugar.

Con la emoción a flor de piel, nos subimos al coche para continuar el ascenso hacia la cima del puerto de Penzi La. Nos quedan menos de 6 kilómetros para alcanzar los 4.494 metros de altura, el punto más alto de la zona al que se puede acceder por carretera. Este puerto, hasta hace pocos años, solo era transitable durante los tres meses de verano. Sin embargo, gracias a las obras en curso, ahora es posible cruzarlo desde mayo hasta octubre.

Al otro lado del puerto de Penzi La se extiende el valle de Suru, atravesado por el río Suru, uno de los afluentes del río Indo. A partir de aquí, nuestra ruta hacia Kargil sigue el curso del río, brindándonos una nueva perspectiva de este impresionante valle.

En la parte alta de Penzi La y a pies de las montañas encontramos los lagos Stat Tso y Lam Tso 

Una marmota nos observa con curiosidad; no está acostumbrada a ver gente en esta zona, pero no se asusta. Se queda un buen rato mirándonos, disfrutando de nuestra presencia. A diferencia de las que solemos ver en los Pirineos que salen corriendo al detectar a un ser humano, esta marmota se muestra tranquila y confiada.

Una panorámica desde la cima de Penzi La, desliza el ratón a cada lado para verla completa

Desde Penzi La a Kargil por el valle de Suru

Después de pasar un buen rato caminando y disfrutando del paisaje en lo alto de Penzi La, retomamos la marcha hacia Kargil, aún nos quedan 140 km por recorrer. Todo el resto del trayecto será en descenso hasta llegar a Kargil, situada a 2.740 metros de altitud.

Tras dejar atrás el imponente glaciar Drang-Drung, la cadena montañosa continúa acompañándonos, con sus picos nevados y glaciares permanentes que dominan el horizonte, creando un escenario tan sobrecogedor como hermoso.

Al acercarnos a Rangdum, el valle se ensancha y forma una amplia llanura. En este punto, el río Suru se ve obligado a serpentear para encontrar su camino descendente. En esta zona el río fluye con calma antes de retomar su curso hacia las tierras más bajas, donde el caudal es asombroso.

Al final de la llanura, en lo alto de una colina, se alza el monasterio de Rangdum, una imponente construcción que domina el paisaje. Poco más adelante encontramos la localidad de Zuldok, la primera del valle de Suru, después de haber recorrido muchísimos kilómetros sin cruzar ningún pueblo. La vista del monasterio y la proximidad de Zuldok nos hacen sentir que estamos entrando de nuevo en contacto con la civilización, tras horas de soledad en medio de un paisaje majestuoso.

Como mencionamos anteriormente, es sorprendente encontrarse con tramos de carretera perfectamente asfaltada, y luego kilómetros más adelante, tener que circular por caminos de tierra.

Pronto tendremos otra parada interesante, desde donde podremos disfrutar de las vistas del glaciar Parkachik. Como muchos glaciares en el mundo, el de Parkachik está en retroceso; su lengua helada solía llegar directamente hasta el río Suru, pero hoy en día la zona congelada se encuentra bastante alejada del cauce. El glaciar se origina en las afiladas cimas de los picos Nun (7.135 m) y Kun (7.077 m), cuyas imponentes alturas contribuyen a la formación del mismo.

Detalle más cercano del glaciar

Después de descender muchos metros en altitud llegamos al valle, donde la tierra se vuelve más fértil y el paisaje cambia notablemente. Aquí comenzamos a encontrar pueblos y construcciones dispersas, rodeadas de campos cultivados. La vegetación es más abundante, y el contraste con las zonas más áridas que hemos dejado atrás es evidente, aportando una sensación de vida y actividad en medio del valle.

Desde el valle, el pico Nun se alza de manera imponente, dominando el horizonte con su majestuosidad. Su silueta nevada resalta sobre el paisaje, haciéndonos sentir pequeños ante su grandeza.

Tuvimos que cruzar varios ríos con un caudal considerable, resultado del deshielo de los glaciares. Algunos coches experimentaron ciertos problemas al intentar atravesarlos, pero nuestros hábiles conductores, con sus vehículos de tracción trasera, no tuvieron el menor percance al cruzarlos. Su destreza al volante nos permitió sortear sin dificultades estos tramos desafiantes del camino,.

Al pasar por los primeros pueblos del valle, vemos a muchas mujeres trabajando arduamente en la recolección de hierba.

Es la hora de la salida de los colegios, y observamos cómo los niños abandonan las aulas, perfectamente uniformados. Nuestra presencia no pasa desapercibida; los pequeños nos saludan con sonrisas y gestos amigables a medida que pasamos.

Así, poco a poco, llegamos a Kargil. Esta parte del trayecto la haremos más lentamente, ya que debemos cruzar varias localidades donde la velocidad se reduce considerablemente.

Kargil, contacto con la India chii

Llegamos a Kargil, el lugar donde nos alojaremos esta última noche en Ladakh. El paisaje ha cambiado notablemente; Kargil es una ciudad muy grande en comparación con lo que hemos experimentado en los últimos días. Lo primero que destaca a la entrada de Kargil es la cantidad de casas modernas que se extienden a orillas del río Suru. Sin embargo, a medida que nos acercamos al centro, notamos que estas casas no son tan modernas.

El caudal del río Suru en Kargil es muy grande, evidenciando que ha recogido toda el agua proveniente de los glaciares. Es sorprendente observar la transformación del río que en las llanuras de Rangdum era más sereno, mientras que aquí en Kargil, se presenta con una fuerza y un vigor impresionantes.

