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Tsagaan Suvarga, la estupa blanca del desierto del Gobi

Continuamos nuestro viaje a través del árido desierto del Gobi en Mongolia. Tras dejar atrás a la vieja furgoneta rusa UAZ, en nuestro flamante vehículo vamos a volar por las pistas deserticas del Gobi. La travesía nos ha llevado a descubrir asombrosas maravillas naturales, las formaciones erosionadas de Tsagaan Suvarga, que con sus caprichosas formas y colores, se alzan como testimonio de la antigüedad geológica de esta región. Sin embargo, la verdadera magia de nuestro viaje surgió al encontrar sorprendentes petroglifos que datan de la época de bronce en la majestuosa montaña Del Uul. Este tesoro arqueológico nos transporta a una era donde la expresión artística y la conexión con la naturaleza se entrelazaban de manera única.

Nuevo rumbo por el desierto del Gobi

En el reportaje anterior, en el cañón de Yolim An, mencionamos que habíamos solicitado a la agencia la sustitución de una de las furgonetas UAZ. La decisión de la agencia fue cambiar todas las furgonetas, para ello debíamos desplazarnos a la cercana Dalanzadgad, donde nos proporcionarían vehículos 4×4 más modernos. Debimos aguardar a que los conductores de los 4×4 completaran sus viajes con unos clientes coreanos. Tuvimos la fortuna de estar en Dalanzadgad, ya que esta localidad recibe numerosos vuelos con turistas coreanos interesados en explorar el desierto del Gobi, y la oferta de vehículos 4×4 es amplia en esta zona. En cualquier otro punto del país, habría sido prácticamente imposible realizar este cambio.

Los contratiempos con las UAZ no terminan aquí; nuestra furgoneta no arranca y además sigue con el eje torcido debido al sobresalto que experimentamos en el trayecto hacia las dunas de Khongorin Els. Después de varios intentos, el conductor trata de poner en marcha el vehículo de manera convencional. Ante la dificultad, decide conectar con una cincha la vieja UAZ a la UAZ averiada para ser remolcada. Tras dar varias vueltas por el descampado, finalmente logran arrancar la furgoneta.

Nos habíamos citado en el parking del Museo Natural e Histórica de Dalanzadgad. Dado que existía la posibilidad de que los nuevos conductores llegaran tarde debido a compromisos laborales, consideramos la opción de visitar el museo mientras esperábamos. Sin embargo, quienes realmente llegamos tarde fuimos nosotros, debido a la demora ocasionada por la desafortunada resistencia de la UAZ a arrancar.

Fue una triste despedida, ya que habíamos compartido muchas horas juntos en estos días. A los conductores les aguardaban dos jornadas largas para regresar a sus hogares, puesto que eran originarios de la zona de Khovsgol, al noroeste del país. Como reza el dicho: «A rey muerto, rey puesto». Nos aguardaban unos modernos Lexus 4×4 con una excelente amortiguación y un aire acondicionado que gelificaba el ambiente. Lo mejor de todo, el vehículo era exclusivamente para nosotros dos. Ahora sí que viajábamos con todo el confort, como auténticos reyes.

Los últimos 4 días del viaje usaremos el vehículo de la imagen

Antes de iniciar nuestra ruta, los conductores necesitaban repostar los vehículos, pero no lograban ponerse de acuerdo. Visitamos cuatro gasolineras diferentes hasta que todos finalmente pudieron repostar. Con tantos contratiempos, el retraso fue considerable y temíamos no llegar a tiempo para completar la jornada. Sin embargo, rápidamente notamos que los Lexus volaban en comparación con la UAZ, especialmente cuando circulábamos por las pistas de tierra.

En la gasolinera, tuve la oportunidad de saludar y fotografiar a esta simpática pareja que viajaba en un sidecar.

Nos dirigimos hacia el noreste por la carretera que conduce a Ulan Bator, y la verdad es que la carretera es excepcional, perfectamente asfaltada. En nada se parece a lo que habíamos experimentado en días anteriores. Apenas ha pasado una hora y cuarto desde que salimos de Dalanzadgad cuando nos vemos obligados a detenernos debido a un revuelo en la carretera; el paso está cerrado. Analizando el mapa, nos damos cuenta de que hemos recorrido 120 km en ese tiempo. No podemos creer en el cambio que estamos experimentando, tanto en el vehículo como en la calidad de la carretera.

El paso está bloqueado, pero la razón resulta muy intrigante, así que decidimos bajarnos del vehículo. Cientos de camellos bactrianos cruzan la carretera principal, dirigiéndose hacia un pequeño pozo con la intención de beber agua

El grupo de camellos que se dirige al pozo para beber agua es demasiado numeroso en comparación con la escasa cantidad de agua que queda en el mismo.

En realidad, se podría decir que el pozo está prácticamente seco.

Son pocos los valientes camellos que se aventuran en el pozo para intentar absorber la escasa agua que queda. Parece que caminan sobre tierras movedizas, rápidamente retroceden y salen del pozo.

Los camellos nos miran como si dijeran: «Ey, colegas, ¿dónde podemos encontrar un pozo con agua?»

Fue divertido presenciar la llegada de los camellos, ver cómo intentaron beber agua y regresaron por el mismo camino. No nos importó detenernos en este lugar; de hecho, pensábamos que sería un día de transición en nuestro viaje por Mongolia. No teníamos grandes expectativas para el programa de visitas de hoy, pero nos aguarda una agradable sorpresa en las dos visitas que nos esperan.

Llegamos al campamento al mediodía, justo a tiempo para la comida. A pesar de todos los contratiempos, hemos llegado antes de la hora prevista si hubiéramos viajado con normalidad en las furgonetas UAZ. La diferencia es notoria; la falta de emoción al transitar por pistas y carreteras hace que nos aburramos mucho más, además, el paisaje es bastante monótono. Lo único interesante era observar los diferentes pozos con agua que se encontraban cerca de la carretera, donde veíamos a más camellos bebiendo.

Después de comer, el calor es considerable y decidimos posponer un poco la visita, lo que nos brinda un momento de relax en nuestra yurta.

Erosiones de Tsagaan Suvarga

Después de la pausa tras el almuerzo, nos dirigimos hacia Tsagaan Suvarga, del cual no teníamos información previa. A pesar de haber buscado en internet, ni siquiera Wikipedia ni la guia Lonely Planet mencionaban este sitio. Pensábamos que sería simplemente una etapa de transición entre el desierto del Gobi y la capital Ulan Bator, pero resultó ser un lugar sorprendente que nos cautivó profundamente, convirtiéndose en uno de los destinos más fascinantes de Mongolia.

De Tsagaan Suvarga, solo teníamos la información de que eran unas formaciones rocosas espectaculares de caliza blanca esculpidas por la acción de la erosión del agua y el viento, alcanzando aproximadamente unos 30 metros de altura. Y en efecto eso fue exactamente lo que nos encontramos; sin embargo, la peculiaridad de las formas rocosas y el entorno nos cautivaron por completo.

La traducción literal de Tsagaan Suvarga del mongol sería «estupa blanca», ya que cuando se observan desde la distancia, las rocas asemejan brillantes estupas blancas. No obstante, estas formaciones han experimentado enormes procesos erosivos a lo largo de millones de años. En sus orígenes, esta zona constituía parte del lecho marino, pero con el tiempo, la combinación de la acción del sol y del viento ha desgastado gradualmente el sustrato marino. Estos impresionantes peñascos verticales se extienden a lo largo de 400 metros y alcanzan alturas de hasta 39 metros, llegando en momentos puntuales hasta los 60 metros.

Tsagaan Suvarga podría compararse a los acantilados de Bayanzang, pero a diferencia de estos, es mucho menos concurrido y está menos preparado para el turismo, permitiéndote explorar libremente todo el entorno.

Tras aparcar nos dirigimos hacia los acantilados, donde encontraremos varios carteles informativos que detallan la zona. El acceso es libre y no hay restricciones para explorar a nuestro antojo. A pocos metros de los acantilados, nos topamos con un monolito.

Nada más acercarnos al borde del acantilado, quedamos completamente cautivados por el paisaje tan maravilloso que estamos disfrutando. Ha sido una sorpresa descubrir esta joya de la naturaleza.

En cierto sentido, las formaciones nos traen a la memoria a las Bardenas de Navarra. A pesar de su denominación como «estupas blancas», bajo la plena luz del sol en medio del desierto del Gobi, adquieren un hermoso tono rosado.

Después de explorar sin restricciones la zona elevada, es posible descender a la parte inferior a través de un tramo empinado. La bajada es breve; la primera parte está encajonada y se pueden utilizar las manos para facilitar el descenso. Se recomienda llevar calzado con buena suela para evitar resbalones en esta pendiente. Cuando bajamos, observamos a media docena de coreanas dignas candidatas a participar en el Juego del Calamar, haciendo el ridículo supino bajando por este camino a cero por hora. Ninguna de ellas llevaba calzado adecuado, y descendían a una velocidad ridícula con resbalones continuos que llevaron a tres de ellas a besar el suelo. Una vez superado el tramo encajonado, KxK, las adelantó y descendió corriendo sin problemas, mientras que para las coreanas aún quedaba el tramo más «complicado».