En 1999, India y Pakistán entraron en guerra en un conflicto conocido como la Guerra de Kargil. Las fuerzas pakistaníes y milicianos infiltraron posiciones estratégicas en las montañas de Kargil con el objetivo de cortar la línea de suministro india. India respondió con una operación militar para recuperar el control, llevando a cabo bombardeos aéreos y combates terrestres en un terreno difícil. Durante la guerra, ambos lados sufrieron pérdidas significativas, con alrededor de 500 soldados indios y entre 300 y 500 pakistaníes muertos.

El conflicto concluyó en julio de 1999 con la victoria de India, que logró recuperar la mayoría de las posiciones estratégicas ocupadas. La guerra intensificó las tensiones históricas entre ambos países y tuvo un impacto duradero en sus relaciones, aumentando la militarización y la rivalidad en la región.

Tras un rápido check-in y asearnos un poco, salimos a las calles de Kargil. Enseguida nos dimos cuenta de que estábamos en un mundo completamente diferente al que habíamos experimentado últimamente. El ambiente budista y relajado da paso al bullicio de las calles, con comercios abiertos y gente conversando animadamente. La población aquí es musulmana chií, y las calles están decoradas con numerosas pancartas negras con textos en urdu y carteles que hacen referencia a los ayatolás iraníes, así como otros que alientan el boicot a los productos israelíes.

Utilizando el traductor de Lens, hemos podido traducir del urdu algunas proclamaciones de las pancartas, como:

  • Esta nación nunca obtendrá un bienestar real
  • Sigue esperando la aparición de tu Imam cada mañana y cada noche.
  • El poder ha abolido los dones, cada hombre es consciente de ellos incluso en sus pies
  • Las mejores obras de mi nación son los ojos de alivio.
  • Oh Hussain del tiempo, ven ahora, uno estará terminado – esperando a Fátima Zahra (Shia Multimed)

En medio de la calle principal, entramos en un lugar de culto musulmán que habitualmente acoge a muchísimos fieles.

Kargil no es un lugar especialmente atractivo y tampoco resulta muy cómodo para caminar. La calle principal, que a su vez es la carretera que conecta Leh con Srinagar, está llena de tiendas y bullicio, sin aceras, lo que complica el tránsito a pie.

Abandonamos la caótica calle principal y nos dirigimos hacia la zona del río y el mercado, donde ya podemos caminar con más tranquilidad e interactuar con la gente del lugar. En la calle principal, no nos sentíamos a gusto; la sensación de ser observados era constante y los locales no parecían tener muchas ganas de acogernos. Éramos los únicos extranjeros en el centro de Kargil, un lugar de paso en la conexión entre Ladakh y Cachemira, donde muchos viajeros ni siquiera se aventuran a ir más allá de los alrededores de su hotel.
La arquitectura junto al río cambia notablemente; se pueden ver varias mezquitas y construcciones más agradables a la vista, aunque muchas casas están semi derruidas.

El cambio al cruzar el río fue radical: todo era más tranquilo y menos oscuro, sin las pancartas y proclamas antisemitas que inundaban la otra orilla. Aquí, el ambiente era más acogedor, con familias enteras que nos sonreían al pasar. A diferencia de las miradas hostiles de la calle principal, en este lado nos sentimos mucho más cómodos. Parece que los turistas son menos comunes, y los locales mostraban curiosidad por los visitantes, lo que nos llevó a mantener algunas conversaciones sencillas y amables.

La tarde avanzaba y nos acercamos al mercado local repleto de puestos de comida callejera, frutas y verduras. En las calles adyacentes, encontramos varias carnicerías alineadas una tras otra, donde los simpáticos carniceros nos saludaban mientras intentaban espantar las multitudes de moscas que rondaban la carne colgada en los mostradores. Después de ver aquello, no hubo dudas: esa noche, no cenaríamos carne.

De camino al hotel, nos encontramos con tres niños que volvían de su clase de judo. Comenzamos a charlar con ellos y les hicimos unas preguntas que grabamos con nuestra cámara DJI Pocket. Al despedirnos, regresaron corriendo y nos preguntaron:

— Which channel?
— ¿Qué canal? Ah, ¿en qué cadena vamos a publicar la entrevista? In the Basque Telebista in Spain. You know where Spain is?
— No.
— You know where is Europe?
— Yes.

Nos reímos y les dijimos que la mejor manera de verlo sería en Instagram. La niña sonrió, ya que ella sí tenía Instagram, pero lamentablemente, nadie tenía un bolígrafo en ese momento. Les repetimos varias veces: *PA-SA-POR-TE-A-WON-DER-LAND*, sabiendo que, probablemente, nunca volveríamos a saber de ellos.

Oscureció rápidamente, y ya de noche regresamos al hotel para cenar. Previamente, nos habían ofrecido la posibilidad de tomar cerveza con la cena. En Kargil, como en muchos otros lugares de la región, no es fácil conseguir alcohol, y el precio por una lata de 500 ml era de 5,5€. Pedimos un par de ellas para compartir con nuestros amigos gasteiztarras. Lo curioso fue cómo nos sirvieron las cervezas: el camarero nos las entregó como si estuviera traficando con algo prohibido (tenemos una anécdota similar en Leh, que ya contaremos). Después de entregarle el dinero discretamente, el camarero me miró fijamente, como esperando algo más. Al cabo de unos segundos, comenzó a balancear la cabeza rápidamente de un lado a otro. Ya sabía lo que quería: una propina. Sin embargo, decidimos no dársela, ya que el precio de las cervezas había sido bastante elevado, y claramente, ya incluía alguna comisión.

A la mañana siguiente, madrugamos nuevamente para cruzar a Cachemira y dirigirnos hacia la bucólica Srinagar.

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