La parte de bajada se caracterizaba por la presencia de rocas con un tono rosa más intenso.

Si las vistas desde la parte alta ya nos dejaban maravillados con su espectacularidad, al observarlas desde abajo nos encontramos inmersos en un escenario que supera cualquier expectativa. Desde abajo, la pared rocosa se muestra en toda su gloria, cada detalle, cada grieta y cada color contribuyen a una especie de obra maestra visual que te deja con la boca abierta. La luz del sol le da un toque mágico, generando sombras y destellos que hacen que esta roca parezca sacada de un sueño.

Se puede caminar tranquilamente por la parte baja, no hay ningún peligro de caída

Nos convertimos en un insignificante punto en comparación con la colosal pared.

¡Nos fascinan los diversos tonos rojizos de la tierra!

En la parte baja de Tsagaan Suvarga unos conocidos modelos mongoles estaban en plena sesión fotográfica.

Mientras nos retirábamos hacia la furgoneta, nos encontramos con un lagarto presumido que posaba para nosotros, al estilo de los modelos que acabábamos de ver. Este particular reptil responde al nombre científico de Phrynocephalus versicolor, también conocido como lagarto cabeza de sapo y habita en las zonas desérticas de China y Mongolia.

Su actitud serena ante la cámara añadió un toque inesperado y encantador a nuestra experiencia en este entorno desértico.

Montamos en los nuevos Lexus y nos dirigimos hacia nuestro siguiente destino. Vamos a explorar unos petroglifos que se encuentran a 20 km en dirección opuesta, pasando por nuestro campamento. El trayecto se presenta un tanto caótico, ya que los nuevos conductores no conocen la zona y andan un poco perdidos. Utilizo la aplicación maps.me para localizar los petroglifos y al final, me toca dar indicaciones a nuestro conductor sobre la ruta correcta. Como es de esperar, no hay señales a la vista, algo común en Mongolia y resulta complicado elegir el camino adecuado entre la multitud de pistas disponibles.

Petroglifos Del Uul

En este entorno nos hallamos completamente solos, ningún turista se ha aventurado a acercarse a los petroglifos. Somos un tanto escépticos ante lo que podamos descubrir en esta apartada rezona montañosa, y comenzamos a caminar sobre el terreno rocoso en busca de los petroglifos.

En el área designada para estacionar los vehículos, que ni siquiera era un estacionamiento, encontramos un panel informativo. Nos hallábamos en medio del árido desierto rodeados de una zona rocosa compuesta por pizarra oscura con tonos negros y granates. Unas placas metálicas indicaban la ubicación precisa donde podríamos descubrir los petroglifos.

Encontramos muchos de petroglifos, unos grabados  en la roca que han sido creados mediante el desgaste de su capa superficial. Desde principios del siglo XX, diversos investigadores y arqueólogos han explorado esta zona en busca de petroglifos, realizando estudios en tres áreas diferentes del desierto del Gobi. En esta región se han identificado alrededor de 5,000 petroglifos que datan del año 3,000 a.C. Entre las representaciones, se encuentran figuras talladas de diversos animales, seres humanos y símbolos, incluyendo cabras montesas, linces, camellos, lobos y jabalíes entre otros. Los investigadores y científicos denominan a la montaña Del Uul como una galería natural de arte al aire libre.
Estos pretroglifos nos recuerdan mucho a los que vimos en Uzbekistan en la zona del desfiladero Sarmysh Say.

Nos sorprendió la gran cantidad de petroglifos que encontramos, y sobre todo, que no estaban protegidos; podían ser pisados sin problema. Es lamentable pensar que miles de años de historia pueden verse amenazados por el descuido humano.

Los petroglifos se encuntran en paisaje desolador del desierto del Gobi. En esta zona ademas de petroglifos se han encontrado 20 antiguas tumbas cuadradas de la epoca de bronce tardio.

Una cosa es que los petroglifos se pisen sin querer, pero que haya descerebrados que hagan sus gracias y realicen mamarrachos en la roca es inadmisible. En el Barranco de los Enamorados de Fuerteventura, también observamos atrocidades del mismo estilo. No tenemos remedio; el ser humano es así.

Regresamos poco antes del atardecer al campamento. Un momento ideal para tomar una fría cerveza Gobi y disfrutar del paisaje al caer la noche.

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